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miércoles, 28 de enero de 2009

La Era de las Devaluaciones.

Tradicionalmente las divisas de las economías estresadas se han devaluado frente a las divisas de los países más fuertes, con menos problemas. Esa praxis monetaria ha solucionado muchas papeletas en situaciones económicas de países a punto del colapso. Ha supuesto una válvula de escape endogámica cuando la presión se ha vuelto insoportable o muy peligrosa. Era una norma no escrita para los países que no se habían portado bien, no habían hecho los deberes o simplemente no habían sido capaces de seguir el ritmo de crecimiento y rigor económico de sus vecinos, con economías más punteras y saneadas. Los ministros de Economía siempre han sabido que: Antes de irte al garete, devalúas pero sigues jugando. O sea lo que hoy se llamaría un downgrade de la economía entera de un país pero con un cierto outlook positivo.

Pero eso sucedía en un mundo antiguo, donde cada Estado tenía su propia divisa, su propia munición que detonaba al antojo de su gobierno. El resto, las verdaderas potencias, oían en la lejanía las explosiones, marcaban una muesca más en la empuñadura de sus economías, y seguían a lo suyo.

Hoy la Globalización nos ha llevado a un mundo totalmente interconectado, donde tan sólo existen dos divisas importantes ($ y €) y un par más secundarias (Yen y Libra). El resto son meras comparsas especulativas (con el permiso del CHF o del Yuan y su artificial contravalor). En este escenario moderno, además, las finanzas son vasos más comunicantes que nunca. Y lo hemos podido comprobar funestamente con la contaminación mundial de titulaciones tóxicas. La pandemia de la crisis de crédito global ha derivado hacia una trampa de liquidez que parece que sólo sabremos paliar inflacionando contra-reloj bajo una depresión aplastante.

En este punto oigo (leo) algunas voces que reclaman nostálgicamente poder depreciar la peseta, como hacíamos antaño cuando las cosas se ponían feas. El mismísimo Paul Krugman lamenta en su blog del NYT que España no pueda devaluar. Pero hacerlo en depresión no es lo mismo que en expansión económica, no es lo mismo devaluar con deuda moderada que hacerlo unilateralmente con la actual M3, en absoluto (nótese que el siguiente gráfico representa la época pre-crack, es decir hasta Junio 2006). ¿Quién iba a querer invertir en España comprando una deuda con capacidad para depreciar en un entorno sin esa capacidad? Y si esa hemorragia de financiación se produjera, España sería incapaz de financiarse en un momento crítico. De nada serviría mejorar nuestra capacidad exportadora porque nuestra economía sería ya cadáver.

Aún así algunos lloran temerariamente la versatilidad que ofrecía una divisa propia en una economía del s.XX. Pero va a ser que no, devaluar ya no sería viable, y no sólo porque el € haya sustituido la peseta o porque ahuyentaría la financiación. Sino también porque si la UE quisiera en su conjunto devaluar el €, sólo tendría sentido hacerlo contra $. Me explicaré: Para depreciar una divisa se debe hacer respecto a otras que ejercen de referencia, las divisas que lideran la economía de la zona. En la actualidad, la globalización nos impide ya seguir hablando de zonas, regiones o Estados y debemos hacerlo ya con vision de economía global. Por lo tanto, ante la intención de devaluar la moneda, debemos identificar primero a costa de quiénes la vamos a devaluar. Y aquí se nos presenta el gran problema: ¿Cuáles son las divisas de referencia mundial, la referencia contra la que devaluar? ¿Quién es el rico dominante, la locomotora del mundo hoy en día? Jamás habríamos pensado que estas preguntas nos pudieran llegar a hacer dudar, ¿verdad?

Para los que opinen que esa divisa número uno mundial, que la economía lider sigue siendo EE.UU. y su USD, les diría que probablemente no hay mejores opciones que esa, pero que llegamos demasiado tarde. La devaluación paulatina, si es que podemos llamarla así, que hemos visto en los últimos meses (años) es la del propio $, sobre todo contra € (e incluso contra Yuan como estrategia). Y aún así las cifras económicas norteamericanas siguen en barrena. La Libra también se desploma en la City mientras que el yen paga los excesos por haber sido la muñeca hinchable del carry-trade mundial, especialmente por el inversor en mercados norteamericanos.

