lunes, 10 de diciembre de 2007

El Paciente Americano.

Los EE.UU. están enfermos. No nos referimos a la obesidad crónica mayoritaria de sus habitantes ni a los desequilibrios mentales de los escolares armados que masacran su instituto. Nos referimos a su economía y a su escenario geopolítico: Crisis hipotecaria que incluye la caída en picado de los valores de la banca americana en general, amenaza terrorista islamista en su propio territorio, guerra pseudo-vietnamita en el golfo pérsico, sus enemigos sureños más allá de los castristas se multiplican, amenaza nuclear de integristas apoyados por rusos, etc...

El virus invasor que corre por las venas estadounidenses y que causa ese estado de shock con fiebre altísima y analíticas totalmente descompensadas, procede de países como China, Venezuela, Irak, Rusia, Cuba, Bolivia, Irán y otros que han inoculado un sinfín de patógenos en la economía norteamericana. Sus malos hábitos y el insano abuso crediticio autóctono exportado han hecho el resto. Sus constantes han dejado de serlo, su vida corre peligro y con ello también la supervivencia de las economías occidentales que, por nuestra parte, tratamos de cuidar y salvar la vida de nuestro referente capitalista con todos los recursos de los que disponemos. Europa se ha convertido así en el equipo sanitario en el que se basa la necesaria recuperación de la que fue la mayor y mejor economía mundial durante décadas.

Así es, la mejor y más potente arma de los USA siempre ha sido el puesto núm. 1 en la economía mundial. La locomotora tradicional del capitalismo, a partir de ahora lo va a tener mucho más difícil por la competencia deshonesta china y por el resto de virus inoculados que la han hecho enfermar hasta niveles muy preocupantes para los que dependemos de este cabeza de familia. Somos muchos los médicos y enfermeras que le estamos curando, medicando, alimentando, cuidando y hasta rezando en diversas lenguas y a diversos dioses por su curación. Europa, como otros países del resto del mundo capitalista, está sacrificando su divisa, sus beneficios bancarios y empresariales y todo lo que haga falta para recuperar al paciente americano. Asumiendo el riesgo de contagiarnos de algunos de sus males (o todos) y con la perspectiva de caer enfermos a la vez que la recuperación yankee se produzca. Es posible que en el futuro el paciente deba ejercer de médico y viceversa, pero dudo que una vez repuesto y con bata blanca sacrifique tanto para salvar la vida del paciente europeo aunque sea terminal.

Por el momento la transfusión de todo el mundo a EE.UU., básicamente desde Europa cuyo grupo sanguíneo parece especialmente compatible con el norteamericano, mantiene con vida la economía de ese líder mundial enfermo. Un euro desorbitado que mantiene al dólar en niveles que reanimarían a un muerto, convierte el Plan Marshall de 1947 en simples peanuts devueltos ahora inconscientemente con intereses de usura. Podríamos hablar de altruismo europeo o de instinto de supervivencia, ya que si papá Yankee (el cabeza de familia) muere, el resto de su prole europea lo pasaremos muy pero que muy mal. Lo que nos parece diáfano es que esta transfusión masiva sigue día tras día, al mismo tiempo que las mejillas europeas palidecen y languidecen orgullosísimas de la "fortaleza del euro, moneda de refugio mundial" (sic). Anemia galopante en la que nos vemos inmersos sin posibilidad de maniobra a corto y medio plazo. Quizás la falta de riego sanguíneo a nuestro cerebro (al de arriba) sea una de las causas de que nuestra querida bolsa europea suba y suba ajena a la realidad macroeconómica y a la tormenta perfecta inminente.

Personalmente me aterra menos este escenario anémico del Viejo Continente que la muerte capitalista del Nuevo Mundo que podría provocar la extinción de un sistema financiero que se llevaría por delante los mismísimos fundamentos del capitalismo mundial. Por eso creo que el sacrificio europeo es necesario para que reanimemos al paciente americano a base de transfusiones, vitaminas, medicación, reposo y mimos. Su sistema inmunitario comienza a trabajar y los carroñeros autóctonos o foráneos ayudan a prevenir complicaciones fatales.

En Europa es tiempo de efectivo, pero en EE.UU comienza a ser tiempo de inversión. Es clarividente como siempre, el artículo de Jose Mª Díaz Vallejo EURO/DOLAR - La moneda ha caído de canto, en el que relata unos cuantos ejemplos prácticos de la posición de ventaja que adquiere con el tiempo el transfundido respecto al donante.

Altruismo europeo, solidaridad u obligación de salvar al enfermo si no queremos que nos lleve por delante o nos deje desamparados ante un nuevo (des)orden mundial con los enemigos de Norteamérica a la cabeza.

Quizás el futuro de Europa pase forzosamente por enfermar para salvar la vida de los EE.UU. y posteriormente cruzar los dedos para que el liderazgo norteamericano sea capaz de cuidarnos en nuestra decadencia económica que está a la vuelta de la esquina, tan distante como la recuperación de nuestro paciente americano.

Un buen chute de Yuan caro y petróleo barato reanimaría al enfermo y de paso al equipo de médicos sin fronteras de manera espectacular. Le diré a mis hijos que lo incluyan en su carta a los Reyes Magos..... de Oriente, claro está.

Felices Fiestas y leve año nuevo. A mejorarse.