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domingo, 7 de junio de 2009

Inversión en valor. ¿Ha vuelto o nunca ha dejado de existir?

La mayoría de la gente tiene una memoria cortoplacista y tiende a olvidar muy rápidamente el pasado. Esto se ve a menudo en el fútbol, donde las victorias del año pasado de poco sirven si en el presente año no se consigue rallar al mismo nivel, y el entrenador es rápidamente puesto en tela de juicio para después, si la situación no mejora, ser pasado por la guillotina impasiblemente (excepto en Inglaterra, donde, por suerte, dejan que los proyectos sean a largo plazo).

En el mundo financiero esto no deja de ser más cierto aún, si cabe, pues además de la memoria selectiva, se une la envidia que generan los inversores que, año tras año, baten los rendimientos del mercado, mientras que la mayoría nadan en un oceáno de mediocridad. Numerosos estudios señalan que en un plazo de 10 años, más del 80% de los fondos se muestran incapaces de superar su índice de referencia.

Hace apenas un año, se alzaron numerosas voces criticando las grandes pérdidas que habían sufrido los fondos cuyos gestores se guían por el principio creado por Benjamin Graham y David Dodd, el Value Investing, señalando su incapacidad en los momentos de gran caída del mercado para estar fuera de éste. Muchos articulistas de periódicos de reconocido prestigio, pero sobre todo bloggers de medio pelo no dudaron en poner en tela de juicio dicha filosofía de inversión, quizá movidos por esa envidia malsana tan presente en la forma de ser española, o quizá porque vende más criticar y hacer leña del árbol caído.

No es la primera vez que este tipo de comentarios es pronunciado. De hecho, ya en 1984, Warren Buffet lo señalaba en un artículo titulado “The superinvestors of Graham-and-Doddsville”, comentando cómo muchos profesores y profesionales de la inversión discuten que puedan existir ineficiencias en los precios de las acciones ya que, según ellos, el mercado es eficiente porque sus participantes disponen de gran cantidad de información que asegura que dichos precios sean justos. La simple suerte sirve para justificar los rendimientos superiores de los inversores que año tras año baten al mercado. Yendo no tan lejos, durante la burbuja tecnológica, la prestigiosa revista “Institutional Investor” publicó una portada con el siguiente título: “Value Investing: Can it rise from the ashes?” e incluso el New York Times se preguntaba “¿Qué está matando a los gestores Value?”

Lo que muchos no se molestaron en decir, probablemente por desconocimiento, es que, lamentablemente para la inversión en valor, y ésa es una de las mayores críticas que se le hacen (con razón), cuando vienen caídas de todos los índices tan bruscas como vimos el pasado año, además en este caso motivadas por una multi-crisis de la que aún estamos intentando salir, el mercado no discrimina las buenas empresas de las malas y todo cae sin importar si estaba sobrevalorado, como era el caso de bancos, aseguradoras, inmobiliarias, por poner un ejemplo, o si su precio todavía no reflejaba el valor real que la empresa tenía.


lunes, 4 de mayo de 2009

Sangría Patrimonial.

Vivimos tiempos de empobrecimiento generalizado. El colapso del Sistema que comenzó en verano del 2007 ya está llevándose por delante la mayoría de patrimonios de la clase media-alta y alta. Y lo peor es que lo hace inútilmente, ya que no se trata de una redistribución sino de una destrucción de la riqueza, de la que ni siquiera son conscientes muchos de sus propietarios.

Como ya hemos repetido infinidad de veces, los patrimonios suelen constar de 3 tipos de activos: Financiero, inmobiliario y empresarial. Pues bien, el Tsunami del empobrecimiento que empieza a desencajar los rostros de muchos tenedores de fortunas de todos los tamaños, está teniendo también su macabro timing:
  1. La primera pata del patrimonio que ha sufrido pérdidas enormes es la financiera, ya que durante el final del 2007 y todo el 2008 las inversiones en bolsa, (con sus estructurados de todo tipo) y la mal llamada RF como las acciones preferentes y deuda perpetua, han sufrido sangrías descomunales. En este apartado cabe decir que los inversores fueron acuciados inmoralmente por vendedores e intermediarios de todo tipo. La codicia, la falta de conocimientos y de sentido común hicieron el resto.
  2. En cuanto a los inmuebles, es cierto que se han visto ya muy devaluados respecto a los precios de hace un par de años en los que nos anclamos inconscientemente. Pero según nuestro criterio, la caída fuerte en los precios aún no la hemos sufrido. La oferta latente proveniente de los grandes paquetes de inmuebles que la banca arrojará al mercado no ha hecho más que comenzar. También los multipropietarios, cuyos ingresos vía alquileres y otros se están viendo muy disminuídos, van a vomitar inmuebles a un mercado cuya demanda es y será durante muchos años puramente residual. Y cuando ese fenómeno se produzca y vaya aumentando paulatinamente, asistiremos a la verdadera caída de precios del mercado inmobiliario.
  3. Finalmente, también los beneficios empresariales han desaparecido en muchas empresas familiares y patrimonios corporativos en general. Pero el deterioro en el valor de una empresa no sólo viene dado por la caída de beneficios, sino también por las minusvalías inmobiliarias de sus instalaciones e inmovilizados en general. Además el escenario actual a menudo está obligando a las empresas a realizar adaptaciones que van más allá de la reducción de plantilla y gastos, nos referimos a cambios sustanciales en el modelo de negocio. Y muchas empresas no serán capaces de lograrlo, generando así pérdidas de valor patrimonial empresarial de casi el 100%.

El timing de la sangría patrimonial comenzó mayoritariamente por las pérdidas financieras, dejándo las caídas inmobiliarias y las minusvalías en el patrimonio empresarial para la llegada del tsunami a la costa. O sea que el colapso financiero afectó antes a las inversiones monetarias, cuando se hablaba de que algo grave sucedía con el crédito pero todavía la sociedad sólo lo sufría en los extractos bancarios de quienes poseían una cuenta de valores. En cambio está siendo el deterioro social grave el que va a coincidir en el tiempo con la pérdida masiva de valor inmobiliario y corporativo.

Obviamente si sumamos las pérdidas que vamos a ver (estamos viendo ya) en los tres tipos de patrimonio que ya hemos definido, la sangría patrimonial va a ser abrumadora y muy cruel con los esfuerzos de vidas enteras. No obstante, pocos van a ser conscientes de la gravedad de su pérdida patrimonial porque la mayoría sólo considerarán como tal la pérdida la financiera. Y esa Mentalidad Avestruz en la gestión de sus patrimonios va a impedirles tomar las medidas drásticas necesarias para evitar que el esfuerzo de toda una vida o incluso de generaciones se destruya en esta gran crisis del s.XXI. La Sangría Patrimonial no ha hecho más que empezar, y el único antídoto es el que venimos recomendando desde hace un par de años: Es tiempo de efectivo para evitar la pérdida de Valor, y además es el paso previo necesario para poder aprovechar las oportunidades que nos brindará (que nos está generando ya) la madre de todas las crisis.

P.D. Nos solidarizamos con La Bolsa desde los Pirineos contra las presiones económicas de Ibercaja a la hora de traspasar sus carteras a otros bancos. Lo peor es que estos abusos (consten en letra pequeña o no) están bendecidos por el Banco de España. Ánimo Ramón.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Otro listo a la lista.

Esta vez es el CHF el que se está devaluando frente al resto, especialmente frente al sufrido EUR. El movimiento ha sido tan violento que parece clara la decisión política. Quizá sea la represalia que toma el gobierno suizo ante la UE por haberles obligado a aligerar el secreto bancario una y otra vez; o quizá sea simplemente la mera necesidad de una economía acuciada por esta crisis brutal y que se vislumbra casi eterna.