Llegados a este punto, es obvio que tanto USD como GBP están devaluando de facto contra EUR y YEN, achicando el valor de sus divisas en la cara de la UE. Una Europa que va a la deriva económica en este escenario en el que su motor (Alemania) se ha clavado y su transmisión (Gran Bretaña) se ha roto; y también de un Japón que purga un manoseado Yen en un entorno deflacionario que conoce muy bien desde hace dos décadas, y en el que sabe moverse mejor que nosotros.

Hablar por tanto de devaluación, tal y como tradicionalmente se ha utilizado este concepto, está ya obsoleto en un mundo en el que la Economía es supranacional. Hoy quizás deberíamos definir la capacidad de las áreas económicas (que no Estados) para disminuir el valor de sus macro-divisas a su conveniencia. Y en un escenario tan crítico como el actual, estamos ante una especie de "tonto el último". Otros preferirán ver en estas caídas de USD y GBP las secuelas del empeoramiento del estado de salud de las economías norteamericana y británica, como un daño colateral. Pero en realidad es más un beneficio colateral, una devaluación encubierta, de nueva generación y soportada por EUR y YEN. Y sus efectos ya no son tan balsámicos como en la Era de las Devaluaciones, ni mucho menos. Pero sí que serán muy nocivos para los "útlimos tontos" en este escenario depresivo.

El Paciente Americano sigue con pronóstico reservado mientras los europeos seguimos en la cabecera de su cama. Y algunos españoles recuerdan con nostalgia aquellos tiempos de depreciaciones, en que ser cabeza de ratón (España/Peseta) nos permitía hacer un reset en nuestra entrañable moneda cuando el agua llegaba al cuello. Pero ahora no. Ahora estamos en la cola de un león (UE/€) que bebe en platitos de leche y lame las heridas del Paciente Americano. La Era de la Devaluación quedó atrás, hoy es el Mundo el que pierde valor en un Corralito global.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Invertir en Recesión y Depresión.

Lo primero que quiero deciros es que lamento la extensión de este artículo que podríamos haber dividido en al menos dos partes, pero creo que será más claro y conveniente si lo leemos de un tirón que tener que releer la primera parte cuando se publique la segunda. Allá va, pues, el artículo completo:

Últimamente estamos detectando a través de nuestras entrevistas con potenciales nuevos Clientes, una mentalidad difícilmente compatible con una perspectiva de recesión y depresión como la que tenemos ante nosotros. Muchas familias e inversores están convencidos de que no es momento para vender sus inmuebles en España, de aflorar sus pérdidas en renta variable o de vender por debajo de la par acciones preferentes y estructurados varios que les vendieron aquí y allá.

Esta estrategia, si se le puede llamar así, es la que se solía adoptar en periodos de corrección de mercados, donde un mercado alcista venía seguido de otro bajista en el peor de los casos. Cuando los ciclos se sucedían con una irregularidad conocida y en un entorno expansivo y de crecimiento de las economías prácticamente continuado desde la II Guerra Mundial. En aquellos ecenarios, a los inversores más pasivos y menos ágiles les bastaba con atrincherarse durante estas correcciones cíclicas y esperar tiempos mejores para recuperar el crecimiento patrimonial perdido temporalmente, promediando a largo plazo una progresión alcista de sus activos inmobiliarios y/o financieros. Sólo los que daban bandazos estratégicos inconexos en su política inversora podían sufrir pérdidas importantes en sus patrimonios a largo plazo, y a éstos los bautizamos ya en algún artículo anterior como "pierdoaquimevoyallá". Unos y otros venían enfrentandose con diverso éxito a un entorno cíclico, cambiante pero conocido.

