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lunes, 4 de mayo de 2009

Sangría Patrimonial.

Vivimos tiempos de empobrecimiento generalizado. El colapso del Sistema que comenzó en verano del 2007 ya está llevándose por delante la mayoría de patrimonios de la clase media-alta y alta. Y lo peor es que lo hace inútilmente, ya que no se trata de una redistribución sino de una destrucción de la riqueza, de la que ni siquiera son conscientes muchos de sus propietarios.

Como ya hemos repetido infinidad de veces, los patrimonios suelen constar de 3 tipos de activos: Financiero, inmobiliario y empresarial. Pues bien, el Tsunami del empobrecimiento que empieza a desencajar los rostros de muchos tenedores de fortunas de todos los tamaños, está teniendo también su macabro timing:
  1. La primera pata del patrimonio que ha sufrido pérdidas enormes es la financiera, ya que durante el final del 2007 y todo el 2008 las inversiones en bolsa, (con sus estructurados de todo tipo) y la mal llamada RF como las acciones preferentes y deuda perpetua, han sufrido sangrías descomunales. En este apartado cabe decir que los inversores fueron acuciados inmoralmente por vendedores e intermediarios de todo tipo. La codicia, la falta de conocimientos y de sentido común hicieron el resto.
  2. En cuanto a los inmuebles, es cierto que se han visto ya muy devaluados respecto a los precios de hace un par de años en los que nos anclamos inconscientemente. Pero según nuestro criterio, la caída fuerte en los precios aún no la hemos sufrido. La oferta latente proveniente de los grandes paquetes de inmuebles que la banca arrojará al mercado no ha hecho más que comenzar. También los multipropietarios, cuyos ingresos vía alquileres y otros se están viendo muy disminuídos, van a vomitar inmuebles a un mercado cuya demanda es y será durante muchos años puramente residual. Y cuando ese fenómeno se produzca y vaya aumentando paulatinamente, asistiremos a la verdadera caída de precios del mercado inmobiliario.
  3. Finalmente, también los beneficios empresariales han desaparecido en muchas empresas familiares y patrimonios corporativos en general. Pero el deterioro en el valor de una empresa no sólo viene dado por la caída de beneficios, sino también por las minusvalías inmobiliarias de sus instalaciones e inmovilizados en general. Además el escenario actual a menudo está obligando a las empresas a realizar adaptaciones que van más allá de la reducción de plantilla y gastos, nos referimos a cambios sustanciales en el modelo de negocio. Y muchas empresas no serán capaces de lograrlo, generando así pérdidas de valor patrimonial empresarial de casi el 100%.

El timing de la sangría patrimonial comenzó mayoritariamente por las pérdidas financieras, dejándo las caídas inmobiliarias y las minusvalías en el patrimonio empresarial para la llegada del tsunami a la costa. O sea que el colapso financiero afectó antes a las inversiones monetarias, cuando se hablaba de que algo grave sucedía con el crédito pero todavía la sociedad sólo lo sufría en los extractos bancarios de quienes poseían una cuenta de valores. En cambio está siendo el deterioro social grave el que va a coincidir en el tiempo con la pérdida masiva de valor inmobiliario y corporativo.

Obviamente si sumamos las pérdidas que vamos a ver (estamos viendo ya) en los tres tipos de patrimonio que ya hemos definido, la sangría patrimonial va a ser abrumadora y muy cruel con los esfuerzos de vidas enteras. No obstante, pocos van a ser conscientes de la gravedad de su pérdida patrimonial porque la mayoría sólo considerarán como tal la pérdida la financiera. Y esa Mentalidad Avestruz en la gestión de sus patrimonios va a impedirles tomar las medidas drásticas necesarias para evitar que el esfuerzo de toda una vida o incluso de generaciones se destruya en esta gran crisis del s.XXI. La Sangría Patrimonial no ha hecho más que empezar, y el único antídoto es el que venimos recomendando desde hace un par de años: Es tiempo de efectivo para evitar la pérdida de Valor, y además es el paso previo necesario para poder aprovechar las oportunidades que nos brindará (que nos está generando ya) la madre de todas las crisis.

P.D. Nos solidarizamos con La Bolsa desde los Pirineos contra las presiones económicas de Ibercaja a la hora de traspasar sus carteras a otros bancos. Lo peor es que estos abusos (consten en letra pequeña o no) están bendecidos por el Banco de España. Ánimo Ramón.

sábado, 27 de diciembre de 2008

¿Oportunidad o trampa?

Ahora que se cree que lo peor de la crisis crediticia ya ha pasado, son muchas las voces que se han apresurado a recomendar la entrada en bolsa porque "los precios son muy bajos y las oportunidades, muchas". Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la mayoría de estas generosas voces son las mismas que hace unos meses, en pleno vendaval bajista, seguían sugiriendo unos porcentajes de renta variable entre abultados y exageradamente desmesurados. Obviamente, los incentivos que movían en aquel entonces sus recomendaciones (y ahora) son muy distintos de los objetivos y las circunstancias de la gran mayoría de patrimonios, por eso hay que ser cuando menos escéptico ante este tipo de amables recomendaciones.

Además, el hecho de que, de momento, se haya logrado contener la debacle del sistema financiero actual no debe confundirnos y hacer que dejemos de tener presente el hecho de que la depresión que se avecina va a ser larga y, para bastantes empresas, difícil de superar. De momento, en el horizonte no se vislumbra la luz, más bien todo lo contrario (escándalo Madoff, posibles nuevas olas de impagados, esta vez provenientes de inmuebles de uso comercial, etc), por lo que conviene obrar con precaución y humildad.
Esto no quiere decir que en el entorno actual no haya buenas oportunidades de comprar empresas de alta calidad a unos precios con los que hace año y medio habríamos soñado pero, ojo, no es oro todo lo que reluce. A la hora de seleccionar los valores que pueden ser interesantes es muy importante estudiarse bien el balance de la empresa, la capacidad que tiene de generar dinero, la posición competitiva que tiene en sus principales mercados, así como las ventajas competitivas que le blindan frente a sus competidores, huir de empresas con una deuda grande en comparación a sus activos, y aún así, ser excesivamente cauteloso, y aplicar una reducción al precio objetivo que nos salga, para dotar de una mayor seguridad a la inversión, y siempre considerar nuestras circunstancias personales, para finalmente decidir si dicha inversión se adecúa a nuestras necesidades y las de nuestro patrimonio.
Leo una cartera consenso sobre bolsa española, compuesta por 10 valores y elaborada por 25 analistas, en la que no me sorprende la presencia de los grandes clásicos, Telefónica, Santander, BBVA, Iberdrola, Repsol (otro día comentaré los incentivos que mueven a los analistas a recomendar siempre los mismos valores "big cap"). A esto me refiero con estar con los ojos bien abiertos y saber distinguir entre oportunidad o trampa. ¿El hecho de que el Santander haya bajado tanto supone una oportunidad? ¿Y si no mantiene el dividendo al mismo nivel? ¿Podrá Telefónica seguir su crecimiento con las malas perspectivas actuales en España y Argentina?

Como seguidor del value investment, estoy convencido de que siguen existiendo empresas infravaloradas que pasan desapercibidas para el gran público, pero eso no significa que por tener un PER ridículo o una alta rentabilidad por dividendo (proyecciones basadas en datos pasados que pueden cambiar de la noche a la mañana) una empresa ya sea candidata a engrosar nuestra cartera. Como muestra, un botón. En un escenario tan cambiante como el que estamos viviendo, la aparente oportunidad se puede transformar en trampa en apenas un trimestre. Del mismo modo que al fijarnos en las cifras de paro en España (y en otras cosas) no podemos pensar en otra situación económica futura que no sea la de depresión, al analizar una empresa hay que situarla en el contexto de la coyuntura económica y en función de la calidad de la misma y las perspectivas que tiene actualmente, decidir si es una buena inversión. Y, como últimamente decimos, probablemente las mejores oportunidades estén al otro lado del charco.

viernes, 24 de octubre de 2008

Los Amos del Universo.

