sábado, 27 de diciembre de 2008

¿Oportunidad o trampa?

Ahora que se cree que lo peor de la crisis crediticia ya ha pasado, son muchas las voces que se han apresurado a recomendar la entrada en bolsa porque "los precios son muy bajos y las oportunidades, muchas". Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la mayoría de estas generosas voces son las mismas que hace unos meses, en pleno vendaval bajista, seguían sugiriendo unos porcentajes de renta variable entre abultados y exageradamente desmesurados. Obviamente, los incentivos que movían en aquel entonces sus recomendaciones (y ahora) son muy distintos de los objetivos y las circunstancias de la gran mayoría de patrimonios, por eso hay que ser cuando menos escéptico ante este tipo de amables recomendaciones.

Además, el hecho de que, de momento, se haya logrado contener la debacle del sistema financiero actual no debe confundirnos y hacer que dejemos de tener presente el hecho de que la depresión que se avecina va a ser larga y, para bastantes empresas, difícil de superar. De momento, en el horizonte no se vislumbra la luz, más bien todo lo contrario (escándalo Madoff, posibles nuevas olas de impagados, esta vez provenientes de inmuebles de uso comercial, etc), por lo que conviene obrar con precaución y humildad.
Esto no quiere decir que en el entorno actual no haya buenas oportunidades de comprar empresas de alta calidad a unos precios con los que hace año y medio habríamos soñado pero, ojo, no es oro todo lo que reluce. A la hora de seleccionar los valores que pueden ser interesantes es muy importante estudiarse bien el balance de la empresa, la capacidad que tiene de generar dinero, la posición competitiva que tiene en sus principales mercados, así como las ventajas competitivas que le blindan frente a sus competidores, huir de empresas con una deuda grande en comparación a sus activos, y aún así, ser excesivamente cauteloso, y aplicar una reducción al precio objetivo que nos salga, para dotar de una mayor seguridad a la inversión, y siempre considerar nuestras circunstancias personales, para finalmente decidir si dicha inversión se adecúa a nuestras necesidades y las de nuestro patrimonio.
Leo una cartera consenso sobre bolsa española, compuesta por 10 valores y elaborada por 25 analistas, en la que no me sorprende la presencia de los grandes clásicos, Telefónica, Santander, BBVA, Iberdrola, Repsol (otro día comentaré los incentivos que mueven a los analistas a recomendar siempre los mismos valores "big cap"). A esto me refiero con estar con los ojos bien abiertos y saber distinguir entre oportunidad o trampa. ¿El hecho de que el Santander haya bajado tanto supone una oportunidad? ¿Y si no mantiene el dividendo al mismo nivel? ¿Podrá Telefónica seguir su crecimiento con las malas perspectivas actuales en España y Argentina?

Como seguidor del value investment, estoy convencido de que siguen existiendo empresas infravaloradas que pasan desapercibidas para el gran público, pero eso no significa que por tener un PER ridículo o una alta rentabilidad por dividendo (proyecciones basadas en datos pasados que pueden cambiar de la noche a la mañana) una empresa ya sea candidata a engrosar nuestra cartera. Como muestra, un botón. En un escenario tan cambiante como el que estamos viviendo, la aparente oportunidad se puede transformar en trampa en apenas un trimestre. Del mismo modo que al fijarnos en las cifras de paro en España (y en otras cosas) no podemos pensar en otra situación económica futura que no sea la de depresión, al analizar una empresa hay que situarla en el contexto de la coyuntura económica y en función de la calidad de la misma y las perspectivas que tiene actualmente, decidir si es una buena inversión. Y, como últimamente decimos, probablemente las mejores oportunidades estén al otro lado del charco.