jueves, 3 de abril de 2008

El placer de invertir... con integridad

Mucho se habla de las diferentes aptitudes que deben tener el buen inversor y el buen empresario, en definitiva, las personas que buscan tener éxito en los negocios. En artículos como “La Poción Mágica del Éxito Financiero”, se dan numerosas claves y consejos muy válidos en este sentido, por poner un ejemplo reciente. Parece evidente, si analizamos algunos casos de emprendedores o inversores de éxito, que todas estas características y algunas otras más se encuentran presentes en ellos. Pero buceando un poco más en sus personalidades, se puede observar también (en muchos casos) la presencia de dos aspectos, a mi modo de ver, muy destacables a la hora de hacer negocios, que si bien no sirven por sí solos para conseguir la libertad financiera, son un empuje bastante importante, amén de convertirnos en mejores personas: la honestidad y la humildad.


En numerosos artículos desde la creación del blog se ha destacado su importancia, pero quiero detenerme en éste para analizarlos en profundidad. ¿Qué implican estas dos palabras? ¿De qué manera me pueden ayudar en mis negocios? Se preguntarán los más escépticos…

Obviamente la valoración que se puede hacer de la contribución de estos atributos al resultado final de las inversiones de un individuo no puede llevarse a cabo de un modo tradicional, como si de la implantación de un plan de marketing se tratase: tanto nos ha costado, tantos han sido los ingresos derivados del plan, luego tanto ha sido su beneficio. No se puede evaluar el coste de ser honestos y humildes, como tampoco su beneficio en unidades monetarias pero sin duda, lo que no se puede afirmar es que no tiene impacto alguno.

La humildad es una virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Esto, aplicado a los negocios, permite analizar las decisiones desde una perspectiva mucho más amplia. El hecho de admitir que no somos perfectos y ser conscientes de las limitaciones que tenemos es una de las mejores maneras de afrontar cualquier proyecto, ya que la persona humilde tiene en cuenta cualquier factor que pueda influir sobre éste, no desprecia el riesgo que supone y, además, cuando vienen mal dadas, no se queda paralizado pensado ¿cómo me ha podido suceder esto?, sino que rápidamente busca soluciones que permitan restablecer el orden o en el peor de los casos, minimizar las pérdidas. En un mundo tan competitivo como el actual, el creerse en “posesión de la verdad absoluta”, pensar que siempre se tiene razón, es el primer paso para acabar fracasando.

Un ejemplo que me viene siempre a la mente cuando se habla de humildad es el del mejor inversor de todos los tiempos, Warren Buffet, hablando sobre la donación que hizo a la Fundación de Melinda y Bill Gates (se comprometió a ir donando año tras año un porcentaje, hasta llegar al 85% del total, de las acciones de su holding empresarial, Berkshire Hathaway, valorado en miles de millones de dólares). Después de haber anunciado este hecho en una rueda de prensa, uno de los periodistas le preguntó cómo se sentía al haber hecho la mayor donación de la historia, y él respondió: “Me siento exactamente igual que me sentía ayer. Para mí, dicha donación no supone renunciar a nada pues sigo haciendo exactamente las mismas cosas que hacía antes.” Además, también hay que destacar el hecho de que donase el dinero a la fundación de otra persona, porque reconoció que prefería entregar esos millones a gente que, según él mismo dijo, "les dé el mejor uso posible y mucho mejor que el que yo les daría". Probablemente, a parte de tener unas aptitudes fuera de lo normal, el mantener esa actitud humilde le ha servido de gran ayuda para conseguir que su sociedad de inversión crezca por encima del 20% anual durante más de 40 años.

Hablemos ahora de honestidad. Una persona honesta no busca aprovecharse de los demás, sino ofrecer un trato justo en el que todos salgan beneficiados. Esto, cuando hablamos de relaciones comerciales, adquiere una importancia supina. El ejemplo más flagrante de falta de honestidad en el trato con sus clientes lo representa el sector bancario, que te intenta vender el fondo de inversión de turno o el depósito bancario más rentable del momento, como si fuese la inversión ideal para uno. En algunos casos, puede que lo sea, pero la mayoría de las veces no hacen más que aprovecharse de la incultura financiera de la gente para obtener sus beneficios. Y lo peor de todo es que la gente sigue yendo a las sucursales pensando que allí se preocupan de hacer crecer su dinero. Nada que ver, ya que estamos, con el propósito de un Family Office independiente creado para velar por los intereses y el bienestar de sus clientes.

Cuando, en una relación comercial, las partes se esfuerzan en satisfacer no sólo sus necesidades sino también las de la otra parte, es casi seguro que en el futuro volverán a colaborar. Además, ambas partes hablarán de la otra muy positivamente, favoreciendo que más gente se acerque a ellos para realizar transacciones sabedores de que van a ser tratados justamente y de que se van a preocupar porque acaben satisfechos. Se trata simplemente de crear un efecto cluster positivo. Evidentemente, todo lo contrario repercutirá en pérdida de clientes, deterioro de la imagen de la empresa, en definitiva, un efecto cluster negativo.

Por último, quería destacar que en un mundo en el que casi toda la gente, por desgracia, es tentada de alguna manera para beneficiarse económicamente en perjuicio de otros (desde chanchullos políticos para conseguir recalificaciones hasta pequeños sobornos para conseguir algún contrato comercial), aquellos que siguen siendo rectos y probos, pese a no beneficiarse en ese momento puntual con su actitud (¡puede que incluso hasta les perjudique oponerse!), a largo plazo siempre serán más respetados y admirados que las personas codiciosas que vendieron su alma al diablo por dinero. La libertad financiera es difícil de conseguir, es un camino largo y sufrido pero con una gran recompensa esperando al final, por lo que tomar este tipo de atajos, aunque nos acerquen rápido a la meta, suponen un riesgo que es totalmente innecesario correr.

Solamente con mucho esfuerzo, siendo conscientes de dónde venimos y hacia dónde queremos llegar, teniendo en cuenta que casi todo está inventado, cuidando las relaciones con el resto del mundo, desechando la avaricia, la prepotencia y la codicia, podremos ir avanzando paso a paso, quizá lento, pero sin duda firmemente hacia nuestra independencia económica.

"Se tarda 20 años en construir una reputación y cinco minutos en arruinarla. Si piensas sobre ello, harás las cosas de un modo diferente."