Corría el año 1990, la bolsa de Tokio perdía más de la mitad de su valor y adelantaba la entrada de Japón en recesión.
En nuestro país aún no funcionaba el Ibex ni el mercado continuo.
El Dow Jones luchaba en la cota de los 3.000 puntos en medio del ambiente de la invasión de Kuwait por Irak.
Y a mis manos llegaba una novela de Tom Wolfe escrita en 1987 cuyo título original fue “The Bonfire of Vanities” traducido aquí como “La Hoguera de las Vanidades”. Ese fue el año del crash en el que un “lunes negro” de octubre el Dow caía 508 puntos, un 22,6%.

Me gustó mucho leerla y creo que estaría muy bien hoy recordar algunos fragmentos:

“…….Los Amos del Universo eran unos espeluznantes y rapaces muñecos de plástico.....
…..Tenían aspecto de dioses noruegos que fuesen al mismo tiempo levantadores de pesas, y se llamaban cosas como Dracon, Ahor, Mangelred y Blutong. Incluso dentro del campo de los juguetes de plástico, su vulgaridad era extraordinaria. Pero un día, en un arranque de euforia, después de haber descolgado el teléfono para aceptar un pedido de bonos que habían supuesto para él una comisión de 50.000 dólares, así de sencillo, aquellas palabras habían brotado en su mente. En Wall Street, él y unos pocos más, ¿cuántos?, trescientos, cuatrocientos, quinientos a lo sumo…se habían convertido precisamente en eso, en Amos del Universo. ¡Sin limitación alguna…! Naturalmente, jamás se le había ocurrido a Sherman pronunciar esta frase ante nadie. No era tonto.

(...)

…..Entonces correría el riesgo de llegar tarde al trabajo, cosa que, en Pierce & Pierce, era siempre recibido con ceños fruncidos. Nadie había dicho nada explícitamente, jamás, pero todo el mundo suponía que había que llegar temprano y empezar a ganar dinero cuanto antes…todo el mundo suponía que los empleados de Pierce & Pierce eran Amos del Universo.

(...)

Todos los días, los taxis esperaban en fila en el cruce de la calle Sesenta y nueve y la Primera Avenida para llevar a los Amos del Universo hasta Wall Street. De acuerdo con las normas, todos los taxistas tenían el deber de llevarte adondequiera que te dirigieras, pero los taxistas de la cola de ese cruce no aceptaban pasaje a no ser que fuese para ir a Wall Street o sus alrededores. Desde la parada avanzaban un par de manzanas hacia el este y luego descendían junto al East River por una gran avenida, la FDR, Frank Delano Roosvelt Drive.
Una carrera de diez dólares cada mañana, pero ¿qué era eso para un Amo del Universo? El padre de Sherman siempre había ido a Wall Street en metro, incluso cuando era el primer ejecutivo de Dunning Sponget & Leach…….


……..Pero para la nueva generación, para la generación joven, la generación de los Amos, la de Sherman, aquellos principios habían dejado de existir. ¡Aislamiento!.... La idea, con su aura de cinismo y engreimiento, le pareció muy au courant a Sherman. Si podías bajar tranquilamente a Wall Street en taxi, ¿Para qué meterte en las trincheras de las guerras urbanas? ….
(...)

Solo en fechas recientes había llegado Sherman a comprender que en 1948, cuando sus padres compraron y restauraron aquella casa, apenas si eran una pareja ligeramente aventurera que se había decidido habérselas con lo que solo era un edificio vetusto, situado en una manzana venida a menos, que habían tenido que medir los costes de la restauración, céntimo a céntimo, y que acabaran sintiéndose orgullosos por haber sido capaces de crear un hogar digno por un precio relativamente modesto. ¡Joder! ¡Si su padre llegaba algún día a averiguar cuanto había pagado Sherman por su apartamento, y como lo había financiado! ¡Seguro que sufriría un ataque al corazón! Dos millones seiscientos mil dólares, de los cuales 1.800.000 eran un préstamo que le costaba, entre devolución e intereses, 21.000 dólares al mes, a parte del millón de dólares que tendría que pagar de golpe dentro de solo dos años…….se mostraría ofendido…ofendido solo de pensar que sus interminablemente y repetidas lecciones en torno al deber, las deudas, la ostentación, y el sentido de la proporción, le habían entrado a su hijo por una oreja, para salir limpiamente por la otra…

(...)

Pierce & Pierce, la importante firma de brokers, ocupaba los pisos cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta y dos, cincuenta y tres y cincuenta y cuatro de una torre de cristal…….La sala de compraventa de bonos , que es donde trabajaba Sherman, se encontraba en el piso cincuenta….dominaba una panorámica del puerto, la estatua de la Libertad, Staten Island y las playas de Broklyn y New Jersey….

………un graduado de la promoción de 1979 de Standford estudiaba el papel que tenía en el escritorio, y sostenía al mismo tiempo el auricular de un teléfono. Su pie derecho reposaba sobre un estribo de una caja de limpiabotas, y un negro que atendía al nombre de Felix, un hombre de unos cincuenta –o quizá sesenta- años, permanecía encorvado sobre ese pie, sacándole lustre al zapato con un trapo. Felix se pasaba todo el día yendo de mesa en mesa, sacando brillo a los zapatos de los jóvenes mercaderes de bonos mientras ellos seguían trabajando, a tres dólares el par de zapatos, propina incluida. Casi nunca se cruzaban una sola palabra;….


…..Sherman se sentó ante su teléfono y sus terminales de ordenador. Le envolvían los gritos, los improperios, las muecas y ademanes, todo el jodido jaleo del miedo y la codicia, y lo disfrutó…Era el mejor vendedor de bonos, el número uno, “el principal productor” como se decía en la jerga……..
……Si un graduado no ganaba 250.000 dólares anuales al cabo de cinco años de trabajo allí solo podía ser porque se trataba de un tipo absolutamente estúpido o absolutamente perezoso…….
……A los treinta años se alcanzaba el medio millón anual, y esa era una cifra tope solo para los mediocres. Si a los cuarenta años no habías llegado al millón eras un tímido o un incompetente. ¡Ahora o nunca!

…..Los chicos de Wall Street, simples jovencillos….habían empezado a comprarse apartamentos de tres millones en Park Avenue. (¿Por qué esperar?) Y se compraban en Southampton residencias veraniegas de treinta habitaciones y ciento veinte hectáreas de terreno, edificios construidos en los años veinte y que se depreciaron en los años cincuenta, cuando la gente empezó a pensar que carecían de todo interés, edificios con alas de servicio en estado ruinoso, y a los que sus nuevos propietarios añadían nuevas alas de servicio y otras ampliaciones. (¿Por qué no? Tenían mucho servicio.) Se estaban haciendo llevar, en enormes camiones, tiovivos que instalaban en los grandes jardines verdes para la fiesta de cumpleaños de sus hijos y también otras atracciones de feria con todo el personal que las atendía (una pequeña y próspera industria).