Sin embargo el escenario actual es recesivo y creemos que estamos ante una larga depresión global. Por tanto los ciclos difícilmente pueden repetirse tal y como los veníamos adaptando a nuestros patrimonios. Como ya hemos dicho anteriormente, estamos ante un orden desconocido al que de momento sólo le podemos llamar caos. Como anécdota os contaré que un amigo de avanzada edad y multimillonario nos comentaba hace unas semanas: "Con cada crisis he disfrutado y he ganado mucho dinero. Cuando peor estaban las cosas, más y mejores negocios he hecho y más he disfrutado. Pero ésta, chico, por más vueltas que le doy... ¡no sé por dónde coño cogerla!"

En ese escenario depresivo, hoy por hoy sólo tenemos una referencia: Japón. Una economía donde los inmuebles no han dejado de bajar de precio y cuyo índice bursátil ha descendido desde casi los 40.000 puntos hasta los 8.000 durante dos décadas. Hoy las mayores empresas de ese país cotizan en bolsa a los mismos precios que 25 años atrás. Toda una vida inversora, sin duda.

La pregunta que cabría hacerse es: ¿Los occidentales vamos a sufrir una recesión tan grave como la japonesa? No, peor. Espero con todas mis fuerzas equivocarme, pero la capacidad de sacrificio y producción de la sociedad japonesa está a años luz de la de occidente, especialmente de la latina. La Eurosclerosis es endémica, y afrontar con esta y otras graves patologías productivas una Great Depression, the big one es como intentar correr una maratón con anemia. Por eso pensamos, tal y como dijimos en USA vs Europa, que el timing de la recuperación, o mejor dicho, la travesía del desierto va a ser ligeramente menos dramática para los EE.UU. que para Europa, aunque muy penosa en ambos casos.

Por lo tanto, aunque nuestro anclaje en Disneylandia no nos permita aceptar una realidad tan cruda y unas perspectivas tan prolongadamente negativas, la estrategia de mantener los inmuebles y las carteras de RV, estructurados y preferentes con graves afectaciones en sus cotizaciones puede ser la puntilla que le faltaba a nuestro patrimonio para claudicar ante el multicrack global que estamos sufriendo.

No existe bienestar social que pueda soportar el escenario actual de crisis inmobiliaria, bursátil, energética, de crédito y liquidez global. Por lo tanto, si nos centramos en el valor inmobiliario, no mal vender en la actualidad, probablemente suponga vender peor en el futuro. Desde nuestra perspectiva profesional vemos a diario como aumenta vertiginosamente el número de propietarios de inmuebles que, a pesar de no considerar el momento como apropiado para vender, no tienen más remedio que colocar sus propiedades en el mercado. Es cierto que muchos todavía no tienen esa necesidad porque sus economías son todavía holgadas. Para algunos les quedan sólo semanas, para otros meses, incluso años, pero para la inmensa mayoría de propietarios de inmuebles no es más que una fatal cuenta atrás. Los ingresos empresariales y/o laborales se revisarán a la baja en mayor o menor medida en este escenario de crisis, y las rentabilizaciones mediante alquileres que ayuden a pagar las hipotecas pendientes también se están viendo y se verán muy perjudicados con la crisis social que hoy tan sólo se inicia. El resultado será implacable en los próximos años: Millones y millones de multipropietarios se verán obligados a poner en el mercado inmuebles en venta, de forma paulatina y masiva. Y cuando la oferta aumenta, los precios sólo pueden ir en una dirección, pocas cosas son tan seguras en este mundo económico. Por tanto la recuperación de precios inmobiliarios no sólo está muy lejos sino que muy probablemente sigan perdiendo valor durante muchos años, tal y como nos evidencia nuestro único referente recesionista nipón. En este punto volvemos a recordar la frase: No malvender hoy puede obligarnos a vender peor en el futuro, ya que nuestra vida inversora no es inmortal ni el patrimonio de la mayoría de multipropietarios suficientemente gigante como para soportar en la trinchera una Gran Depresión, the big one. Pero no estamos proponiendo que los inversores se queden sin inmuebles, ya que no concebimos hoy por hoy un patrimonio equilibrado sin ellos, sino que deberíamos deslocalizar nuestras inversiones inmobiliarias hacia zonas con mejores perspectivas que las españolas o incluso las europeas, tanto las especulativas como los blindajes de patrimonio en inmuebles prime.

