martes, 30 de diciembre de 2008

La Magia Potagia de Alí Babá.


Abracadabra pata de cabra...



Fairfield Sentry Fund era uno de esos fondos anzuelo a través del cual se obtenían las inyecciones de dinero procedente de incautos, especuladores, ilusos, ignorantes, analistos, asesores especializados, gestores, agentes, banqueros, fundaciones, sociedades de inversión libre, tiburones, etc... en definitiva, inversores. Por cierto, la mayoría a miles de kilómetros de Bernie.

Las plataformas de captación eran potentes y diversas, como por ejemplo el propio Fairfield Greenwich Group, con más de 14.000 millones de $ que pusieron diligentemente en manos del prestidigitador.

A partir de una base corrupta, de un ladrón de guante negro que juega a iluminado de las finanzas ante el cual medio mundo (principalmente el no norteamericano) se queda boquiabierto, los daños colaterales se multiplican. ¿Cuáles son estos daños? La respuesta es que son tan cuantiosos que es imposible imaginarlos todos. Además del daño reputacional de las prácticas hedge en general, cuyo efecto no estoy tan seguro de que sea insano, por ejemplo, sus resultados suponían falsos benchmarks con los que el sector honesto de hedges (haberlo haylo) debía competir. La consecuencia de ello, evidentemente una asunción mayor de riesgo, una actividad de trading y de comisiones frenética, o simplemente un desaparición por la ley natural darwiniana de buenos productos y gestiones invendibles ante unos benchmarks inalcanzables. Otro daño colateral evidente es el perjuicio reputacional, es decir la posibilidad de estafa en una operativa opaca y de imposible control ni comprensión por parte del inversor final, ni siquiera por parte del intermediario o vendedor de pescado.

Y qué decir de los productos estructurados o derivados de todo lo relacionado con Alí Babá Madoff. Como muestra un botón apalancado: Fairfield Sentry Ltd. USD x3. El virus titulización también se ha propagado en diversos estructurados cuyo subyacente huele a Madoff, y por ello su onda expansiva va incluso más allá de los 50.000 millones reconocidos oficialmente por Alí Babá.

Sería fácil decir ahora que un gran patrimonio no debe invertir significativamente en nada que no domine, comprenda y controle, pero reconozcamos que es muy difícil abstenerse de comer bombones cuando constantemente nos están ofreciendo una bandeja de misteriosas delicatessens aparentemente exquisitas. No obstante no deja de asombrarnos que ilustres fortunas como Koplovich y otros grandes family offices y sicavs hayan arriesgado en inversiones opacas partes más que significativas de sus fortunas. Quizás sus respectivos asesores necesitaban de la Magia Potagia de Alí Babá Madoff y sus 40 ladrones para tapar sus miserias como estrategas y gestores, y sólo así superar los benchmarks exigidos por sus propietarios. Pero no olvidemos que evitar las tentaciones aparentemente exquisitas debe formar parte del trabajo de cualquier asesor de grandes fortunas o Family Office. Por lo tanto quienes aconsejaron invertir millones y milones en hedge funds no están exentos de responsabilidad, puesto que incluso haciéndolo sólo en los que son honestos, la falta de transparencia debiera haber pesado mucho más en sus decisiones estratégicas.

Sería hasta cierto modo comprensible que un inversor medio o incluso pequeño prestase su dinero ciegamente ante trackrecords estratosféricos, por aquello de "cuánto saben algunos" y de que cabe una mayor asunción de riesgo en muchos de ellos. Pero la Magia Potagia no debería deslumbrar a quienes manejan profesionalmente patrimonios de mayor calado. Y paradójicamente esos asesores son los que más dinero prestaron a Alí Babá aunque, claro, no era el suyo.