¿Y de donde procedían todas esas ingentes cantidades de dinero nuevo?.....los Estados Unidos empezaron a imprimir miles de millones de billetes para financiar la guerra del Vietnam……se había desatado una inflación a escala mundial…..de repente, los árabes subieron los precios del petróleo a comienzos de los setenta. Repentinamente se dispararon los mercados: los del oro, la plata, el cobre, las divisas, los certificados bancarios, los pagarés empresariales, e incluso los bonos. Durante decenios, el negocio de los bonos había sido el gigante decrépito y enfermo de Wall Street….El departamento de Pierce & Pierce….formado por …..personas más bien sosas….Los Pelmazos de los Bonos…..Repentinamente Los Pelmazos de los Bonos estaban ganando tantísimo dinero que se habían acostumbrado a congregarse a la salida del trabajo, en el Harry’s Bar de Hanover Square para contarse mutuamente sus anécdotas bélicas….y sobre todo para asegurarse los unos a los otros…..del enorme talento que todos ellos tenían.
¡Amos del Universo! El estruendo llenaba el alma de Sherman….Lo que él estaba haciendo en realidad era mover la palanca que hacía girar el mundo..”

Desde la perspectiva actual, aún es más escandalosa y excesiva la manera de vivir en Wall Street que nos muestra el autor, porque aquellos excesos iniciados a mediados de los ochenta no solo se han mantenido en el tiempo, si no que se han acentuado de tal forma que nos han abocado a la situación que padecemos en estos momentos. Todos estos excesos han acabado con el capitalismo tal como lo conocemos hoy. La riqueza alejada de la productividad y próxima al mundo expeculativo nos ha acabado explotando en la cara.

Una buena idea releer esta novela.

domingo, 14 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (4)

Recordamos a los lectores que estamos analizando la tipología de inversores basada en el trabajo de John Burley. En los tres artículos anteriores (1, 2, 3) hemos visto las características de cada uno de los niveles, para pasar en esta cuarta y última entrega a analizar y contrastar dicha tipología desde nuestra experiencia como Family Office.

Para empezar el análisis, conviene recordar que como inversores podemos pasar por varios niveles a lo largo de nuestra vida. También es posible que actuemos de forma distinta según la situación o las recientes experiencias, lo que hará que estemos en varios niveles a la vez sin un rumbo o nivel fijo. Sin embargo, como es evidente para aquellos que tratamos de analizar la sociedad, es muy habitual para la mayoría de las personas estancarse en un mismo nivel (sobre todo inversores de niveles inferiores al 4). El lugar que cada inversor ocupará a lo largo de su vida será definido por sus hábitos, creencias, preparación, aprendizaje, humildad, disciplina, esfuerzo, imponderables y muchas cosas más.


Personalmente, me parece absolutamente revelador la forma en la que John Burley ha conseguido demostrar cómo nuestros hábitos y nuestras creencias acerca del dinero influyen en el sitio que ocupamos en la vida y el resultado que obtenemos como inversores. Es fundamental que cada uno de nosotros sea consciente de este vínculo y sepa reconocer sus debilidades y carencias para poder cambiarlas y mejorar su rendimiento como inversor.

En líneas generales, dicha tipología nos parece muy válida para describir y clasificar perfiles de inversores con los que nos podemos encontrar en nuestro día a día, aunque evidentemente nos gustaría hacer varias observaciones al respecto. Para organizar mejor estas observaciones, analicemos los tipos de inversores nivel por nivel comentando aquellos detalles que nos parecen importantes:

Niveles 0, 1 y 2: Inversores inexistentes, consumistas a crédito y ahorradores
Realmente queda muy poco que decir acerca de este tipo de personas. Creo que John Burley ha hecho un estupendo trabajo encontrando la clave de sus problemas y ayudándonos a ser conscientes sobre el impacto que tiene el consumo incontrolable o, peor aun, el consumo a crédito sobre nuestra salud financiera. Yo haría, quizás, un hincapié especial en la temeridad que supone confiar nuestra vejez al sistema de pensiones en el siglo XXI.

Nivel 3: Los inversores pasivos

A la hora de analizar a los inversores del nivel 3, nos parece importante no caer en el error de descartar cualquier idea proviniente de esta categoría. Hay que tener en cuenta que a pesar de que es recomendable y necesario al menos ser un inversor de nivel 4, los niveles inferiores también tienen algunos elementos que pueden ser aprovechables la gestión de nuestra fortuna.

Es evidente que gestionar la totalidad de un patrimonio utilizando las estrategias o las creencias de los "escépticos" o "víctimas" sería un grave error. Sin embargo sí es cierto que esa mentalidad puede utilizarse para una parte del patrimonio siempre y cuando mantengamos una proporción correcta. Por ejemplo, nos parece adecuado ser algo escépticos a la hora de diseñar las estrategias de inversión y evaluar los riesgos para la parte del Balance Vital que nos tiene que proporcionar los medios necesarios para cubrir los gastos de la familia. Ser un tanto escépticos nos permitirá ser más rigurosos a la hora de minimizar los riesgos y asegurar de esta forma el blindaje de esta parte de la fortuna.

De la misma forma, especular con una pequeña parte del patrimonio, destinado especialmente a inversiones de este tipo, aunque quizás sin saltar tanto de inversión a inversión como lo hacen los "víctimas", también puede ser una estrategia provechosa, siempre y cuando se respete y se conserve la proporción adecuada y, por supuesto, no se descuide la formación continua.

Nivel 3-A: Los "refugiados"
Por nuestra propia experiencia sabemos que hay personas, como artistas o deportistas, que no saben ni quieren aprender nada acerca del dinero y de las inversiones. Además, desviar su atención y concentración de su carrera profesional es algo que muchos profesionales de élite e incluso algunos más mediocres no se pueden permitir porque su rendimiento se vería fatalmente afectado y los relegaría a la mediocridad profesional. Una gestión patrimonial realizada por una persona de este tipo realmente puede ser desastrosa para su fortuna y para su carrera, y es evidente que confiarla a un profesional adecuado sería infinitamente más razonable. El problema, en su caso, es que hoy en día es cada vez es más difícil encontrar profesionales que cumplan con los requisitos necesarios para que se les pueda confiar la gestión del patrimonio de una familia. Desde nuestro punto de vista, los tres pilares obligatorios para cualquier profesional no son otros que la Honestidad, la Competencia y la Independencia. Haced la prueba de pasar por este simple triple filtro a los profesionales de gestión patrimonial que conocéis y veréis, si sois rigurosos, como la lista de los que superan esta criba es vergonzosamente reducida.

Nivel 3-B: Los escépticos
Ya hemos mencionado anteriormente, que ser un tanto escéptico, puede ser provechoso para diseñar las estrategias para una parte de nuestra fortuna.

Creemos, además, que los escépticos cumplen otra función positiva: recordarnos que jamás debemos perderle el respeto a una inversión. Evidentemente, no debemos permitir que el miedo se apodere de nosotros y paralice nuestras capacidades de crear o encontrar inversiones interesantes. Aún así, los escépticos a nuestro alrededor deben de servirnos de contemporizador ante la tentación de perder la humildad frente a las inversiones y, en consecuencia, acabar formando parte del grupo de los "víctimas".

Cierto escepticismo es necesario, sobre todo si el inversor en cuestión no tiene el rigor necesario para ser un inversor del nivel 4, y mucho menos para avanzar hacía el nivel 5. Esforzándose para adquirir la disciplina necesaria a la hora de gastar e invertir, con el tiempo debemos ir abandonando el escepticismo a favor de los hábitos de niveles 4 y 5. Pero si no somos capaces de hacerlo, es mejor ser un "escéptico" frente a la posibilidad de destruir un patrimonio como un falso "inversor activo". No obstante, no debemos perder la humildad ante las inversiones y los mercados aunque alcancemos los niveles más altos.

Nivel 3-C: Los víctimas
En cuanto a las víctimas, creo que hemos tratado este tema en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de este blog. Recomendamos a los lectores releer artículos como el "Inversor Resiliente" ya que desde nuestro punto de vista, una víctima o un "inversópata" es la antítesis del inversor de este tipo.