En cualquier caso, toda una declaración de intenciones del CHF, que devalúa de facto con luz y taquígrafos. Otra cosa será lo que el mercado llegue a permitir en el futuro.

Se apunta así otro más a la lista de listos en la nueva Era de las Devaluaciones. Como ya dijimos en aquel artículo, la contraparte siempre es la misma muñeca hinchable: El Euro. Una muñeca sucia, manoseada y con un exceso de presión. A la que convendría, y mucho, desinflar convenientemente para relajar sus costuras periféricas que ya amenazan reventón.

La Libra Esterlina ha venido siendo más discreta (y sin embargo muy efectiva), pero Suiza ha movido ficha alto y claro. Las represalias políticas por parte dela UE y/o los EE.UU serán ligeras, si las hay. Pero este tipo de movimientos tan evidentes dan argumentos a quienes han intervenido sistemáticamente su divisa con criterios políticos, obviando las leyes de mercado. Nos referimos, por supuesto a China, a quien difícilmente podremos acusar con vehemencia y efectividad de algo que la mismísima Suiza está llevando a cabo. Otro más a la lista de listos, dando argumentos intervencionistas y proteccionistas a quien los necesite para justificar movimientos economico-políticos, nacionalistas y unilaterales.

¿Y el USD? ¿Seguirá ejerciendo de contraparte solidario o volverá a la lista de listos con su 1,65 $ por euro? Muchos dirían que el EUR no puede ejercer de contraparte en solitario, contra viento y marea. Alguna extremidad de la muñeca acabaría reventando en brazos de cualquiera..

jueves, 5 de marzo de 2009

Consignas bancarias.

Las consignas han cambiado. Pero siguen siendo consignas. Donde decían que había que inverir de un 30 a un 45% en bolsa, hoy algunos ya han claudicado a bofetones y anuncian que la bolsa está hoy en día en "modo casino" (¿o querrán decir cansino?). Pero me temo que ni siquiera es un esfuerzo por encontrar buenas alternativas de inversión, sino que simplemente han encontrado la manera de argumentar cómo van a sustituir esa fuente de comisiones ya extinta. Algo así como: ¿Qué es lo que se vende ahora?, ¿qué están los clientes dispuestos a comprar?, si esto y aquello ya no lo quieren ¿qué podemos ofrecerles que capte su interés y les saque del estéril IPF? (estéril para el banco, claro). Muy lejos, obviamente, del criterio de selección de inversiones en favor exclusivo de los intereses del cliente, que debería utilizar cualquier asesor que se precie como tal.

Hoy ya no es vendible su pack anti-crisis (sic) tal y como nos lo presentaron el pasado verano (y tan sólo han pasado 6 meses!). Porque casi nadie, que tenga la mayoría de patrimonio concentrado en una sóla cartera, quiere ni la mitad ni un tercio en riesgo bolsa, ni por supuesto un 15% o un 20% en inversión alternativa, después de visto lo visto en las pirámides de Bernie y otros, que al fin y al cabo nunca dejaron de ser tumbas de lujo para faraones de la inversión Braille. Por lo tanto, había que buscar estrategias vendibles que acabaran con la sequía de ingresos bancarios provocada por las trincheras de las imposiciones a plazo fijo remuneradas con extratipos superiores al 4%. La última moda es el argumento de que en la RF hay verdaderos diamantes en bruto. Y no les falta razón. Pero también los hay tanto o más en la RV, con empresas cuyo valor contable duplica su capitalización en bolsa. Y por supuesto, si hablamos de preferentes, subordinadas y perpetuas como RF, también podríamos convenir en que están en "modo casino". Y además con la dificultad añadida de la opacidad en las cotizaciones, que están haciendo el agosto de las mesas de dinero de todos los bancos con verdaderas meriendas de negros.

Por todo ello, ¿dónde vamos a encontrar el código fuente que nos descifre el amasijo de oportunidades que oportunísticamente nos "selecciona" la banca mediante sus consignas? La respuesta la debemos buscar en nosotros mismos. Y no me refiero a la capacidad de cada uno para aprender finanzas (ese expertise honesto se puede subcontratar, ya que haberlo haylo), sino a las circunstancias personales de cada patrimonio. Dependiendo de dichas circunstancias diseñaremos una estrategia patrimonial en la que cabrán o no múltiples tipologias y timings de inversión. Y todo ello sin perder dos referentes ineludibles: La correcta progresión patrimonial a largo plazo y la generación de Felicidad hacia sus propietarios.

Como ya hemos dicho otras veces, las estrategias de inversión no deberían recetarse sin tener en cuenta la situación de cada inversor: Sin saber si esos activos financieros en un banco concreto son una parte importante o ínfima de sus patrimonios, si están sobrecargados o no de inmuebles, si obtienen rentas fijas, inmobiliarias, corporativas o laborales más o menos cuantiosas, si su capacidad de ahorro es nula o abundante, si su nivel de gasto familiar es cuantioso o austero en proporción a sus activos, si realizan donaciones filantrópicas, si su situación familiar tiene que afrontar obligaciones económicas crecientes como por ejemplo atención a enfermos y/o personas mayores, si su interés se centra en el crecimiento patrimonial, en las inversiones de uno u otro tipo o en el disfrute de sus recursos, si sus objetivos vitales son abordables en sus actuales situaciones patrimoniales, si quieren legar sus bienes de una forma u otra (todo un mundo), si tienen mayor o menor aversión a la fiscalidad (otro mundo), y un larguísimo etc. No obstante, las consignas bancarias además de ser eso, consignas, sólo tienen en cuenta el peso financiero de sus clientes en la propia entidad financiera. Ignoran sistemáticamente el patrimonio inmobiliario y el empresarial, y por supuesto les importa un rábano la futura progresión de éstos, a no ser que puedan en el futuro convertirse en cash y engrosar la cuenta bancaria en la entidad para la que trabajan.

Hace unos días, el director regional de una entidad bancaria privada me comentaba que estaba muy desanimado porque acababa de visitar un "cliente de 11 kilos" (probablemente esa Familia tenía un patrimonio mucho mayor, pero eso a él no le incumbía), que sólo quería mantenerse en depósitos durante un año, ni siquiera exigía extratipos significativos. Al director regional se le veía muy desanimado, probablemente le están comiendo vivo los benchmarks de las cuentas de resultados por cliente que debe cumplir. Y si no lo consigue, la entidad quizá tome medidas drásticas que no gustarían a las sucursales que él dirige. Continuó diciéndome en un tono absolutamente abatido:

-"Me ha dicho que para estar en depósitos no necesita ningún asesor que le caliente la cabeza y me ha pedido que no le llame para proponerle más alternativas de inversión. A vosotros como family office os debe pasar lo mismo, ¿verdad?".

Le respondí, por enésima vez, y con todo el cariño y la delicadeza que fui capaz:

-"Tu trabajo y el nuestro, mi querido amigo, no son exactamente iguales..."

En cuestión de criterios y visión de la gestión patrimonial, sigue existiendo un abismo entre casi todos los asesores y los propietarios de patrimonios que, lamentablemente, en la mayoría de casos sólo se elimina cuando ambos coinciden en una misma figura. Pero claro, no suelen trabajar en banca. Y si lo hacen suelen estar en butacas y despachos inaccesibles para los clientes y/o simplemente no tienen ningún interés en el patrimonio de terceros. Sólo la esencia del Counselling Patrimonial, en sus diversas formas corporativas, puede cubrir esa ingente necesidad existente, que en los tiempos que corren se convierte en una necesidad vital.

sábado, 7 de febrero de 2009

Sálvese usted, no espere a que le salven.