En cuanto al patrimonio financiero arriesgado en RV, estructurados o preferentes perjudicadas, podemos decir algo parecido, pero con la salvedad de que los mercados de variable son mucho más impredecibles. Los flujos especulatorios pueden volver a los mercados de RV mucho antes que a los inmobiliarios. Aunque sea de forma irracional, temporal y en un escenario recesivo. No obstante si volvemos a mirar hacia nuestro único referente veremos un gráfico histórico del Nikkei escalofriante, especialmente en este final de 2008.

En cuanto a las acciones preferentes compradas (y vendidas) como renta fija cuya cotización se ha visto tan perjudicada como la mismísima RV, a nuestro entender son la gran incógnita. No tenemos ningún referente anterior de una crisis crediticia de este calibre. Muchos inversores compraron estas emisiones de preferentes y perpetuas antes del estallido de la crisis de crédito casi a la par, como alternativa de inversión (o directamente confundiéndolas) a los bonos con vencimiento, por tan sólo unas décimas más de rendimiento anual. Después del mes de Agosto 2007, algunos incluso han venido especulando con las abultadas caídas de estas emisiones perpetuas, como si de una cotización de variable se tratase. Algo jamás visto, aunque no por ello necesariamente desaconsejable si se tiene bien presente que el riesgo implícito en esta práctica es de imposible calibración, dado que jamás habíamos visto semejante colapso en la financiación corporativa ni bancaria. Muchos de estos inversores, tanto los que compraron antes del estallido de la crisis crediticia casi a la par, como los que lo han venido haciendo de forma especulativa después, ni siquiera lo han hecho comprendiendo bien sus infinitas variables respecto a la letra pequeña ni las circunstancias de cada emisión (acumulables, callables, subordinadas, posición y valor ante un credit event, relación del emisor real con la entidad subyacente, etc.). Precisamente estas variables menospreciadas habitualmente en tiempos de bonanza y confundidas con un simple bono con vencimiento (además de otras variables más oscuras e imponderables), están suponiendo la radical diferencia en plena crisis de crédito entre una deuda corporativa sólida, un vehículo de inversión especulativo o un puro papel mojado. Sólo el tiempo dirá, está diciendo, cuál es cuál.

Cuando escuchamos las explicaciones que nos dan algunos potenciales clientes respecto a la inoportunidad de salir ahora de los mercados mencionados (RV, estructurados varios o deuda perpetua o acciones preferentes), nos parece oir las mismas palabras pronunciadas por sus respectivos gestores de banca. Son sus mismos discursos que repiten hasta la saciedad a todos sus clientes desde hace ya algunos meses. De 8h a 14h, de lunes a viernes, y sábados alternos. "Ahora no es momento de realizar pérdidas puesto que serían muy cuantiosas", "estamos ya tocando fondo", "ahora es momento de comprar más y mejores acciones (estructurados o emisiones) muy baratas" y otros tópicos por el estilo.

Lo curioso es que en épocas alcistas nos decían: "ahora no es momento de realizar beneficios puesto que la fiscalidad de las plusvalías sería muy costosa", "ahora es momento de comprar más y mejores acciones (estructurados o emisiones) con muy buenas expectativas" y otros tópicos por el estilo acompañados además por resultados históricos que reflejaban el símbolo del € en nuestras dilatadas pupilas.

