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jueves, 4 de junio de 2009

La travesía del desierto (y 2).

Continuación de La travesía del desierto (I).

Es muy difícil, hoy en día quedar al margen de la destrucción de riqueza. Pero en absoluto imposible. En el pasado año, con la excepción de los iluminados que han sabido invertir sistemáticamente en los pocos sectores y tipos de inversión que han salido ganadores, sólo los patrimonios absolutamente líquidos, prácticamente sin inmuebles ni empresas, que se han mantenido y conformado con rentas fijas soberanas y/o de muy alta seguridad, se salvaron de la quema.

No obstante, muchas emisiones con buenos fundamentos llegarán a buen fin a su vencimiento, pero otras caerán en eventos de crédito con soluciones finales inescrutables, y algunas voces cuantifican en un 20% del total las emisiones que tendrán algún evento crediticio en los próximos años. Lo peor es que los inversores no podrán saber si sus carteras de deuda corporativa van a resultar afectadas por un evento hasta su vencimiento, aunque muchos saquen pecho por sus rendimientos nominales futuribles durante la vida de la emisión. Actualmente la Renta Fija no es cómo empieza, sino cómo acaba.

Parece lógico pensar que los años más complicados para la solvencia de dichas emisiones de empresa (y Estados!) van a ser el presente 2009 y probablemente también el 2010 o incluso el 2011. ¿Por qué? Pues, entre otros motivos, porque uno de los orígenes de esta multi-crisis poliédrica, las hipotecas sub-prime que tanto daño están haciendo al sistema financiero, van a superar su clímax de impagos y embargos en los próximos tres años. Y ello, como la crisis generalizada, va a influir en sequedad crediticia bancaria, caídas de resultados e incapacidad financiera de las empresas, bancos y Estados. Si la Desconfianza existente la descontamos en la disolución de los problemas crediticios de los próximos 2, 3 o 4 años, el resultado restante será la crisis económica y social propiamente dicha, que no es poco. La prolongación de la pura crisis económica es imposible de adivinar, ya que hemos entrado en una depresión de la que no tenemos referencias anteriores. La Great Depression que comenzó con el Crash de 1929 se llevó una década por delante y precisó de un guerra mundial para finalizar, y es el único referente junto con lo que está sufriendo Japón desde 1990 (dos décadas). Por lo tanto es evidente que las comparaciones son difíciles y peligrosas, ya que el Mundo, hoy es otro.

Sin embargo queremos dar un destello de esperanza en plena Tormenta Perfecta. Durante el segundo semestre del 2007 y a lo largo de todo el 2008 nos hemos enfrentado a lo desconocido, a un colapso de un castillo de naipes crediticio y financiero nunca visto. A unos rescates a la desesperada por parte de los Estados más poderosos del mundo (y también de los menos, que hacen lo que pueden y hasta donde les permitan), en una unión y percepción de la gravedad de la situación jamás vista. En este 2009 ya somos plenamente conscientes de a qué nos enfrentamos, salvo excepciones poco profesionales y políticas que aún no se han dado cuenta de la situación real. Y esa toma de consciencia de que nos espera un futuro inmediato dramático, nos hace menos vulnerables, mientras que en el pasado año y medio todavía habían muchos desprevenidos.

El desierto financiero será duro y largo, y aún más lo será el desierto económico que está ya comenzando a provocar graves sufrimientos sociales. El paro, los EREs y los cierres seguirán y cuando los subsidios se extingan en el tiempo se acentuará la contracción del consumo, y por tanto de la economía. Pero estando ya en este 2009 prevenidos y apretando los dientes, tenemos muchas más posibilidades de alcanzar la luz al final del tunel con nuestro patrimonio blindado ante el campo de minas en el que nos adentramos ya el pasado verano de 2007. La incerteza y la desconfianza financiera probablemente ya remite o lo hará en breve, pero la crisis económica y la miseria social va para largo.
"En España se ve una luz al final del tunel... pero es un camión que viene de cara"

Xavier Sala-i-Martin

martes, 2 de junio de 2009

La travesía del desierto (I).

La palabra que a nuestro juicio definiría mejor todo el pasado año, y más concretamente el segundo semestre del 2008, es Desconfianza. Una desconfianza en el sistema bancario que está generando una trampa de liquidez (Liquidity Trap) que va a tener consecuencias muy notables y dramáticas en la economía real, social, de calle. Las consecuencias de la desconfianza provocan la sequedad en la circulación del dinero, y en consecuencia asaltan terribles dudas al inversor: ¿A quién le vamos a prestar nuestro dinero para que trabaje con él y tengamos suficientes garantías de que va a tener capacidad de devolverlo puntualmente y sin el temible Evento de Crédito (Credit Event)? En segundo lugar: ¿Por cuanto dinero, beneficio o interés vamos a prestarlo? Y finalmente: ¿Por cuanto tiempo es prudente prestar nuestro dinero al afortunado elegido para que lo trabaje?

Las respuestas a estas preguntas son, obviamente difíciles y complejas. Pero sobre todo debemos tener siempre presente que deben adaptarse a las circunstancias de cada inversor o tenedor de fortuna. Y dentro de cada uno de ellos habrán partes de los activos que deban aplicarse de una u otra manera. Así un patrimonio siempre deberá aplicarse en porciones de inversiones adaptadas a las necesidades, objetivos, gustos, etc. de cada propietario. Lo que sí es cierto es que en la actualidad es prudente adaptar los Balances Vitales a unos rendimientos de las inversiones cuyo ratio rentabilidad-riesgo se ha visto drásticamente modificado, y sin perder de vista las posibilidades de una hiperinflación a pesar de las dudas.

Hablando de Renta Fija, el flight to quality del 2008, o el refugio en la calidad y solvencia de las inversiones, provocó una caída en la rentabilidad de las más seguras (a priori), como es la deuda soberana de países desarrollados y grandes empresas muy solventes. La sencilla razón es que cuando muchos quieren comprar lo mismo, el precio de ello sube, cayendo así su rentabilidad. Casi en el ecuador del 2009, después de la desconfianza generada en la mayoría de empresas que se están viendo en graves dificultades por la imposibilidad de renovar sus deudas con las entidades financieras, ahora muchos vuelven a prestar su dinero casi indiscriminadamente comprando deuda empresarial emitida por éstas. La demanda de RF corporativa se ha disparado en el último par de meses, especialmente en las últimas semanas. Y la falta de criterio en la selección está provocando que empresas con capacidades muy distintas para hacer frente a sus emisiones, estén cotizando a precios muy similares. A diario vemos como grandes gestoras y sus respectivos advisors, están recomendando emisiones que podríamos llamar blue chips y que son seleccionadas con criterios tan obsoletos y peligrosos como el rating o los nombres altisonantes. Salvo honrosas excepciones las emisiones son seleccionadas por las entidades financieras, como recomendables para la inversión de sus clientes, tan sólo con un análisis muy superficial: Noticias, Credit Default Swaps, ratings y poco más. Y son muy pocos los advisors que se toman la molestia y el tiempo de estudiar los balances de las empresas emisoras para conocer la capacidad financiera que tienen, y poder devolver así la deuda sin el temido credit event. Si además a esa selección se le da forma de fondo de inversión de RF, en su interior encontraremos riesgos intrínsecos absolutamente dispares y ausencia de criterios fiables en el análisis utilizado. El resultado de todo ello es que hoy en día cotizan igual bonos de emisores con situaciones contables muy distintas. Y esa distorsión la ha producido el abuso de la demanda indiscriminada ante un escenario muy complicado para blindar los activos financieros.

(Continuará...)