Hace unos días, un lunes, estaba contemplando por la televisión como le hacían preguntas al presidente Zapatero un grupo de ciudadanos en un programa de la 1. Me llamó la atención la actitud de unas personas que le preguntaron cuanto duraría la crisis, llegaron a acorralar al presidente para que les dijera una fecha concreta, ¿un año? se atrevió a aventurar no muy convencido. Necesitaban que el presidente de su país les concretara cuanto tiempo quedaba para pasarlo mal. Todo el resto de preguntas giró sobre la crisis y que es lo que va ha hacer el gobierno para salvarnos de ella.

Recordé algo que leí en un libro que me gustó. El libro se titulaba "Viven" y cuenta el relato de los sobrevivientes a un accidente aéreo en los andes en 1972. En el libro explican algunos supervivientes que al principio se limitaron a esperar a que les vinieran a rescatar, pero que solo cuando se dieron cuenta que nadie vendría a salvarlos decidieron salvarse a sí mismos, y algunos lo consiguieron. Esta actitud es muy importante.

Para patrimonios pequeños, para personas que dependen de sus ingresos y que estos están en la cuerda floja yo les diría, no pierdan el tiempo haciendole preguntas al presidente Zapatero, no esperen que venga el gobierno a salvarlos, sí, ya se que hay un agravio comparativo bárbaro respecto a los rescates de los bancos pero no sirve de nada lamentarse. Hay que ponerse de pie en seguida y empezar a andar para salvarse.
En nuestro trabajo del día a día observo muchas y diferentes actitudes frente a esta situación que vivimos, casi podría diagnosticar, antes de leer ningún informe, la situación patrimonial de un nuevo cliente basándome exclusivamente en la conversación inicial que mantenemos en la bienvenida a nuestro despacho, los hay que se han quedado paralizados ante unos hechos nunca imaginados y son presa facil de comerciales de productos milagro y los hay que se han movido buscando, estudiando la mejor manera de que su patrimonio salga lo menos perjudicado posible. A unos hemos de ayudarles a ponerse en movimiento y a otros ya en movimiento solo hemos de indicarles el camino correcto a veces incluso desandando algo lo andado.

Me gustaría ilustrar este tipo de actitud necesaria en la vida con el ejemplo de alguien a quien admiro: Carlos Barrabés.

Carlos Barrabés es un montañés de Benasque (Huesca). Para quien haya frecuentado las montañas podrá estar de acuerdo conmigo en que un montañés no es precisamente el tipo de persona en la que uno pensaría al hablar de pioneros de los portales de internet y del comercio electrónico (y lo digo con todo el respeto del mundo) pero Carlos ha llegado a dar conferencias junto a Bill Gates y eso que al inicio Carlos y su hermano José Cristobal solo tenían una pequeña tienda de material de montaña "Allá donde se acaba la carretera.." imaginaros...."Allá donde se acaba la carretera..."...no es una zona prime donde tener un comercio ¿No?... pero fijaros... lo que hace tener esa actitud de la que hablo.

"Entrepecheu": dícese de la persona revestida de arrojo y determinación que no se rinde ni en las épocas de carestía ni ante las bofetadas que da la vida. Este adjetivo no lo encontrareis en el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), si no que se pronuncia con frecuencia en el Valle de Benasque (Huesca). Su significado lo conocen quienes aún hablan patués por esta zona de los pirineos donde rodeados de cimas de más de 3.000 metros con frío y nieve hay que ser muy "echao p'alante" para sobrevivir.

"La vida cambia en el mismo instante en que tomamos una decisión nueva" ...¿Os hemos hablado del efecto cluster...?

lunes, 24 de noviembre de 2008

Bendita sea la Mentalidad Avestruz.

De todos es sabido que las avestruces entierran su cabeza bajo tierra cuando intuyen peligro, como si de ese modo se pusieran a salvo. Evidentemente el hecho de aislar sus sentidos no les evita para nada el perjuicio de la situación real que exista a su alrrededor. Con esta "estrategia salvadora" sólo consiguen cambiar una sola realidad: La suya. Evitan así el estrés que les produciría ser conscientes del escenario real que las rodea, pero de ninguna forma consiguen mejorar su situación de peligro. Tan sólo mejora su mera e inútil subjetividad.



Del mismo modo podemos decir de nosotros mismos que ser conscientes de que nos encontramos en una situación hostil, de que un grave peligro nos acecha o de que nuestras perspectivas de futuro se han visto dramáticamente mermadas por unas circunstancias negativas; es la premisa sine qua non para poder reaccionar e intentar evitar el perjuicio en lo posible. No sólo es materialmente imposible solucionar nada si enterramos nuestra cabeza bajo tierra sino que los daños, al no poner ningún remedio, van a ser mucho más demoledores.

Aplicando estos silogismos tan obvios a las circunstancias de un inversor en un entorno hostil como el actual, obtendremos revelaciones cuando menos curiosas. Es lamentablemente habitual en estos tiempos encontrarnos con patrimonios gravemente afectados por carnicerías varias: Estructurados que cotizan al 15, 30 o 50% de su valor, carteras de RV y RF (acciones preferentes y deuda perpetua) con minusvalías latentes de más de un 50%, e inversiones diversas en derivados a la deriva.

Algunos de estos inversores con patrimonios financieros mutilados actúan con la Mentalidad Avestruz. O sea que ante las pérdidas latentes sufridas en sus carteras entierran sus cabezas sin salir de los mercados y sin poner ningún remedio a su situación. Siguen así los consejos de los mismos gestores que les han perjudicado poniendo en riesgos excesivos sus patrimonios: Ahoranoesmomento. Realizarpérdidasesunsuicidio. Venderíasenelpeormomento. Estamostocandofondo. Ahorahaymuchasoportunidades... ¡Más madera, es la guerra! En pleno avestruzamiento mental, el criterio estratégico es: "No realizo pérdidas, luego no pierdo. En cuanto la bolsa (o los estructurados o lo que sea) suba, me recupero y todo habrá sido una simple pesadilla". Y hasta que eso ocurra, la cabecita bajo tierra y con el pie del gestor sobre ella, no vaya a ser que se le ocurra levantarla, echar un vistazo al panorama y coger al toro por los cuernos, cesando así el lucro de dichos gestores y custodios. Y cuando desde su mini búnker o también llamado hoyo en el suelo, pregunte a los manipuladores de su dinero con voz de ultratumba: "¿Cómo va todo por ahí arriba?" la respuesta será: "Tranquilo, que ya casi ha pasado el peligro. Aguanta un poco más y ni se te ocurra sacar la cabeza porque así no te ve nadie".

Casi lo mismo podemos decir de los propietarios de inmuebles en pleno estallido de la burbuja, seguido de una depresión económica global: "No vendo mis inmuebles, luego valen más de lo que el mercado dice" La única diferencia respecto al razonamiento Avestruz del inversor en bolsa es que muchos propietarios de inmuebles compraron a precios inferiores a los de hoy (Si hubieran comprado los inmuebles a un precio mayor que el de mercado hoy, la frase sería idéntica a la anterior de no realizar pérdidas = no perder). Pero no por haber comprado barato hace años y no estar en pérdidas se deja de perder valor inmobiliario. Si el precio de mercado baja, nuestros inmuebles y por tanto nuestro patrimonio también lo hace, independientemente de si los vendemos o no y del criterio de valoración que utilicemos. Si además le añadimos el coste de oportunidad de que nuestros inmuebles no crezcan en plusvalías en otros mercados, escenarios y tipologías, la diferencia en nuestra evolución patrimonial en el tiempo será brutal.

Tristemente, el inversor en bolsa perjudicado y el propietario de inmuebles en ciclo bajista, suelen coincidir en la misma persona. Y si lo hacen además coincidiendo en el tiempo, entonces la Mentalidad Avestruz se convierte en doblemente devastadora de patrimonios. ¡Y esta tragicomedia se viene dando desde que las cotizaciones estaban un 50% más arriba que hoy! No es lo mismo despreciar nuestro crecimiento patrimonial durante unos meses que hacerlo durante un ciclo. Despreciar la evolución positiva y correcta de un patrimonio a lo largo de unos años, es un tiempo precioso muy difícilmente recuperable a lo largo de nuestra vida inversora. Y este desprecio se convierte en aberración cuando nos enfrentamos a una depresión global como la existente.