O sea que los banqueros y asesores "gratuitos" en general, nunca nos recomiendan que salgamos del mercado. De ninguno, jamás. Obviamente salir supondría un lucro cesante para dichos asesores que no están dispuestos a sufrir. Ellos no. A lo sumo, en un arranque de ética que no debe servir de precedente podríamos oir algo parecido a: "Wait & see...BUT WAIT INSIDE!", eso sí, en un correcto, amigable y paternalista castellano, es decir: "Ni se te ocurra vender con esas minusvalías que estamos en el peor momento, trae más pasta que está todo muy barato", "Hazme caso que yo esto ya lo he vivido otras veces". Dicho por alguien con corbata que jamás soñará con poseer ni una décima parte de nuestro patrimonio, y como si no vendiendo perdiéramos menos. El caso es que cuando nos dicen lo que queremos oir, se lo ponemos muy muy fácil a los comisionistas. Pero, si no recomendaríamos a un inversor que se haya mantenido en liquidez (haberlos haylos) entrar ahora al mercado y comprar nuestros productos financieros de RV, estructurados o perpetuas, a precios actuales, ni tampoco comprar a precios de hoy nuestros inmuebles, ¿por qué c... los mantenemos nosotros en lugar de trasladar nuestro patrimonio hacia activos con igual o inferior riesgo que tengan potenciales crecimientos en los próximos años racionalmente mucho más probables? Veamos nuestras posiciones de riesgo en RV, estructurados varios y deuda perpetua o acciones preferentes perjudicadas, bajo la perspectiva de una larga depresión sin precedentes y nos daremos cuenta de que nuestro patrimonio se verá muy perjudicado si le aplicamos el "Wait & see... but wait inside" que nos recomiendan los que viven de nuestras comisiones.

Mantenerse a la expectativa hasta que vislumbremos una estrategia clara es prudente en los tiempos que corren, pero debe hacerse fuera de los mercados. Y a pesar de ser una obviedad nos sorprende ver cómo muchos de los tenedores de inmuebles o de activos financieros de riesgo mantienen sus posiciones. Pero lo peor de todo es que no sólo su patrimonio sigue correlacionado al 100% a los mercados bajistas, sino que probablemente tenga un gran coste de oportunidad al no invertir estos activos en inmuebles con mucho mejor potencial, y también en activos financieros con riesgo muy inferior que convertirían nuestros rendimientos negativos en positivos, incluso en una estrategia de "wait & see". Sólo debemos esperarnos financieramente fuera de dichos mercados y trasladar nuestros inmuebles hacia países con mejor perspectiva que España o Europa. Llevar a cabo dichas estrategias no sólo es psicológicamente complejo para una Familia, sino que también necesita un apoyo logístico y profesional para hacerlo de la mejor forma, siguiendo una hoja de ruta que debe estar diseñada a medida del Cliente. Un Family Office debe acompañar en ese camino y solucionar los problemas que vayan surgiendo a medida en que el patrimonio se va adaptando a la estrategia y las necesidades diseñadas.

Si por el contrario, pensáis que la crisis va a ser corta o pasajera como tantas anteriores, olvidad este artículo.

"El Futuro no es ya lo que solía ser."

Arthur C. Clarke (1917 - 2008)

martes, 15 de julio de 2008

El Seísmo y el Tsunami.

23 de Junio de 2007:
(...)Pero “tranquilos”, la sangre de todos no llegará al río. Nuestro sistema financiero no corre peligro de muerte mientras quede margen para una mayor miseria social. Lamentablemente así son las reglas del juego. Pero el efecto anclaje en los buenos tiempos nos ayuda a mirar hacia otro lado. Como dijo Supetramp en 1975: Crisis? What Crisis?
Hoy ya nadie puede mirara hacia otro lado. Todos sabemos, incluso los más optimistas o peor informados (¿dónde habré oido esta frase?), que estamos en crisis. O mejor dicho en Crisis, en mayúsculas. A algunos les ha costado mucho concebir una gran crisis sin crack bursátil, con el permiso del amago del 21 de Enero pasado, pero hoy en día hasta los más lentos de reflejos saben que occidente está en crisis. No obstante, parece que los peligros que algunos veían amenazando la supervivencia del Sistema Financiero se purgará a base del empobrecimiento global.

El aumento del coste energético ha popularizado, sin duda, esta sensación de crisis. Pero aún, para la mayoría, es poco más que una sensación. Los precios aumentan como consecuencia inmediata del precio del crudo, pero las consecuencias laborales de la contracción del consumo todavía son incipientes. El paro tan sólo comienza a repuntar y la sociedad apenas ha comenzado a sufrir las consecuencias del empobrecimiento del Sistema Económico. Además, viniendo de orgías consumistas y lujurias financieras nunca vistas, la caída será aún más dolorosa. El terremoto se ha producido, los sismólogos lo saben bien, pero la población, a pesar de algunas voces de alarma cada día menos incipientes, en general aguarda inconsciente la llegada del tsunami.