Nivel 4: Los inversores automáticos
A la hora de hablar sobre los inversores automáticos, nos parece importante destacar dos aspectos que consideramos clave:
1. En su descripción de los hábitos propios de los inversores del nivel 4, John Burley nos recuerda una vez más sobre la importancia de un plan de desarrollo para nuestro patrimonio. Ese plan llevado a la excelencia no es más que un Plan Global de la Riqueza y es una pieza indispensable entre las herramientas de la gestión patrimonial de nuestros clientes. Estamos totalmente de acuerdo con Sr Burley en que una planificación correcta de nuestras finanzas personales y un objetivo claro para nuestras inversiones son la clave para poder presagiar un buen futuro a nuestro patrimonio.

Sin embargo, el hecho de que idear y realizar un sistema así sea simple, no significa que sea fácil. Sea cual sea el sistema que elijamos para este fin, muy pocas personas tienen el rigor y la disciplina necesarios pare llevarlo a cabo. Las tentaciones que abundan en el mundo de hoy o las desgracias que ocurren a nuestro alrededor a menudo nos hacen cuestionar la conveniencia del sacrificio que sólo nos permitirá obtener resultados a largo plazo.

Esta tarea se vuelve más difícil aun para familias no acomodadas con ingresos medios o bajos. La utilización de un sistema de gestión de finanzas personales que incluye la separación de un 10% para las inversiones y otra cantidad para el ahorro significa un sacrificio constante durante muchos años. Se hace complicado no perder el horizonte y continuar haciéndolo con la idea de obtener frutos dentro de 20-30 años. Aunque, por otro lado, ¿cuántas posibilidades tiene una familia de pocos ingresos de conseguir la libertad financiera o recabar un patrimonio importante? Hay muy pocas vías para alcanzar este milagro y ésta es una de ellas a pesar de sus dificultades.


2. En sus trabajos y cursos educativos John Burley insiste en que la mayoría de la gente no debería a empezar a invertir hasta que no establezca una "base" y sanee sus finanzas personales, adoptando totalmente todos los hábitos de los inversores automáticos, sobre todo en lo que se refiere a la separación automática de un 10% de los ingresos (o "pay yourself first") y la prohibición de consumir a crédito.

Estando de acuerdo con Sr. Burley en ese punto, quizás discrepemos en otro: desde nuestro punto de vista una parte importante de los inversores automáticos jamás deberían abandonar el nivel 4:

No hay duda de que muchos inversores del nivel 4 que reunen las capacidades necesarias y tienen el rigor y la voluntad de aprender se convertirán con el tiempo en inversores activos. Sin embargo, muchos otros decidirán dar este salto a pesar de que no les gusta ni quieren aprender a ser mejores inversores, o simplemente no tienen capacidades para hacerlo.

Hemos sido testigos de numerosos casos en los que personas que se creían capaces de operar en nivel 5 sin tener realmente las habilidades necesarios para ello, se estrellaban destruyendo su patrimonio adquirido en el nivel 4 para acabar convirtiéndose en auténticos escépticos o "victimas". Por esa razón estamos convencidos que para estos "falsos 5" es infinitamente mejor continuar en el nivel 4 mientras su patrimonio aumenta de forma lenta pero segura. Debemos concienciarnos de que los "upgrades" a partir del nivel 4 son muy excepcionales y sólo abordables por una élite minoritaria. Las pirámides y las montañas terminan en punta en la cumbre: se disfruta de excelente perspectiva, pero sólo hay espacio para unos pocos.


Nivel 5: Los inversores activos
Creo que nadie se sorprenderá si afirmamos que todos los inversores que se convierten en capitalistas pasan en su desarrollo por el nivel 5. Sin embargo, gracias a nuestra actividad profesional sabemos que no todos los inversores del nivel 5 (los inversores activos) tienen la experiencia de ser inversores automáticos. Muchos de ellos nacieron en familias adineradas o tuvieron la brillantez de empezar directamente en el nivel 5 sin adquirir los hábitos del nivel 4.
Algunos de estos inversores con el tiempo formarán parte del grupo exclusivo de los capitalistas. Pero a aquellos que por alguna razón fracasen en el nivel 5, su falta de experiencia como inversores automáticos les suele jugar una mala pasada.

Muchos de ellos no cuentan con el rigor y la disciplina propia de inversores del nivel 4, y además nunca se han preocupado por la gestión de finanzas personales. Sus gastos suelen ser elevados pero no suelen ser conscientes de sus hábitos de consumo.

Por esta razón, muchos de estos inversores acaban siendo escépticos o "víctimas" en manos de su broker a pesar de todo el conocimiento que poseen. Y solo necesitan brokers o asesores de mayor nivel para ser deslumbrados. Algunos, por culpa de sus hábitos de consumo formarán parte de los inversores inexistentes o consumistas a crédito.

Nivel 6: Los capitalistas
Tal y como menciona John Burley, una de las motivaciones para los capitalistas del nivel 6 es la de dejar un legado a la sociedad. Por nuestra parte, nos enorgullece decir que para nosotros como Family Office una de nuestras mayores satisfacciones es ayudar a que los inversores del nivel 4 y 5 también puedan (si así lo desean) contribuir a la sociedad y dejar un legado, ayudándoles a vehicular y estructurar sus inquietudes filantrópicas. Hemos comprobado a través de los años que esta labor produce en la mayoría de las familias una felicidad muy superior a su propio coste, satisfaciéndoles incluso más que una inversión exitosa.

Como es obvio, nos apasiona nuestro trabajo y podríamos extendernos y entrar en muchos más detalles acerca de cada perfil de inversión, pero por el momento creo que es suficiente con esta cuarta entrega. Espero que los lectores hayan encontrado útil esta tipología y os invito a continuar el debate acerca de este tema en los comentarios.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (3)

En esta tercera parte vamos a terminar de exponer a los lectores la clasificación de inversores de la que empezamos a hablar en la parte uno y dos.

Hablaremos de los niveles 4, 5 y 6, a los que, según John Burley, cada inversor debe aspirar si quiere tener éxito en este campo.

Nivel 4: Los inversores "automáticos”

Los inversores automáticos son aquella categoría donde, sorprendentemente, podemos encontrar a la mayoría de los millonarios del mundo. Aun más sorprendente es que cualquier persona, independientemente de su nivel de ingresos, puede conseguir la independencia financiera siendo inversor del nivel 4. Sólo es cuestión de tiempo.

Los inversores del nivel 4, igual que los inversores pasivos, son conscientes de la necesidad de invertir. Lo que les diferencia de los inversores que hemos visto hasta ahora es lo siguiente:
  • participan activamente en la toma de decisiones acerca de sus inversiones y dedican parte de su tiempo para aprender a invertir mejor
  • tienen unas reglas y hábitos financieros claramente establecidos que cumplen minuciosamente
  • disponen de un plan financiero a largo plazo realizado por escrito.
Los inversores “automáticos” se alejan bastante del perfil que la mayoría de la gente se imagina. No se parecen en nada a los tiburones de inversión, astutos y despiadados que podemos encontrar en las películas. Son personas normales que viven a nuestro lado, conducen coches de clase media o se mueven en transporte público e invierten de forma simple y conservadora.

La clave de su éxito es un simple sistema de reglas que cumplen a raja tabla. Se trata de conceptos muy básicos que llevados a la práctica aseguran una buena salud financiera y un futuro prometedor a cualquier persona. Hay varios aspectos importantes mencionados por John Burley que sería interesante analizar:

Uno de los dos pilares del éxito de los inversores del 4º nivel es un sistema de gestión de finanzas personales. Es un conjunto de reglas que cumplen de forma automática independientemente de su nivel de ingresos.