Como simple dato de la globalización: Las 16 millones de transacciones que se cruzaron uno de los días fatídicos del 1929, hoy se cruzan en los primeros 5 segundos de cualquier sesión de Wall Street.

Pero desde una perspectiva ligera, no debemos demonizar ni criticar a los tenedores de patrimonios con Mentalidad Avestruz, sino todo lo contrario, beatificarlos. Gracias a ellos los mercados no caen mucho más violentamente. Gracias a que sus carteras se petrifican y se mantienen fuera del mercado, las órdenes de venta no se multiplican haciendo caer los precios aún más. Y sus inmuebles tampoco pasan a engrosar las listas de ofertas gracias a que los aguantan a pesar de que cada día pierden valor, y de que los rallies alcistas pueden volver sólo después de la depresión europea, que esta vez se prevee peor que la americana. Gracias a ellos el mercado inmobiliario no caerá más allá de lo que los embargos, el paro y la propia recesión provoquen.

La Mentalidad Avestruz sostiene las caídas de los mercados bajistas en un acto filantrópico y heroico de los inversores que la practican. Sacrifican sus propios patrimonios (y el de sus inocentes herederos) en favor de que el resto de mortales puedan colocar mejor sus activos mobiliarios e inmobiliarios en el mercado, encontrando así compradores más fácilmente y perdiendo muchísimo menos. ¿Tonto el último? No, bendito el último. Gracias a estos super-hombres y super-mujeres que esconden sus cabezas bajo tierra en tiempos difíciles permitiendo así que sus patrimonios disminuyan sensiblemente y de forma continuada, el resto tienen un mayor margen de maniobra. Y también debemos agradecer la labor que realizan sus gestores (¿filantrópica también?), presionándoles firmemente para que mantengan la cabeza enterrada cuando tienen tentaciones de mirar a su alrededor y tomar decisiones para salvar sus patrimonios como hacen el resto de mortales egoístas y primitivos. Ellos no, los inversores con Mentalidad Avestruz, están hechos de otra pasta. Aguantan el tipo, aprietan los dientes y se autoconvencen de que las pérdidas de valor inmobiliario y de sus carteras (aquí sus gestores les ayudan a convencerse) van a ser pasajeras. Que todo volverá a ser igual como en un simple ciclo bajista, como los de antaño. ¿Visionarios o beatificables?
Entonces dijo Jesús a Sus discípulos: "en verdad os digo que difícilmente entra un rico en el Reino de los Cielos. Y además os digo: es más fácil a un camello pasar por el portal del ojo de la aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos”. (Mt. 19, 23-30)
Pues yo que pensaba que se refería a otra cosa... Bendita sea la Mentalidad Avestruz. Mientras tanto, resta y sigue...

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Un Seed Capital Global? Distressed Wealth Strategies.

Ante el escenario actual de crash bursátil (o inicio de crash bursátil), muchos inversores se plantean cuál es el timing adecuado para abandonar la liquidez y comenzar a comprar valor. Sin embargo, una minoría creemos que, además de estudiar el timing correcto debemos analizar con nuevos criterios dónde está el futuro valor, ya que no siempre va a coincidir ni mucho menos con el valor clásico.

La mayoría de analistas consideran que las utilities y empresas de servicios básicos como energéticas, alimenticias, etc... son el salvavidas donde agarrarse en medio de la tempestad. Efectivamente parece que pueden ser un buen refigio corporativo donde invertir, teniendo en cuenta que sus precios ya descuentan una proporción importante de pánico. Pero quizás nos estamos equivocando al buscar "valores refugio". Quizás deberíamos, por supuesto en la proporción de nuestro Balance Vital diseñada para ello, buscar el futuro valor de la nueva era que viene. Un valor que, como en todo punto de inflexión, se encuentra de un modo distinto al conocido. La pregunta del millón es dónde está el nuevo "Manual del Inversor Value", y la respuesta es que, lamentablemente, está aún por escribirse, aunque pronto se publicarán diversos borradores o también llamados palos de ciego.

Los ciclos conocidos son Historia y la globalización es uno de los principales responsables de este caos. Un caos que nos llevará a una nueva Economía donde surgirán nuevos modelos de negocio y por lo tanto de inversión, nuevos sectores, nuevos Blue Chips, nuevos Medium Caps, ingentes cantidades de nuevos Small Caps, e incluso nuevos y lamentables chicharros que conformen nuevos y burbujeantes rallies alcistas. Y todo ello en un entorno de un capitalismo refundado e inquietante.

Estamos ante una encrucijada, un dilema: ¿Buscamos valor refugio en utilities y servicios básicos; o bien nos centramos en el análisis de un gigantesco y globalizado Seed Capital, Angel Investor o como queramos llamarle? Yo apostaría por lo segundo, sobre todo para los inversores que sufren lo que en nuestro Family Office llamamos Distressed Wealth. Que necesitan una estrategia específica para sus perjudicados patrimonios, por otra parte, común a todos los nuevos Clientes en estos últimos meses. Es lo que ya conocemos como Distressed Wealth Strategy. Todo ello sin olvidar, por supuesto, una cuidadosa selección de valor tradicional, dependiendo de cómo evolucionen los mercados en un futuro próximo.

Aún a riesgo de ser repetitivos, debemos recordar a los lectores que siempre debemos ceñirnos rigurosamente a la hoja de ruta marcada por el BV elaborado específicamente para cada inversor. Un BV que, además, debe ser revisado constantemente en función de los cambios sufridos por el propio Cliente y también por el escenario global, que es cambiante como nunca. Otro gallo le cantaría a Gordon Gekko...

Seguiremos muy atentos a las nacionalizaciones bancarias para disipar o no el pseudo-pánico existente entre sus clientes. Quién iba a decir que una nacionalización bancaria globalizada y de millones de hipotecas norteamericanas podían ser la medicina para intentar calmar los ánimos del capitalismo mundial, ante la mirada atónita de una China consumista. Si el comunismo levantara la cabeza... Mientras, la olvidada Guerra Fría se rearma y el terrorismo islámico descansa.
Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre. Bajo el comunismo, es justo al contrario.

John Kenneth Galbraith (1908-2006)

domingo, 14 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (4)

Recordamos a los lectores que estamos analizando la tipología de inversores basada en el trabajo de John Burley. En los tres artículos anteriores (1, 2, 3) hemos visto las características de cada uno de los niveles, para pasar en esta cuarta y última entrega a analizar y contrastar dicha tipología desde nuestra experiencia como Family Office.

Para empezar el análisis, conviene recordar que como inversores podemos pasar por varios niveles a lo largo de nuestra vida. También es posible que actuemos de forma distinta según la situación o las recientes experiencias, lo que hará que estemos en varios niveles a la vez sin un rumbo o nivel fijo. Sin embargo, como es evidente para aquellos que tratamos de analizar la sociedad, es muy habitual para la mayoría de las personas estancarse en un mismo nivel (sobre todo inversores de niveles inferiores al 4). El lugar que cada inversor ocupará a lo largo de su vida será definido por sus hábitos, creencias, preparación, aprendizaje, humildad, disciplina, esfuerzo, imponderables y muchas cosas más.


Personalmente, me parece absolutamente revelador la forma en la que John Burley ha conseguido demostrar cómo nuestros hábitos y nuestras creencias acerca del dinero influyen en el sitio que ocupamos en la vida y el resultado que obtenemos como inversores. Es fundamental que cada uno de nosotros sea consciente de este vínculo y sepa reconocer sus debilidades y carencias para poder cambiarlas y mejorar su rendimiento como inversor.