Muy pocos intuyen la magnitud de la tragedia, porque muy pocos corren. Es decir, las economías domésticas de guerra con apretadas drásticas de cinturón, sólo se producen en los casos en los que ya les salpica el agua. El resto oye hablar de crisis a diario pero confían en que sus vidas no van a cambiar sustancialmente. A lo sumo menos vacaciones o menos caprichos caros como cambios de coches, etc. Pero la realidad es que muchos perderán gran parte de sus ingresos y los ajustes tendrán que ser mucho más dramáticos.

Afortunadamente tenemos margen para una mayor miseria social. Que nadie se ofenda: Me refiero a que en general hasta hace un puñado de meses la clase media consumía y se endeudaba muy por encima de sus posibilidades reales. Y la media/alta también, sólo hay que ver las cifras récord de Ferraris vendidos entre la población cuyas fortunas no eran suficientes para este tipo de lujos. El hecho de habernos emborrachado de créditos al consumo, hipotecas y vuelos al caribe hasta casi el coma etílico, nos condena a una resaca fortísima y larga, muy larga. El ciclo de una profunda y compleja crisis como esta puede ser largo. A pesar de que las fuerzas políticas, empresariales e institucioneles intenten convencer a la población de que en un par de años malos purgaremos nuestros pecados, la triste realidad es otra. Probablemente (ya que no tenemos la bola de cristal que parecen tener algunos), en España los vendedores de pisos no verán mejorar sus valoraciones de mercado en los próximos 5 o incluso 10 años, ni podremos llenar nuestros depósitos a los precios del pasado año, ni volverán los bancos a facilitarnos hipotecas del 80% de la tasación (a pesar de que algunas voces oficiales lo reclaman temerariamente), ni créditos al consumo sin sólidas garantías, ni...

En Japón llevan casi 20 años sin plusvalías de ningún tipo: Sueldos, precios, valores inmobiliarios ni, por supuesto, bolsa. Ese modelo recesivo que para nosotros es economía-ficción, existe. Las tan sobadas frases oidas en España como: "El ladrillo nunca baja"; o "en RV a medio plazo siempre ganas"; o la mismísima "cada día todo está más caro", son una quimera para el japonés de la generación de los últimos 20 años. Y 20 años es casi media vida inversora, no lo olvidemos. No me cansaré de recordar que el mismísimo Dow Jones apenas subió un 10% entre 1965 y 1983 (18 años), y eso en un entorno de crecimiento y no recesivo.

Como en una maquiavélica alineación astronómica, hoy se dan diversas circunstancias fatales coincidentes en tiempo (desde aprox. 2007) y lugar (occidente): Desmoronamiento del abuso en las titulizaciones, pichazo de la burbuja inmobiliaria, endeudamiento abusivo generalizado y una crisis del petróleo que va más allá del aumento de precios (peak oil). Como habréis visto, no incluyo una crisis bursátil, aunque es evidente que muchas reservas patrimoniales de las familias estaban malblindadas en acciones (manda huevos) que hoy también se ven muy recortadas, agravando así las consecuencias de dicha acumulación coincidente de factores fatales. ¿Conjunción planetaria fruto de la mala suerte? En absoluto. No es más que fruto de nuestros excesos, abusos y nuestro malhacer. Esperemos que el final sea menos desagradable y traumático que los excesos del protagonista del siguiente memorable video de "The meaning of Life" de los Monty Python.

A pesar de todo me gustaría acabar con un cierto optimismo y quiero pensar que en el negro horizonte se abrirá una brecha de luz económica, que hoy no acierto a adivinar, y que amortiguará la caída (energía alternativa, boom tecnológico, economías emergentes...quién sabe). Aunque no estoy muy seguro de que sea sano ni prudente evitar un cierto desastre que nos permita arrancar de nuevo sobre fundamentos asépticos y capaces de aguantar nuestros futuros excesos.