Los inversores automáticos tienen un control sobre el destino de su dinero. Antes que nada separan un mínimo del 10% de los ingresos provenientes de su actividad profesional o empresarial y lo destinan a las inversiones. Destinan otro porcentaje fijo a pagar las deudas o para el ahorro, y viven con lo que queda. Aparte de esto, nunca utilizan prestamos para el consumo y viven libres de deudas.

Esta forma de vivir por debajo de sus posibilidades les permite mantener sus cuentas siempre saneadas y obtener de forma regular y constante el capital necesario para las inversiones.

El sistema que utilizan para las inversiones también es muy simple: encontrar un vehículo de inversión con el objetivo de conseguir rendimientos del 12-15% anual, aumentar el capital inicial con aportaciones periódicas del 10% de sus ingresos y reinvertir los beneficios.

Los inversores automáticos adoptan el enfoque largoplacista utilizado por inversores como Peter Lynch o Warren Buffett. Utilizan un sistema simple de invertir en valor a largo plazo. Se centran en el mismo campo durante muchos años, indiferentes a lo que opine la multitud sobre sus inversiones.

Este tipo de inversores no suelen invertir en cosas sofisticadas. Son conscientes de que el 90% de los fondos de inversión, por muy atractiva que sea su estrategia, no son capaces de batir el índice de referencia. Por lo tanto utilizan un sistema automático de inversión en fondos que repiten un índice, fondos de value investment o cualquier otro vehículo que promete rendimientos razonables y regulares a largo plazo.

No es probable que estén interesados en inversiones especulativas, pero incluso cuando lo hacen, siempre dedicarán sólo una pequeña parte de su patrimonio (<5%).>


John Burley anima a todo el mundo convertirse en inversores automáticos cuanto antes. Es más fácil empezar aprendiendo con inversiones de pequeña escala para pasar más tarde a niveles superiores que recuperar el tiempo (y el dinero) que perderemos esperando a una gran oportunidad. Al fin y al cabo, sólo se trata de adoptar un sistema de reglas básicas de gestión de finanzas personales y un plan a largo plazo para las inversiones. Si tenemos la disciplina necesaria para llevarlo a cabo, el tiempo y el interés compuesto harán el resto.


Nivel 5: El inversores activos

Sólo una pequeña parte de los inversores logran alcanzar los dos últimos niveles de esta tipología. Y, contrariamente a la opinión general, no es necesario estar en el nivel 5 o 6 para convertirse en una persona rica. Como ya hemos explicado, basta con adoptar los hábitos de los inversores del nivel 4 y mantenerse en este nivel durante muchos años.

Los inversores del nivel 5, o los inversores "activos" son personas que participan activamente en la gestión de sus inversiones. Para ellos es una actividad que realizan a tiempo parcial o completo, lo que convierte las inversiones en su "ocupación".

A este tipo de inversores también se les llama inversores sofisticados. Son mucho más rígidos a la hora de cumplir con las reglas y los principios de inversión que ellos mismos han establecido. Tienen una filosofía de inversión bien definida y la siguen de forma minuciosa. Dedican tiempo y esfuerzo en obtener una sólida formación en materias relacionadas con el dinero y las inversiones, actividad que no abandonan nunca.

Su estrategia consiste en concentrarse en un campo concreto de actuación y especializarse en las inversiones dentro de este campo. Pueden ser acciones, bienes inmuebles, capital riesgo, deuda corporativa o cualquier otro vehículo. Empiezan haciendo inversiones de pequeña envergadura, para poder aprender de sus errores, conocer mejor el mercado y ir mejorando su estrategia con la experiencia.

Los inversores activos dan una importancia primordial a aumentar de forma regular y constante su columna de activos y su flujo de efectivo. Trabajan duro para que el dinero trabaje duro para ellos, en vez de trabajar por el dinero. Utilizan oportunidades que se presentan en los mercados o crean sus propias inversiones, lo que les permite obtener rentabilidades que superan el 20% anual. Actúan a través de sociedades y buscan de forma constante optimizar el rendimiento de sus inversiones y minimizar el riesgo. Son conservadores, pero nunca hasta el punto de se un cínico, y pueden permitirse realizar inversiones arriesgadas porque disponen de capital adicional para dedicar parte de su patrimonio a inversiones de este tipo.

Su mentalidad frente a las finanzas personales es completamente distinta. En vez de invertir el dinero que queda después de gastar, gastan lo que queda después de invertir. Este cambio de mentalidad es una de las razones por las que la inmensa mayoría de ellos consiguen reunir grandes fortunas.


Nivel 6: Los capitalistas

Finalmente, en el nivel 6 encontramos a los inversores a los que John Burley denomina "capitalistas". Es el nivel más alto de la clasificación, y en realidad sólo un número contado de personas en todo el mundo consigue llegar a este nivel.

Creo que será más valioso analizar y dar nuestra opinión sobre los niveles anteriores por ser más cercanos a nuestros lectores. Sin embargo, detengámonos brevemente en este nivel 6 para resumir rápidamente las características de los inversores de este tipo.

Básicamente, un capitalista es una persona que crea dinero utilizando dinero, tiempo y el talento de los demás. Crea oportunidades de inversión y las vende en el mercado, muchas veces sin tener que utilizar su propio patrimonio para llevarlas a cabo.

Evidentemente, en su camino para llegar a la cima la mayoría de los capitalistas han tenido que pasar por los niveles 4 y 5 adoptando los hábitos y la disciplina propia de inversores automáticos e inversores activos. Han perfeccionado sus habilidades y las estrategias de inversión, lo que les ha permitido acceder a volúmenes inconcebibles para la mayoría de la población.

La motivación principal de este tipo de inversores consiste en dos objetivos: ser un buen gestor de su patrimonio y dejar un legado para la sociedad.

Para la gestión de su patrimonio utiliza los hábitos perfeccionados en los niveles anteriores para crear inversiones y venderlas al mercado. La función del dinero para un inversor capitalista no es otra que la creación de más dinero.

Gracias al volumen que adquieren sus operaciones, los capitalistas literalmente "mueven" la economía de su país. Son aquellos que crean industrias, aportando puestos de trabajo, prosperidad e innovación a la comunidad y aumentando la productividad de la economía.

Muchas veces a la hora de hablar de un capitalista la línea entre el inversor y el emprendedor o empresario se difumina. A pesar de que en la mayoría de las veces ser buen empresario no significa ser buen inversor, y ser buen inversor no significa ser buen empresario, en algunos casos la brillantez y el talento de una persona le permiten convertirse en una "estrella" de ambos campos.

Para encontrar un capitalista no obligatoriamente tenemos que buscar entre los apellidos tan famosos como Carnegie, Trump, Murdoch, Mittal, o Arnault. En cualquier país hay capitalistas locales, creadores de grandes empresas o corporaciones cuya actividad tiene gran impacto sobre la economía de la región. Aquí van algunos ejemplos: Benetton, Lowy, Areces o Lara.

La preocupación sobre el legado que dejan a la sociedad hace que los inversores capitalistas sean los principales donantes para las causas benéficas o la investigación. A pesar de las críticas que reciben ese tipo de actos por algunos miembros de la sociedad, hay que reconocer la labor social que realizan y los efectos que tiene esta ayuda sobre el desarrollo de la sociedad.


En la cuarta y última parte del artículo que publicaremos en breve, analizaremos la tipología de inversores de John Burley desde el punto de vista de nuestro Family Office. Mientras tanto invitamos a los lectores a comentar esta tipología y contestar a la pregunta formulada en la cabecera: Y tú, ¿de qué tipo eres?

jueves, 4 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (2)


En la primera parte de este artículo hablamos de los primeros 3 niveles en la clasificación de inversores utilizada por John Burley.