En líneas generales, dicha tipología nos parece muy válida para describir y clasificar perfiles de inversores con los que nos podemos encontrar en nuestro día a día, aunque evidentemente nos gustaría hacer varias observaciones al respecto. Para organizar mejor estas observaciones, analicemos los tipos de inversores nivel por nivel comentando aquellos detalles que nos parecen importantes:

Niveles 0, 1 y 2: Inversores inexistentes, consumistas a crédito y ahorradores
Realmente queda muy poco que decir acerca de este tipo de personas. Creo que John Burley ha hecho un estupendo trabajo encontrando la clave de sus problemas y ayudándonos a ser conscientes sobre el impacto que tiene el consumo incontrolable o, peor aun, el consumo a crédito sobre nuestra salud financiera. Yo haría, quizás, un hincapié especial en la temeridad que supone confiar nuestra vejez al sistema de pensiones en el siglo XXI.

Nivel 3: Los inversores pasivos

A la hora de analizar a los inversores del nivel 3, nos parece importante no caer en el error de descartar cualquier idea proviniente de esta categoría. Hay que tener en cuenta que a pesar de que es recomendable y necesario al menos ser un inversor de nivel 4, los niveles inferiores también tienen algunos elementos que pueden ser aprovechables la gestión de nuestra fortuna.

Es evidente que gestionar la totalidad de un patrimonio utilizando las estrategias o las creencias de los "escépticos" o "víctimas" sería un grave error. Sin embargo sí es cierto que esa mentalidad puede utilizarse para una parte del patrimonio siempre y cuando mantengamos una proporción correcta. Por ejemplo, nos parece adecuado ser algo escépticos a la hora de diseñar las estrategias de inversión y evaluar los riesgos para la parte del Balance Vital que nos tiene que proporcionar los medios necesarios para cubrir los gastos de la familia. Ser un tanto escépticos nos permitirá ser más rigurosos a la hora de minimizar los riesgos y asegurar de esta forma el blindaje de esta parte de la fortuna.

De la misma forma, especular con una pequeña parte del patrimonio, destinado especialmente a inversiones de este tipo, aunque quizás sin saltar tanto de inversión a inversión como lo hacen los "víctimas", también puede ser una estrategia provechosa, siempre y cuando se respete y se conserve la proporción adecuada y, por supuesto, no se descuide la formación continua.

Nivel 3-A: Los "refugiados"
Por nuestra propia experiencia sabemos que hay personas, como artistas o deportistas, que no saben ni quieren aprender nada acerca del dinero y de las inversiones. Además, desviar su atención y concentración de su carrera profesional es algo que muchos profesionales de élite e incluso algunos más mediocres no se pueden permitir porque su rendimiento se vería fatalmente afectado y los relegaría a la mediocridad profesional. Una gestión patrimonial realizada por una persona de este tipo realmente puede ser desastrosa para su fortuna y para su carrera, y es evidente que confiarla a un profesional adecuado sería infinitamente más razonable. El problema, en su caso, es que hoy en día es cada vez es más difícil encontrar profesionales que cumplan con los requisitos necesarios para que se les pueda confiar la gestión del patrimonio de una familia. Desde nuestro punto de vista, los tres pilares obligatorios para cualquier profesional no son otros que la Honestidad, la Competencia y la Independencia. Haced la prueba de pasar por este simple triple filtro a los profesionales de gestión patrimonial que conocéis y veréis, si sois rigurosos, como la lista de los que superan esta criba es vergonzosamente reducida.

Nivel 3-B: Los escépticos
Ya hemos mencionado anteriormente, que ser un tanto escéptico, puede ser provechoso para diseñar las estrategias para una parte de nuestra fortuna.

Creemos, además, que los escépticos cumplen otra función positiva: recordarnos que jamás debemos perderle el respeto a una inversión. Evidentemente, no debemos permitir que el miedo se apodere de nosotros y paralice nuestras capacidades de crear o encontrar inversiones interesantes. Aún así, los escépticos a nuestro alrededor deben de servirnos de contemporizador ante la tentación de perder la humildad frente a las inversiones y, en consecuencia, acabar formando parte del grupo de los "víctimas".

Cierto escepticismo es necesario, sobre todo si el inversor en cuestión no tiene el rigor necesario para ser un inversor del nivel 4, y mucho menos para avanzar hacía el nivel 5. Esforzándose para adquirir la disciplina necesaria a la hora de gastar e invertir, con el tiempo debemos ir abandonando el escepticismo a favor de los hábitos de niveles 4 y 5. Pero si no somos capaces de hacerlo, es mejor ser un "escéptico" frente a la posibilidad de destruir un patrimonio como un falso "inversor activo". No obstante, no debemos perder la humildad ante las inversiones y los mercados aunque alcancemos los niveles más altos.

Nivel 3-C: Los víctimas
En cuanto a las víctimas, creo que hemos tratado este tema en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de este blog. Recomendamos a los lectores releer artículos como el "Inversor Resiliente" ya que desde nuestro punto de vista, una víctima o un "inversópata" es la antítesis del inversor de este tipo.

Nivel 4: Los inversores automáticos
A la hora de hablar sobre los inversores automáticos, nos parece importante destacar dos aspectos que consideramos clave:
1. En su descripción de los hábitos propios de los inversores del nivel 4, John Burley nos recuerda una vez más sobre la importancia de un plan de desarrollo para nuestro patrimonio. Ese plan llevado a la excelencia no es más que un Plan Global de la Riqueza y es una pieza indispensable entre las herramientas de la gestión patrimonial de nuestros clientes. Estamos totalmente de acuerdo con Sr Burley en que una planificación correcta de nuestras finanzas personales y un objetivo claro para nuestras inversiones son la clave para poder presagiar un buen futuro a nuestro patrimonio.

Sin embargo, el hecho de que idear y realizar un sistema así sea simple, no significa que sea fácil. Sea cual sea el sistema que elijamos para este fin, muy pocas personas tienen el rigor y la disciplina necesarios pare llevarlo a cabo. Las tentaciones que abundan en el mundo de hoy o las desgracias que ocurren a nuestro alrededor a menudo nos hacen cuestionar la conveniencia del sacrificio que sólo nos permitirá obtener resultados a largo plazo.

Esta tarea se vuelve más difícil aun para familias no acomodadas con ingresos medios o bajos. La utilización de un sistema de gestión de finanzas personales que incluye la separación de un 10% para las inversiones y otra cantidad para el ahorro significa un sacrificio constante durante muchos años. Se hace complicado no perder el horizonte y continuar haciéndolo con la idea de obtener frutos dentro de 20-30 años. Aunque, por otro lado, ¿cuántas posibilidades tiene una familia de pocos ingresos de conseguir la libertad financiera o recabar un patrimonio importante? Hay muy pocas vías para alcanzar este milagro y ésta es una de ellas a pesar de sus dificultades.


2. En sus trabajos y cursos educativos John Burley insiste en que la mayoría de la gente no debería a empezar a invertir hasta que no establezca una "base" y sanee sus finanzas personales, adoptando totalmente todos los hábitos de los inversores automáticos, sobre todo en lo que se refiere a la separación automática de un 10% de los ingresos (o "pay yourself first") y la prohibición de consumir a crédito.

Estando de acuerdo con Sr. Burley en ese punto, quizás discrepemos en otro: desde nuestro punto de vista una parte importante de los inversores automáticos jamás deberían abandonar el nivel 4:

No hay duda de que muchos inversores del nivel 4 que reunen las capacidades necesarias y tienen el rigor y la voluntad de aprender se convertirán con el tiempo en inversores activos. Sin embargo, muchos otros decidirán dar este salto a pesar de que no les gusta ni quieren aprender a ser mejores inversores, o simplemente no tienen capacidades para hacerlo.

