miércoles, 23 de abril de 2008

Como poner fin a la crisis de crédito sub-prime

Durante el pasado mes de marzo, Paul Craig Roberts, prestigioso economista norteamericano quien, entre otros cargos, fue asistente del ministro de finanzas durante el primer mandato de Ronald Reagan, realizó unas declaraciones sobre como acabar con la crisis de crédito.

Las reformas, decía, a menudo causan mas perjuicios que beneficios. Es el caso actualmente con la norma de valoración a precio de mercado, que está haciendo implosionar el sistema financiero Norte Americano obligando a las instituciones financieras a valorar los prestamos hipotecarios de alto riesgo a su valor de mercado corriente.

Esto causa grandes problemas a los balances. Estos títulos financieros se han convertido en problemáticos antes que se haya creado un mercado para ellos ya que son comercializados directamente del emisor al inversor. Ahora que están en dificultades y que su verdadero valor es desconocido, nadie los quiere. La dificultad de convertirlos en líquido les atribuye poco valor.

Esto provoca una gran presión en los balances. La fuerte depreciación del valor de los productos derivados del subprime empuja a las instituciones financieras que los poseen a la insolvencia, destruye sus stocks de valores y les obliga a vender sus capitales líquidos no perturbados, provocando así el declive global del mercado bursátil.

La solución consiste en suspender la norma de valoración a precio de mercado, así las instituciones estarían autorizadas a guardar sus títulos en dificultad a un valor contable razonable, es decir 85 a 90% de su valor contable hasta que la creación de un mercado organizado de estos activos pueda poner orden y permita a las instituciones financieras valorar los prestamos hipotecarios subprime y los otros títulos problemáticos a un valor de mercado real, no de pánico.

Suspender la norma de valoración a precio mercado debería acabar con la presión de los mercados bursátiles, hacer inútil la bajada de tipos de interés, de la FED, con el objetivo de forzar liquidez en la economía a través de un sistema bancario cojo. El problema real de fondo no es una falta de liquidez, sino el valor de liquidación de unos nuevos títulos financieros mal concebidos. Los bajos tipos de interés pueden agravar la crisis acelerando la caída del dólar. Ahora que empieza a repuntar la inflación, mas liquidez por parte de la FED agrava la situación económica.

Es del todo insensato permitir que una reforma genere una crisis financiera, pero es lo que está pasando. Desgraciadamente hay quien sostiene que haría falta una Armageddon financiero para crear un “peligro moral”.

​​ ​​Es evidentemente cierto que la titulización de prestamos hipotecarios de alto riesgo fue una mala idea, que mucha gente, que debería haber tenido mas conocimiento, abrió las válvulas a la codicia y al fraude, y que “alguien debe pagar”. Pero no debería ser ni el público en general ni la economía quien pague.

​​​Es igualmente cierto que, sin los irresponsablemente bajos tipos de interés de la política monetaria de la reserva Federal, que gestaron el boom inmobiliario, los títulos de la deuda de alto riesgo, nunca hubieran sido creados, o al menos no en tales cantidades. El rápido movimiento alcista de los precios inmobiliarios debía, en teoría, dar vialidad a los prestamos de alto riesgo. ¿En que pensaban los emisores de deuda y la Reserva Federal?

​​​No hay ninguna duda en que la codicia, el fraude y la medidas erróneas han tenido su parte de culpa. Pero el epicentro del problema es la “reforma” de 1.999 que derogaba una reforma precedente conocida como la Glass-Stegall Act.

​​​​En 1933 la Glass-Steagall Act separaba el negocio de los valores mobiliarios de las operaciones de bancos comerciales. Impedía que la especulación sobre los títulos pudiera destruir el capital bancario, disminuía los depósitos bancarios de los bancos en quiebra y los bancos estaban ligados a los depositantes. En 1.999 El Congreso y el Presidente Bill Clinton derogaban estúpidamente la Glass-Steagall Act.

La derogación de la ley de 1933 fue motivada por la sed de beneficios en el sector bancario y por la ideología del “mercado libre”, que pretende que el mercado libre es siempre superior al mercado regulado. Forzando la derogación, El Congreso y Clinton no tuvieron en cuenta los advertencias del General Accounting Office (GAO, Oficina general de contabilidad) quienes avisaron que los bancos debían constituir sus fondos propios antes de ser autorizados a iniciarse en el amplio espectro de los títulos de empresas. El GAO advirtió también que no existían en ese momento estructuras de regulación para supervisar la nueva red financiera que resultaría de la supresión del muro entre los bancos comerciales y bancos de inversión.

​El resultado es que la codicia y la ideología salieron vencedores frente a los sabios consejos. El resultado, una crisis que, si es mal gestionada, será desastrosa.

Paul Craig Roberts fue Asistente del Ministro de Finanzas durante el primer mandato del Presidente Reagan. Fue redactor adjunto en el Wall Street Journal What-Murdoch-Must-Do-With-Dow-Jones . Ha desem- peñado varios puestos universitarios, entre ellos una cátedra de profesor en la Fundación William E. Simon, en el Centre for Strategic International Studies en la Universidad de GeorgeTown, estuvo a cargo de la unidad de investigación superior en la Hoover Institution y en la Universidad de Stanford. Autor de Supply-Side Revolution : An insider account of policymaking in Washington, de Alienation and the Soviet economy y de Meltdown : Inside the Soviet Economy y es co-autor junto con Lawrence M. Stratton de The Tyranny of good intentions : How Prosecutors and Bureaucrats are trampling the constitution in the name of justice. Fue condecorado con la Legion d’Honneur por el presidente francés François Mitterrand.