Hoy continuamos hablando del cuarto grupo de inversores, probablemente el más multitudinario entre los lectores de Rankia a juzgar por los comentarios y por algunas de las consultas:

Nivel 3: Los inversores pasivos

Este numeroso grupo en general está representado por personas educadas e inteligentes. Según los cálculos de John Burley, representan a dos terceras partes de la clase media en países desarrollados. Sin embargo, a pesar de su inteligencia, sus hábitos o creencias acerca del dinero les hacen financieramente analfabetos. Quizás por esa razón Kiyosaki a la hora de utilizar la clasificación de Burley irónicamente les apoda "inversores listos".

Hay que reconocer que los inversores pasivos son realmente "inversores" en el estricto sentido de la palabra. Son conscientes de la necesidad de invertir y con mayor o menor éxito dominan sus hábitos de consumo, lo que les permite obtener el capital para poder hacerlo. Normalmente lo hacen mediante aportaciones a su plan de pensiones o de jubilación. Algunos de ellos también poseen participaciones en fondos de inversión, están invertidos en bolsa o en el mercado de obligaciones (entre otras cosas).

Las tres grandes categorías dentro de este grupo son los inversores "refugiados", los "escépticos" y los inversores "víctimas":


3-A: Los inversores "refugiados"


Esta categoría la componen aquellas personas que han logrado convencerse a si mismas de que no son capaces de entender la forma en la que trabaja el dinero. Son fáciles de identificar, ya que en su vocabulario abundan frases como:

- "Es que soy muy malo/a con los números"
- "A mí nadie me ha enseñado lo que hay que hacer"
- "Nunca entenderé cómo funciona esto de las inversiones"
- "Estoy demasiado ocupado para seguir el mercado"
- "Hay demasiado papeleo"
- "Es que es demasiado complicado"
- "Prefiero dejar la toma de decisiones en manos de profesionales".

Su presunta ignorancia en materias relacionadas con el dinero les lleva a ceder la gestión de su dinero a "profesionales" y confiar que de esta forma las cosas se arreglarán solas. Esto les permite acompañar las frases anteriores con algo como:

- "Pero no pasa nada porque tengo un asesor estupendo"
- "Mi asesor de bolsa lleva mis inversiones y es un/una profesional"
- "Tengo el mejor asesor financiero de la ciudad y no necesito saber lo que está pasando"
- "El Gobierno se hará cargo de mí cuando me jubile"
- "Mi amigo Paco es un agente de seguros muy bueno y hace todo el trabajo por mí".


Evidentemente, este tipo de frases en realidad son meras excusas que sirven para justificar el hecho de haber entregado la gestión de sus finanzas y de su futuro a personas ajenas que desconocen la mayoría de las veces sus circustancias personas y familiares.

Lo que es peor, empeñados en su incapacidad de controlar o al menos entender esta gestión, los inversores "refugiados" tienen muy poca idea sobre lo que se está haciendo con su dinero y cuáles son los parámetros que se utilizan a la hora de elegir las inversiones.

Confiados en sus gestores, los inversores "refugiados" simplemente siguen el mercado como un rebaño de ovejas guiados por perros pastores. El peligro está en que los perros suelen ser lobos, y que el gurú-pastor en realidad no conoce demasiado bien el camino.


3-B: Los inversores "escépticos"

Este tipo de inversores están presentes en abundancia en cualquier rincón del territorio nacional. Todos conocemos a alguien así o incluso nosotros mismos, a veces, podemos comportarnos de esta forma.

Son aquellos cuya frase favorita es "no puede ser". Aquellos que creen que conseguir buenas rentabilidades con riesgo controlado es imposible y cuando se les demuestra lo contrario, encuentran la razón por la que no habrían podido hacer lo mismo. Aquellos que desaniman a los que tienen a su alrededor. Son ellos, los inversores escépticos.

No son mala gente. Son personas inteligentes cuyo miedo a cometer errores está demasiado arraigado en sus cabezas, a veces por culpa de la malas experiencias en el pasado, lo que afecta de forma drástica a su hábitos de inversión.

Desde su punto de vista, todas las inversiones que prometen unos rendimientos más altos que los depósitos bancarios con riesgos asumibles no están disponibles para la gente de la calle. Para conseguirlas es necesario ser un iluminado, tener suerte, ser un chanchullero o estar "bien colocado".

Cuando alguno de sus amigos inversores le habla de una operación que haya realizado con éxito, el inversor escéptico siempre encontrará un motivo por el que sería completamente imposible que él o cualquier otra persona pudiese repetirlo. Puede ser una información privilegiada obtenida gracias a un puesto inalcanzable para la gente de a pie, o un capital inicial demasiado elevado, o contactos imposibles de obtener, o ... (continuad vosotros)

Incluso cuando alguien le enseña de forma detallada qué es lo que tiene que hacer para mejorar las rentabilidades ofrecidas por los bancos, el inversor escéptico seguirá alegando que en su país o ciudad este método no funcionaría o no sería legal o que su circunstancias actuales no le permitirían hacerlo.

Lo peor de todo es que este tipo de personas también contagian sus miedos a la gente que tienen a su alrededor. Son auténticos expertos en explicarte exactamente cómo y por qué la inversión que tienes delante va a fracasar. Esto les hace muy peligrosos porque muchos de ellos hablarán con autoridad, sus argumentos podrán parecer razonables y el hecho de que algunos de ellos sean personas exitosas (en ámbitos ajenos de la inversión) puede hacer que acabes aceptando sus argumentos. Cuanto más tiempo estés a su lado, más te desanimarás y más probable será que, en vez de tener un sano respeto a las inversiones, empieces a tenerles miedo.


¿Por qué lo hacen? Simplemente porque si las personas a su alrededor acaban triunfando, esto significaría un golpe demasiado duro para su forma de pensar. Tendrían que aceptar que se estaban equivocando y reconocer la verdadera razón por la que no logran ser inversores de éxito: evidentemente, no se trata de sus circunstancias personales, sino de su miedo y de su incapacidad para hacer el esfuerzo de adquirir los conocimientos y las destrezas necesarias para tener mayor posibilidad de éxito en los mercados.

Es habitual para los inversores escépticos caer en la "parálisis del análisis": quedarse en una permanente fase de análisis de la inversión hasta que sea demasiado tarde para realizarla. Después de perderla, suelen lloriquear y culpar a sus circunstancias o predicar su fracaso, mientras sus amigos, inversores de niveles más altos, siguen realizando buenas operaciones de forma regular.

Cómo consecuencia de criticar de forma continua todas las oportunidades que les pasan por delante, al final los inversores escépticos están obligados a conformarse con inversiones de bajo riesgo y bajo rendimiento, lo que no hace más que fortalecer sus creencias, sobre todo en épocas de crísis.

John Burley recomienda estar lo más alejado posible de personas de este tipo en cuanto a las inversiones se refiere. En su opinión, la cobardía de los escépticos hace que intenten retrasar a los demás para que acaben en el mismo nivel dónde se encuentran ellos.



3-C: Los inversores "víctimas"

El tercer tipo de inversores pasivos son los inversores "víctimas". Como todos los inversores pasivos, son personas inteligentes, capaces de controlar sus hábitos de consumo y conscientes de la necesidad de invertir.

El problema principal de sus creencias y hábitos de inversión son la falta de humildad y de prudencia (que tanto sobra a los escépticos) junto con la inexistencia de una estrategia o un plan de inversión bien definido.