Hemos sido testigos de numerosos casos en los que personas que se creían capaces de operar en nivel 5 sin tener realmente las habilidades necesarios para ello, se estrellaban destruyendo su patrimonio adquirido en el nivel 4 para acabar convirtiéndose en auténticos escépticos o "victimas". Por esa razón estamos convencidos que para estos "falsos 5" es infinitamente mejor continuar en el nivel 4 mientras su patrimonio aumenta de forma lenta pero segura. Debemos concienciarnos de que los "upgrades" a partir del nivel 4 son muy excepcionales y sólo abordables por una élite minoritaria. Las pirámides y las montañas terminan en punta en la cumbre: se disfruta de excelente perspectiva, pero sólo hay espacio para unos pocos.


Nivel 5: Los inversores activos
Creo que nadie se sorprenderá si afirmamos que todos los inversores que se convierten en capitalistas pasan en su desarrollo por el nivel 5. Sin embargo, gracias a nuestra actividad profesional sabemos que no todos los inversores del nivel 5 (los inversores activos) tienen la experiencia de ser inversores automáticos. Muchos de ellos nacieron en familias adineradas o tuvieron la brillantez de empezar directamente en el nivel 5 sin adquirir los hábitos del nivel 4.
Algunos de estos inversores con el tiempo formarán parte del grupo exclusivo de los capitalistas. Pero a aquellos que por alguna razón fracasen en el nivel 5, su falta de experiencia como inversores automáticos les suele jugar una mala pasada.

Muchos de ellos no cuentan con el rigor y la disciplina propia de inversores del nivel 4, y además nunca se han preocupado por la gestión de finanzas personales. Sus gastos suelen ser elevados pero no suelen ser conscientes de sus hábitos de consumo.

Por esta razón, muchos de estos inversores acaban siendo escépticos o "víctimas" en manos de su broker a pesar de todo el conocimiento que poseen. Y solo necesitan brokers o asesores de mayor nivel para ser deslumbrados. Algunos, por culpa de sus hábitos de consumo formarán parte de los inversores inexistentes o consumistas a crédito.

Nivel 6: Los capitalistas
Tal y como menciona John Burley, una de las motivaciones para los capitalistas del nivel 6 es la de dejar un legado a la sociedad. Por nuestra parte, nos enorgullece decir que para nosotros como Family Office una de nuestras mayores satisfacciones es ayudar a que los inversores del nivel 4 y 5 también puedan (si así lo desean) contribuir a la sociedad y dejar un legado, ayudándoles a vehicular y estructurar sus inquietudes filantrópicas. Hemos comprobado a través de los años que esta labor produce en la mayoría de las familias una felicidad muy superior a su propio coste, satisfaciéndoles incluso más que una inversión exitosa.

Como es obvio, nos apasiona nuestro trabajo y podríamos extendernos y entrar en muchos más detalles acerca de cada perfil de inversión, pero por el momento creo que es suficiente con esta cuarta entrega. Espero que los lectores hayan encontrado útil esta tipología y os invito a continuar el debate acerca de este tema en los comentarios.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (3)

En esta tercera parte vamos a terminar de exponer a los lectores la clasificación de inversores de la que empezamos a hablar en la parte uno y dos.

Hablaremos de los niveles 4, 5 y 6, a los que, según John Burley, cada inversor debe aspirar si quiere tener éxito en este campo.

Nivel 4: Los inversores "automáticos”

Los inversores automáticos son aquella categoría donde, sorprendentemente, podemos encontrar a la mayoría de los millonarios del mundo. Aun más sorprendente es que cualquier persona, independientemente de su nivel de ingresos, puede conseguir la independencia financiera siendo inversor del nivel 4. Sólo es cuestión de tiempo.

Los inversores del nivel 4, igual que los inversores pasivos, son conscientes de la necesidad de invertir. Lo que les diferencia de los inversores que hemos visto hasta ahora es lo siguiente:
  • participan activamente en la toma de decisiones acerca de sus inversiones y dedican parte de su tiempo para aprender a invertir mejor
  • tienen unas reglas y hábitos financieros claramente establecidos que cumplen minuciosamente
  • disponen de un plan financiero a largo plazo realizado por escrito.
Los inversores “automáticos” se alejan bastante del perfil que la mayoría de la gente se imagina. No se parecen en nada a los tiburones de inversión, astutos y despiadados que podemos encontrar en las películas. Son personas normales que viven a nuestro lado, conducen coches de clase media o se mueven en transporte público e invierten de forma simple y conservadora.

La clave de su éxito es un simple sistema de reglas que cumplen a raja tabla. Se trata de conceptos muy básicos que llevados a la práctica aseguran una buena salud financiera y un futuro prometedor a cualquier persona. Hay varios aspectos importantes mencionados por John Burley que sería interesante analizar:

Uno de los dos pilares del éxito de los inversores del 4º nivel es un sistema de gestión de finanzas personales. Es un conjunto de reglas que cumplen de forma automática independientemente de su nivel de ingresos.

Los inversores automáticos tienen un control sobre el destino de su dinero. Antes que nada separan un mínimo del 10% de los ingresos provenientes de su actividad profesional o empresarial y lo destinan a las inversiones. Destinan otro porcentaje fijo a pagar las deudas o para el ahorro, y viven con lo que queda. Aparte de esto, nunca utilizan prestamos para el consumo y viven libres de deudas.

Esta forma de vivir por debajo de sus posibilidades les permite mantener sus cuentas siempre saneadas y obtener de forma regular y constante el capital necesario para las inversiones.

El sistema que utilizan para las inversiones también es muy simple: encontrar un vehículo de inversión con el objetivo de conseguir rendimientos del 12-15% anual, aumentar el capital inicial con aportaciones periódicas del 10% de sus ingresos y reinvertir los beneficios.

Los inversores automáticos adoptan el enfoque largoplacista utilizado por inversores como Peter Lynch o Warren Buffett. Utilizan un sistema simple de invertir en valor a largo plazo. Se centran en el mismo campo durante muchos años, indiferentes a lo que opine la multitud sobre sus inversiones.

Este tipo de inversores no suelen invertir en cosas sofisticadas. Son conscientes de que el 90% de los fondos de inversión, por muy atractiva que sea su estrategia, no son capaces de batir el índice de referencia. Por lo tanto utilizan un sistema automático de inversión en fondos que repiten un índice, fondos de value investment o cualquier otro vehículo que promete rendimientos razonables y regulares a largo plazo.

No es probable que estén interesados en inversiones especulativas, pero incluso cuando lo hacen, siempre dedicarán sólo una pequeña parte de su patrimonio (<5%).>


John Burley anima a todo el mundo convertirse en inversores automáticos cuanto antes. Es más fácil empezar aprendiendo con inversiones de pequeña escala para pasar más tarde a niveles superiores que recuperar el tiempo (y el dinero) que perderemos esperando a una gran oportunidad. Al fin y al cabo, sólo se trata de adoptar un sistema de reglas básicas de gestión de finanzas personales y un plan a largo plazo para las inversiones. Si tenemos la disciplina necesaria para llevarlo a cabo, el tiempo y el interés compuesto harán el resto.


Nivel 5: El inversores activos

Sólo una pequeña parte de los inversores logran alcanzar los dos últimos niveles de esta tipología. Y, contrariamente a la opinión general, no es necesario estar en el nivel 5 o 6 para convertirse en una persona rica. Como ya hemos explicado, basta con adoptar los hábitos de los inversores del nivel 4 y mantenerse en este nivel durante muchos años.

Los inversores del nivel 5, o los inversores "activos" son personas que participan activamente en la gestión de sus inversiones. Para ellos es una actividad que realizan a tiempo parcial o completo, lo que convierte las inversiones en su "ocupación".

