miércoles, 2 de septiembre de 2009

Al final de lo que se trata es de ser feliz (II)

Seguimos insistiendo en que al final lo importante es ser feliz y dar felicidad a nuestros seres queridos, a nuestra familia. Y a veces la creación de riqueza no nos deja ver que dejamos parcelas desatendidas y que esa situación nos priva de vivir momentos maravillosos.

Como generalmente la propia creación de riqueza ya produce felicidad se tiende a emplear todos los recursos emocionales en ese sentido, de la misma manera que muchas veces todos los recursos económicos se emplean en la misma empresa familiar olvidándose de la diversificación e incluso de lograr mejores rendimientos.

Ya es de todos aceptado que es necesario compaginar el tiempo dedicado a la creación de riqueza y el tiempo dedicado a la familia. Pero ¿Y el tiempo dedicado a uno mismo?

Con algunos clientes se acaba intimando un poco más por, por ejemplo, al tener una afición común. No se como fue la conversación con el "Sr. García" hacia el mundo de las dos ruedas pero acabamos hablando de motos y al final me dijo: -Sherpa, un día tenemos que quedar porque me gustaría enseñarte algo que muy poca gente conoce.-

-De acuerdo.- Contesté sorprendido.

Pasada una semana encontramos un trozo de tiempo en el que el Sr. García me pasó a buscar por nuestras oficinas y me llevó a una de las suyas de las que tiene repartidas por toda la ciudad. Me llamó la atención la falta de actividad que se observaba desde el exterior. Sacó unas llaves, abrió y me invitó a entrar con una sonrisa cómplice. Entramos en un recibidor con sus butacas de espera, revistas económicas en una mesa de centro, etc. Este recibidor daba acceso a tres despachos y nos encaminamos a uno. Abrió la puerta encendió la luz y me invitó a entrar. No me encontré dentro de un despacho sino dentro de una sala enorme donde había unas seis o siete motos, una al lado de la otra reflejadas en el suelo brillante de la sala. Alguna había para restaurar pero también alguna había muy reluciente. No me lo esperaba, desde una montesa impala, a una BMW clásica, una Triumph Boneville negra, una Harley… Me quedé embobado con la Triumph, pero lo más sorprendente de todo es que el Sr. García me confesó que no las conducía nunca. Se había sacado el carnet de mayor ya que sus padres nunca le dejaron tener una moto de adolescente y había ido comprando las motos que le hubiera gustado tener o que le gustaban ahora y las había ido guardando en estas oficinas que había preparado exclusivamente para las motos y que muy poca gente conocía. Lo único que hacía de tanto en tanto era ponerlas en marcha pero no se atrevía a salir con ellas a la calle.

Al momento le propuse un domingo por la mañana hacer una excursión. Y así lo hicimos.

Un domingo soleado a las ocho de la mañana es un remanso de paz, y eso llena el corazón de felicidad. Así que en plan tranquilo nos encaminamos hacia la carretera que conducía a la población vecina donde se celebraba una concentración. El Sr. García se había cogido la Harley-Davidson y yo iba en mi Trail. Íbamos disfrutando ya un rato de este pequeño trayecto cuando vimos las primeras luces de motos que se acercaban desde atrás. Como íbamos muy tranquilos nos dispusimos a dejarlos pasar desplazándonos a la derecha, les dimos paso con el intermitente derecho y les saludamos con los dedos en “uve".

Conforme íbamos llegando cada vez había más y más motos de todo tipo y al final nos vimos metidos en una caravana entrando por unas calles que llevaban al recinto de la concentración al lado de un río. Al entrar un miembro de la organización repartía tickets para el almuerzo y el aperitivo.

En medio de esa manada de motos que rugía sus motores nos sentíamos un poco impresionados. Fuimos siguiendo la corriente de motos hasta que vimos que todo el mundo las iba dejando aparcadas una al lado de la otra formando unas hileras infinitas.


Con el ticket nos dispusimos a hacer la cola del almuerzo. Nos dieron un bocadillo de longaniza y una Coca-Cola. Con ellos en la mano nos fuimos a ver un espectáculo de trial que hacían dentro del recinto. Después se hizo un pequeño trayecto todos en grupo por carreteras de la zona y a la vuelta un pequeño aperitivo.

Cuando volvíamos para casa pude oir al Sr. García, un momento que paramos, que iba tarareando “Autopista al infierno” de AC/DC dentro del casco.



Al llegar y despedirnos el Sr. García me dio la mano y me dijo: -Gracias Sherpa, gracias.-



Yo también disfruté mucho pasando el día con él. Hablando de motos, de la Vida, dejando a un lado durante un domingo espléndido todo lo relacionado con su dinero.

3 comentarios:

MidNight dijo...

No soy motero, pero tengo un amigo que preside un HDC, y a alguna le he acompañado. Ir de "concentra" es una de las experiencias de camaradería más intensas que se pueden aún vivir. Da lo mismo que seas alguien, nadie, con o sin estudios, con o sin dinero... Lo que cuenta eres tú, tu moto, tus amigos, tu chica y tu cerveza (lo de la cocacola, no me cuadra muy bien en ese ambiente, Sherpa. Mejor una Leffe...) ;-)

Quizá por eso Harley Davidson siempre me ha parecido una buena empresa para invertir. "Moat", que dice Buffett...

Salud.

Sherpa dijo...

No eres motero pero lo has explicado muy bien.

Lo de la cerveza es cierto, hay mucha cerveza y muchos se comen el bocadillo con una lata de cerveza. En mi caso ya hace un tiempo que no bebo cerveza cuando voy en moto pero reconozco haberlo hecho mucho. Debe ser la edad pero ahora me parece muy mal beber cerveza cuando hay que conducir.

Me miraré el balance de la empresa de Milwaukee ;-)

Anónimo dijo...

En las concentraciones de H_D hay de todo, hay buena convivencia y algun salido...pero como todos hemos sido jovenes, se perdona,,,aun asi prefiero las concentraciones de petit comite, max.25 personas-R