Estas dos carencias hacen que los inversores de este tercer grupo sufran constantemente en los mercados, lo que da origen a su nombre: "víctimas". Existen también muchos otros nombres que podríamos aplicarles, casi tantos como los vehículos de inversión que utilizan. Podemos llamarles "inversópatas", "apostadores", "especuladores fracasados", buscadores de la "Fórmula mágica" o perseguidores del Santo Grial.

La estrategia de inversión de los "víctimas" consiste en la continua búsqueda del "Secreto": una formula de éxito que les permitirá enriquecerse de forma instantánea. Desesperados por encontrarla, se pasan su vida inversora saltando de un tipo de inversión a otra, buscando constantemente nuevas y más apasionantes maneras de invertir.

Están en todo: acciones, bonos, divisas, commodities, futuros, inversiones alternativas, CFDs, hedge-funds, OPVs y cualquier otro tipo de inversión exótica conocida POR la humanidad.

Contrariamente a los ahorradores y los escépticos, a los inversores víctimas les encanta el riesgo, o al menos lo desprecian o infravaloran. Disfrutan utilizando instrumentos sofisticados como calls, puts, warrants, opciones, contratos por diferencia, etc aunque no conozcan cómo funcionan realmente y de qué manera afectan a su exposición al riesgo.

Sus constantes y repetitivos fracasos hacen que no confíen en su propio criterio. Buscan activamente y confían de manera excesiva en la opinión de los demás en cuestiones de qué, cuánto, cómo y por qué comprar y vender. Son "víctimas" fáciles para los brokers, gurús, prensa financiera y vendedores de todo tipo de inversiones.

Si les preguntas cómo les va, siempre te dirán que han ganado algo o quizás están más o menos "empatados" (pero ponen muchas esperanzas en este nuevo vehículo de inversión que acaban de comprar gracias a los consejos de su periodista financiero favorito...).

La realidad es que pierden dinero en la inmensa mayoría de los casos. Demasiadas veces y demasiado dinero. Compran caro y venden barato guiados por sus emociones. Sin embargo, no les gusta hablar de sus pérdidas. Prefieren recordar con orgullo "la pasta que sacaron con Terra en el 2000".

Por muy ilógico que parezca, a pesar de sus pésimos resultados, la incurable ansia de "invertir" hace que los "víctimas" sigan volviendo a los mercados. Anhelan encontrar en algún rincón del universo financiero esa fantástica oportunidad que les permitirá recuperarlo todo y enriquecerse de una vez y para siempre.

Como es de esperar, la falta de planificación y de estrategia combinada con los continuos saltos de una inversión a otra, les quitan la oportunidad de aprender de sus errores, descubrir y mejorar sus hábitos de inversión. Tampoco consiguen desarrollar su capacidad innata de pensar y actuar con criterio propio y de forma independiente.

Acostumbrados a seguir los criterios de los demás y entregar su dinero para las inversiones de moda, los inversores "víctimas" se convierten, quizás, en los inversores más desafortunados que existen.


En la tercera parte hablaremos de los inversores inteligentes, los del nivel 4, 5 y 6 para descubrir cuáles son los hábitos y los conocimientos que les permiten ser inversores de éxito; y finalmente en la cuarta discutiremos sobre la aplicación de esta tipología desde nuestro punto de vista como Family Office. Hasta entonces.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El Zodiaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (1)

La vuelta de vacaciones, desde mi punto de vista, representa una magnífica oportunidad para poner en práctica las reflexiones que muchos de nosotros hayamos podido realizar alejados del barullo del día a día.

Para reforzar nuestras buenas intenciones de corregir el rumbo de nuestra vida y mejorar nuestra gestión patrimonial después del descanso estival me ha parecido interesante ofrecer a los lectores un material muy ilustrativo ante que nos ayudará a definir mejor dónde nos encontramos y hacia dónde queremos ir.

Se trata de una especie de Zodiaco de los inversores, una clasificación realizada por John Burley, inversor norteamericano cuyas investigaciones acerca del dinero han hecho que personas tan famosas como Donald Trump, Robert Kiyosaki o Anthony Robbins le inviten a participar en sus seminarios y cursos educativos. A pesar de parecer una simple clasificación, nos ayuda a descubrirnos mejor a nosotros mismos y nuestros hábitos en cuanto al dinero se refiere.

Es posible que parte de los lectores rechace dicha tipología, quizás por lo reveladora que puede llegar a ser. Sin embargo, estoy convencido de que para los demás será muy interesante vernos reflejados en alguna de estas descripciones para mejorar dentro de lo posible nuestros hábitos y nuestros modos de actuar como inversores.

Como la descripción entera es un poco larga para un sólo artículo, la dividiremos en varias partes. Así también tendremos más tiempo para reflexionar conjuntamente acerca de lo que aprendamos sobre nosotros mismos leyendo estas líneas y para definir cuál es realmente nuestra situación actual y dónde queremos estar dentro de estos 7 niveles.

Empecemos pues:

A pesar de lo que podamos llegar a pensar, a la hora de clasificar a las personas por su actividad como inversores, dicha tipología tiene muy poco que ver con los ingresos de cada uno. Se trata de los hábitos que tenemos a la hora de manejar el dinero que pasa por nuestras manos. "Lo importante no es lo que ganas, sino lo que haces con el dinero".

La clasificación tiene 7 niveles: del 0 al 6, en función de la inteligencia con la que cada inversor maneja sus finanzas. Los primeros 4 niveles representan a aquellos que necesitan mejorar su inteligencia financiera, grupo donde, desgraciadamente, se encuentra la mayoría de la población; mientras que los últimos 3 hablan de inversores "inteligentes". Recordemos que el hecho de pertenecer a cada uno de las categorías no tiene nada que ver con nuestro nivel de ingresos y somos nosotros mismos quienes decidimos lo lejos que queramos llegar dentro de esta tipología.

Nivel 0: Los inversores inexistentes

Las personas que pertenecen a esta categoría no son realmente inversores porque no disponen de dinero para invertir. La razón es muy sencilla: gastan todo lo que ganan.

Este grupo de personas no son conscientes o no quieren saber nada acerca de su relación con el dinero y sus hábitos de consumo. Sus finanzas están tan mal gestionadas que algunos de ellos ni siquiera pueden obtener la aprobación bancaria para un préstamo. (Aún así, irónicamente, su situación financiera muchas veces es mejor que la de las personas que sí pueden acceder a los créditos.)

Sorprendentemente dentro de esta categoría podemos encontrar a muchos "ricos" con ingresos muy altos, cuya capacidad de ahorro es escasa o nula debido al elevado coste de su estilo de vida.

A la hora de responder a la pregunta sobre sus problemas financieros, muchas de estas personas seguramente dirán que no ganan suficiente dinero. Creen que un mayor nivel de ingresos lo solucionaría todo cuando, en realidad, en la mayoría de los casos están "sobreviviendo" con unos ingresos que hace unos años les parecían "de ensueño".

Estos inversores inexistentes no logran comprender que su problema no radica en sus ingresos (o en la falta de los mismos) sino más bien en sus pésimos hábitos financieros.


Nivel 1: Los consumistas a crédito

Las personas que se encuentran en este nivel se parecen mucho a los del nivel 0, pero su situación se agrava debido a su incontrolable afán de endeudarse para adquirir bienes de consumo. Si alguna vez deciden invertir, también lo hacen con el dinero prestado.

Lo que mejor saben hacer los integrantes de este grupo es gastar, y todo el dinero que llega a sus manos acaba evaporándose. Su nivel de vida a menudo es envidiado por la gente de su alrededor, ya que suelen presumir de caprichos caros como relojes de oro, coches deportivos o incluso yates. Lo que no está a la vista es que toda esa lujosa vida ha sido en realidad adquirida a crédito.