A este tipo de inversores también se les llama inversores sofisticados. Son mucho más rígidos a la hora de cumplir con las reglas y los principios de inversión que ellos mismos han establecido. Tienen una filosofía de inversión bien definida y la siguen de forma minuciosa. Dedican tiempo y esfuerzo en obtener una sólida formación en materias relacionadas con el dinero y las inversiones, actividad que no abandonan nunca.

Su estrategia consiste en concentrarse en un campo concreto de actuación y especializarse en las inversiones dentro de este campo. Pueden ser acciones, bienes inmuebles, capital riesgo, deuda corporativa o cualquier otro vehículo. Empiezan haciendo inversiones de pequeña envergadura, para poder aprender de sus errores, conocer mejor el mercado y ir mejorando su estrategia con la experiencia.

Los inversores activos dan una importancia primordial a aumentar de forma regular y constante su columna de activos y su flujo de efectivo. Trabajan duro para que el dinero trabaje duro para ellos, en vez de trabajar por el dinero. Utilizan oportunidades que se presentan en los mercados o crean sus propias inversiones, lo que les permite obtener rentabilidades que superan el 20% anual. Actúan a través de sociedades y buscan de forma constante optimizar el rendimiento de sus inversiones y minimizar el riesgo. Son conservadores, pero nunca hasta el punto de se un cínico, y pueden permitirse realizar inversiones arriesgadas porque disponen de capital adicional para dedicar parte de su patrimonio a inversiones de este tipo.

Su mentalidad frente a las finanzas personales es completamente distinta. En vez de invertir el dinero que queda después de gastar, gastan lo que queda después de invertir. Este cambio de mentalidad es una de las razones por las que la inmensa mayoría de ellos consiguen reunir grandes fortunas.


Nivel 6: Los capitalistas

Finalmente, en el nivel 6 encontramos a los inversores a los que John Burley denomina "capitalistas". Es el nivel más alto de la clasificación, y en realidad sólo un número contado de personas en todo el mundo consigue llegar a este nivel.

Creo que será más valioso analizar y dar nuestra opinión sobre los niveles anteriores por ser más cercanos a nuestros lectores. Sin embargo, detengámonos brevemente en este nivel 6 para resumir rápidamente las características de los inversores de este tipo.

Básicamente, un capitalista es una persona que crea dinero utilizando dinero, tiempo y el talento de los demás. Crea oportunidades de inversión y las vende en el mercado, muchas veces sin tener que utilizar su propio patrimonio para llevarlas a cabo.

Evidentemente, en su camino para llegar a la cima la mayoría de los capitalistas han tenido que pasar por los niveles 4 y 5 adoptando los hábitos y la disciplina propia de inversores automáticos e inversores activos. Han perfeccionado sus habilidades y las estrategias de inversión, lo que les ha permitido acceder a volúmenes inconcebibles para la mayoría de la población.

La motivación principal de este tipo de inversores consiste en dos objetivos: ser un buen gestor de su patrimonio y dejar un legado para la sociedad.

Para la gestión de su patrimonio utiliza los hábitos perfeccionados en los niveles anteriores para crear inversiones y venderlas al mercado. La función del dinero para un inversor capitalista no es otra que la creación de más dinero.

Gracias al volumen que adquieren sus operaciones, los capitalistas literalmente "mueven" la economía de su país. Son aquellos que crean industrias, aportando puestos de trabajo, prosperidad e innovación a la comunidad y aumentando la productividad de la economía.

Muchas veces a la hora de hablar de un capitalista la línea entre el inversor y el emprendedor o empresario se difumina. A pesar de que en la mayoría de las veces ser buen empresario no significa ser buen inversor, y ser buen inversor no significa ser buen empresario, en algunos casos la brillantez y el talento de una persona le permiten convertirse en una "estrella" de ambos campos.

Para encontrar un capitalista no obligatoriamente tenemos que buscar entre los apellidos tan famosos como Carnegie, Trump, Murdoch, Mittal, o Arnault. En cualquier país hay capitalistas locales, creadores de grandes empresas o corporaciones cuya actividad tiene gran impacto sobre la economía de la región. Aquí van algunos ejemplos: Benetton, Lowy, Areces o Lara.

La preocupación sobre el legado que dejan a la sociedad hace que los inversores capitalistas sean los principales donantes para las causas benéficas o la investigación. A pesar de las críticas que reciben ese tipo de actos por algunos miembros de la sociedad, hay que reconocer la labor social que realizan y los efectos que tiene esta ayuda sobre el desarrollo de la sociedad.


En la cuarta y última parte del artículo que publicaremos en breve, analizaremos la tipología de inversores de John Burley desde el punto de vista de nuestro Family Office. Mientras tanto invitamos a los lectores a comentar esta tipología y contestar a la pregunta formulada en la cabecera: Y tú, ¿de qué tipo eres?

jueves, 4 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (2)


En la primera parte de este artículo hablamos de los primeros 3 niveles en la clasificación de inversores utilizada por John Burley.

Hoy continuamos hablando del cuarto grupo de inversores, probablemente el más multitudinario entre los lectores de Rankia a juzgar por los comentarios y por algunas de las consultas:

Nivel 3: Los inversores pasivos

Este numeroso grupo en general está representado por personas educadas e inteligentes. Según los cálculos de John Burley, representan a dos terceras partes de la clase media en países desarrollados. Sin embargo, a pesar de su inteligencia, sus hábitos o creencias acerca del dinero les hacen financieramente analfabetos. Quizás por esa razón Kiyosaki a la hora de utilizar la clasificación de Burley irónicamente les apoda "inversores listos".

Hay que reconocer que los inversores pasivos son realmente "inversores" en el estricto sentido de la palabra. Son conscientes de la necesidad de invertir y con mayor o menor éxito dominan sus hábitos de consumo, lo que les permite obtener el capital para poder hacerlo. Normalmente lo hacen mediante aportaciones a su plan de pensiones o de jubilación. Algunos de ellos también poseen participaciones en fondos de inversión, están invertidos en bolsa o en el mercado de obligaciones (entre otras cosas).

Las tres grandes categorías dentro de este grupo son los inversores "refugiados", los "escépticos" y los inversores "víctimas":


3-A: Los inversores "refugiados"


Esta categoría la componen aquellas personas que han logrado convencerse a si mismas de que no son capaces de entender la forma en la que trabaja el dinero. Son fáciles de identificar, ya que en su vocabulario abundan frases como:

- "Es que soy muy malo/a con los números"
- "A mí nadie me ha enseñado lo que hay que hacer"
- "Nunca entenderé cómo funciona esto de las inversiones"
- "Estoy demasiado ocupado para seguir el mercado"
- "Hay demasiado papeleo"
- "Es que es demasiado complicado"
- "Prefiero dejar la toma de decisiones en manos de profesionales".

Su presunta ignorancia en materias relacionadas con el dinero les lleva a ceder la gestión de su dinero a "profesionales" y confiar que de esta forma las cosas se arreglarán solas. Esto les permite acompañar las frases anteriores con algo como:

- "Pero no pasa nada porque tengo un asesor estupendo"
- "Mi asesor de bolsa lleva mis inversiones y es un/una profesional"
- "Tengo el mejor asesor financiero de la ciudad y no necesito saber lo que está pasando"
- "El Gobierno se hará cargo de mí cuando me jubile"
- "Mi amigo Paco es un agente de seguros muy bueno y hace todo el trabajo por mí".


Evidentemente, este tipo de frases en realidad son meras excusas que sirven para justificar el hecho de haber entregado la gestión de sus finanzas y de su futuro a personas ajenas que desconocen la mayoría de las veces sus circustancias personas y familiares.

Lo que es peor, empeñados en su incapacidad de controlar o al menos entender esta gestión, los inversores "refugiados" tienen muy poca idea sobre lo que se está haciendo con su dinero y cuáles son los parámetros que se utilizan a la hora de elegir las inversiones.

Confiados en sus gestores, los inversores "refugiados" simplemente siguen el mercado como un rebaño de ovejas guiados por perros pastores. El peligro está en que los perros suelen ser lobos, y que el gurú-pastor en realidad no conoce demasiado bien el camino.


3-B: Los inversores "escépticos"

Este tipo de inversores están presentes en abundancia en cualquier rincón del territorio nacional. Todos conocemos a alguien así o incluso nosotros mismos, a veces, podemos comportarnos de esta forma.

Son aquellos cuya frase favorita es "no puede ser". Aquellos que creen que conseguir buenas rentabilidades con riesgo controlado es imposible y cuando se les demuestra lo contrario, encuentran la razón por la que no habrían podido hacer lo mismo. Aquellos que desaniman a los que tienen a su alrededor. Son ellos, los inversores escépticos.

No son mala gente. Son personas inteligentes cuyo miedo a cometer errores está demasiado arraigado en sus cabezas, a veces por culpa de la malas experiencias en el pasado, lo que afecta de forma drástica a su hábitos de inversión.

Desde su punto de vista, todas las inversiones que prometen unos rendimientos más altos que los depósitos bancarios con riesgos asumibles no están disponibles para la gente de la calle. Para conseguirlas es necesario ser un iluminado, tener suerte, ser un chanchullero o estar "bien colocado".

Cuando alguno de sus amigos inversores le habla de una operación que haya realizado con éxito, el inversor escéptico siempre encontrará un motivo por el que sería completamente imposible que él o cualquier otra persona pudiese repetirlo. Puede ser una información privilegiada obtenida gracias a un puesto inalcanzable para la gente de a pie, o un capital inicial demasiado elevado, o contactos imposibles de obtener, o ... (continuad vosotros)

Incluso cuando alguien le enseña de forma detallada qué es lo que tiene que hacer para mejorar las rentabilidades ofrecidas por los bancos, el inversor escéptico seguirá alegando que en su país o ciudad este método no funcionaría o no sería legal o que su circunstancias actuales no le permitirían hacerlo.

Lo peor de todo es que este tipo de personas también contagian sus miedos a la gente que tienen a su alrededor. Son auténticos expertos en explicarte exactamente cómo y por qué la inversión que tienes delante va a fracasar. Esto les hace muy peligrosos porque muchos de ellos hablarán con autoridad, sus argumentos podrán parecer razonables y el hecho de que algunos de ellos sean personas exitosas (en ámbitos ajenos de la inversión) puede hacer que acabes aceptando sus argumentos. Cuanto más tiempo estés a su lado, más te desanimarás y más probable será que, en vez de tener un sano respeto a las inversiones, empieces a tenerles miedo.


¿Por qué lo hacen? Simplemente porque si las personas a su alrededor acaban triunfando, esto significaría un golpe demasiado duro para su forma de pensar. Tendrían que aceptar que se estaban equivocando y reconocer la verdadera razón por la que no logran ser inversores de éxito: evidentemente, no se trata de sus circunstancias personales, sino de su miedo y de su incapacidad para hacer el esfuerzo de adquirir los conocimientos y las destrezas necesarias para tener mayor posibilidad de éxito en los mercados.

Es habitual para los inversores escépticos caer en la "parálisis del análisis": quedarse en una permanente fase de análisis de la inversión hasta que sea demasiado tarde para realizarla. Después de perderla, suelen lloriquear y culpar a sus circunstancias o predicar su fracaso, mientras sus amigos, inversores de niveles más altos, siguen realizando buenas operaciones de forma regular.

Cómo consecuencia de criticar de forma continua todas las oportunidades que les pasan por delante, al final los inversores escépticos están obligados a conformarse con inversiones de bajo riesgo y bajo rendimiento, lo que no hace más que fortalecer sus creencias, sobre todo en épocas de crísis.

John Burley recomienda estar lo más alejado posible de personas de este tipo en cuanto a las inversiones se refiere. En su opinión, la cobardía de los escépticos hace que intenten retrasar a los demás para que acaben en el mismo nivel dónde se encuentran ellos.



3-C: Los inversores "víctimas"

El tercer tipo de inversores pasivos son los inversores "víctimas". Como todos los inversores pasivos, son personas inteligentes, capaces de controlar sus hábitos de consumo y conscientes de la necesidad de invertir.

El problema principal de sus creencias y hábitos de inversión son la falta de humildad y de prudencia (que tanto sobra a los escépticos) junto con la inexistencia de una estrategia o un plan de inversión bien definido.

Estas dos carencias hacen que los inversores de este tercer grupo sufran constantemente en los mercados, lo que da origen a su nombre: "víctimas". Existen también muchos otros nombres que podríamos aplicarles, casi tantos como los vehículos de inversión que utilizan. Podemos llamarles "inversópatas", "apostadores", "especuladores fracasados", buscadores de la "Fórmula mágica" o perseguidores del Santo Grial.

La estrategia de inversión de los "víctimas" consiste en la continua búsqueda del "Secreto": una formula de éxito que les permitirá enriquecerse de forma instantánea. Desesperados por encontrarla, se pasan su vida inversora saltando de un tipo de inversión a otra, buscando constantemente nuevas y más apasionantes maneras de invertir.

Están en todo: acciones, bonos, divisas, commodities, futuros, inversiones alternativas, CFDs, hedge-funds, OPVs y cualquier otro tipo de inversión exótica conocida POR la humanidad.

Contrariamente a los ahorradores y los escépticos, a los inversores víctimas les encanta el riesgo, o al menos lo desprecian o infravaloran. Disfrutan utilizando instrumentos sofisticados como calls, puts, warrants, opciones, contratos por diferencia, etc aunque no conozcan cómo funcionan realmente y de qué manera afectan a su exposición al riesgo.

Sus constantes y repetitivos fracasos hacen que no confíen en su propio criterio. Buscan activamente y confían de manera excesiva en la opinión de los demás en cuestiones de qué, cuánto, cómo y por qué comprar y vender. Son "víctimas" fáciles para los brokers, gurús, prensa financiera y vendedores de todo tipo de inversiones.

Si les preguntas cómo les va, siempre te dirán que han ganado algo o quizás están más o menos "empatados" (pero ponen muchas esperanzas en este nuevo vehículo de inversión que acaban de comprar gracias a los consejos de su periodista financiero favorito...).

La realidad es que pierden dinero en la inmensa mayoría de los casos. Demasiadas veces y demasiado dinero. Compran caro y venden barato guiados por sus emociones. Sin embargo, no les gusta hablar de sus pérdidas. Prefieren recordar con orgullo "la pasta que sacaron con Terra en el 2000".

Por muy ilógico que parezca, a pesar de sus pésimos resultados, la incurable ansia de "invertir" hace que los "víctimas" sigan volviendo a los mercados. Anhelan encontrar en algún rincón del universo financiero esa fantástica oportunidad que les permitirá recuperarlo todo y enriquecerse de una vez y para siempre.

Como es de esperar, la falta de planificación y de estrategia combinada con los continuos saltos de una inversión a otra, les quitan la oportunidad de aprender de sus errores, descubrir y mejorar sus hábitos de inversión. Tampoco consiguen desarrollar su capacidad innata de pensar y actuar con criterio propio y de forma independiente.

Acostumbrados a seguir los criterios de los demás y entregar su dinero para las inversiones de moda, los inversores "víctimas" se convierten, quizás, en los inversores más desafortunados que existen.


En la tercera parte hablaremos de los inversores inteligentes, los del nivel 4, 5 y 6 para descubrir cuáles son los hábitos y los conocimientos que les permiten ser inversores de éxito; y finalmente en la cuarta discutiremos sobre la aplicación de esta tipología desde nuestro punto de vista como Family Office. Hasta entonces.