Igual que los inversores inexistentes, la mayoría de los consumistas depositan todas sus esperanzas en aumentar su nivel de ingresos. Mientras tanto, su modelo de "planificación financiera" consiste en conseguir más tarjetas de crédito o refinanciar su hipoteca para poder obtener más dinero y así comprar más cosas (cómo no, también a crédito).

En el mejor de los casos, este tipo de personas va "sobreviviendo" hasta fin del mes. Su solución para paliar la falta de liquidez es pedir dinero prestado aumentando así su nivel de deuda, sin pensar demasiado en las consecuencias a corto y largo plazo.


La mayoría de los consumistas acaban atrapados en un círculo vicioso de deuda, incapaces de detectar que su mayor problema consiste en sus hábitos de consumo y no en la falta de ingresos. A pesar de que el potencial de recuperación de este grupo es mayor comparado con el del nivel 0, muchos de ellos pierden toda esperanza mientras avanzan a pasos agigantados hacía una bancarrota financiera y emocional.


Nivel 2: Los ahorradores

El tercer tipo de inversores son los ahorradores: personas que apartan una "pequeña" cantidad de dinero de forma regular. Es más habitual que ahorren para consumir (una TV, un nuevo coche, un viaje), en vez de para invertir.

Normalmente estos ahorros están colocados en cuentas corrientes, depósitos, cuentas de ahorros y otros productos de bajo riesgo. En caso de disponer de un plan de pensiones, su gestión está realizada por un banco o una compañía de seguros.

A los ahorradores les dan miedo las finanzas y no están dispuestos a correr ningún riesgo. Incluso cuando se les demuestra que hoy en día el dinero pierde su valor debido a la inflación, y que el tipo de interés después de impuestos que perciben en sus cuentas de ahorro es negativo, ellos no suelen estar dispuestos a cambiar sus hábitos de inversión.

Los mejores "amigos" de este grupo son las compañías de seguros, que exprimen al máximo su miedo a invertir y su necesidad de sentirse "seguros" (¿de allí el nombre?). Les facilitan todo tipo de productos ganando con ello suculentas comisiones. Lo más "agresivo" que pueden llegar a comprar este tipo de "inversores" es un seguro de vida multiahorro.

Como bien comenta John Burley, esta estrategia funcionaba bien para las generaciones anteriores que vivían en tiempos de baja inflación, escasa presión mediática para fomentar el consumo y buena protección por parte de sistemas gubernamentales como la Seguridad Social.

Sin embargo, en este nuevo mundo del siglo XXI, factores tales como el aumento de carga fiscal, la crisis de organismos como la Seguridad Social y el sistema de pensiones y el alto precio de la vivienda combinado con mayor esperanza de vida han hecho necesario un cambio de estrategia que, desgraciadamente, los ahorradores se niegan a realizar.

Evidentemente, este nivel de "inversores" goza de una mejor salud financiera en comparación con los niveles anteriores, pero desafortunadamente lo que les espera a la mayoría de ellos es la mediocridad económica.

En la segunda parte del artículo hablaremos de los "inversores pasivos", una amplia categoría donde, seguramente, encontraremos muchas similitudes con muchos de los lectores de los blogs financieros. Hasta mañana.

viernes, 29 de agosto de 2008

Master en finanzas para niños ricos.



Hace un par de años leí un artículo en La Vanguardia que me llamó la atención. Hablaba sobre un sitio en Santa Bárbara (California) donde durante el verano enseñaban finanzas a los hijos de millonarios norteamericanos. Eran como unas colonias o campamentos de verano donde el objetivo no era acercarse a la naturaleza, si no aprender a hacer dinero.
Imaginémonos a 24 niños entre nueve y trece años en el primer curso de verano de “Money Camp”, miran atentamente a Elisabeth Donati, fundadora del primer programa infantil de “alfabetización financiera”.
 
Los niños repiten a unísono:
- “¡Soy el consejero delegado de mi vida!” (y los niños simulan el redoble de un tambor de circo y escriben “Libertad” en su cuaderno de ejercicios).
- “¿Por qué es importante el dinero?”
- “Es lo que hace que nuestro país sea tan importante”. Contesta uno.
Les enseñan a hacer dinero en el mercado inmobiliario, a través de empresas propias o en bolsa.
Elisabeth da la vuelta a la clase con un billete de cien dólares en la mano.
- “Podéis tocarlo si queréis”.
Preguntada sobre si no son muy pequeños para aprender los vicios de Wall Street, Elisabeth responde: “Les hablamos de drogas y sexo, ¿Por qué no de dinero?
En las paredes cuelgan carteles con frases como: “Invertir con la cabeza y no con el corazón”, “No guardar todos los huevos financieros en el mismo cesto”. Desde el segundo día ya empiezan a conocer conceptos como la amortización de préstamos hipotecarios, los retornos sobre inversiones (ROI), estrategias bursátiles, etc.
Un niño de once años hijo de un abogado de patentes de Washington DC explica: “Quería venir a Money Camp para tener un negocio o ser abogado y necesito aprender a gestionar el dinero. Hasta ahora lo había dejado en manos de mis padres”, decía con una pasmosa seguridad en si mismo.
Otro de doce años quiere aprovechar el curso para asegurar su futuro con el sector inmobiliario.
Un tercero lo que pretende es expandir el negocio de muebles familiar.
La filantropía de Bill Gates o de Warren Buffet hace que los niños reconcilien sin problemas el deseo de ganar mucho dinero con la inocencia de su edad: “Si me hago rico, podré donar dinero a buenas causas”. “Quiero ganar suficiente dinero para mantener a mi familia y hacer caridad. No estoy interesado en ser un billonario”.
Curiosamente en nuestro país saben manejar el dinero de una forma más correcta los niños que no son ricos que los que tienen una posición muy acomodada, salvo excepciones claro. Éstos últimos conocen muy bien las herramientas de consumo (saben manejar a edad temprana tarjetas de crédito, por ejemplo) pero muy poco conocen como sus progenitores o sus abuelos supieron gestionar la creación de riqueza. Esto es parte de la causa de que los patrimonios se pierdan en las generaciones siguientes además de otras muchas.
Muchos saben que Warren Buffet en el colegio vendía coca-colas mientras sus compañeros jugaban a la pelota. No tiene porqué ser así, los niños han de ser niños y saber jugar y disfrutar de la posición que han conseguido para ellos sus padres, pero creo que no es buena idea esperar a la universidad y el master para aprender estos temas.

lunes, 7 de julio de 2008

¡Compreme a mí!!.....a mí!.....No, no...a mí!!

En una conocida revista de inversión preguntaban a expertos que hacer en estos momentos de crisis:
Una persona (P.H.) que trabaja como responsable de gestión de patrimonios para una empresa que gana dinero intermediando en los mercados aconsejaba operar a corto buscando rentabilidades más modestas pero continuadas.
R.F. responsable de una conocida gestora de fondos internacional aconsejaba hacer una buena diversificación de activos vía fondos.
Desde el departamento de análisis de una casa de valores, C.G. recomendaba seguir en el mercado buscando valores defensivos.
C.F. director de división de suelo, urbanismo y residencial de una asesoría inmobiliaria comenta que invertir en garajes sigue siendo una buena opción.
L.P. consejero delegado de una importante empresa de planes de pensiones nos comenta que aprovechemos la imbatible fiscalidad de los planes de pensiones.
B.M. directora de banca personal de una entidad habla de personalizar el producto financiero.
Lógicamente las entidades enseñan los atractivos TAE de sus depósitos.
Os dejo para vosotros los comentarios de quien de ellos piensa en el interés del cliente…