domingo, 1 de marzo de 2009

The Answer is Blowing in the Wind.

Leí hace poco un discurso de Paul Volcker, presidente del Consejo Asesor para la Recuperación Económica, que es todo un manual de sentido común y de experiencia. A sus 81 años encabeza el equipo de 15 sabios elegido por Obama para pilotar el mundo económico a través del peor escenario jamás conocido en la historia de la Economía moderna. Entre sus palabras encontré algunos conceptos que espero que este veterano experto sepa transmitir al Gobierno, que sean atendidos y a la vez que nos deben hacer reflexionar a todos, ya que son respuestas que en realidad están flotando en el Viento.

Cuando muchos se entestan en buscar soluciones al drama financiero actual, quizá pensar en un futuro aún lejano nos ayude a encontrar el camino a iniciar hoy. Para saber el camino a elegir hay que tener claro el destino final. Y sé que eso se contradice con alguna reflexion anterior en que anteponíamos el evitar graves daños inmediatos, a la solución de la raíz del problema. Pero el rigor y la realidad me están convenciendo de lo contrario. Los daños son ya palpables y muy graves. Un camino sin retorno en el que, como si de un avión se tratara, hemos superado V1 y ya no podemos pretender que todo vuelva a ser como antes. Los daños son ya muy graves en entidades financieras, empresas, economías familiares e incluso Estados. Las inyecciones de ingentes cantidades de dinero sólo amortiguan relativamente los golpes, y se están demostrando ineficaces para invertir el proceso depresivo y de colapso financiero. En este escenario de irreversibilidad, quizá debamos mirar más hacia nuestro objetivo vital colectivo y global. Quizá debamos abandonar nuestra lucha desesperada por encontrar la inyección milagrosa que vuelva a expandir un modelo de sistema económico cuya muerte es ya inevitable.

Cuando nos dimos cuenta de que algo grave le sucedía a nuestro sistema financiero, en verano del 2007, era ya demasiado tarde para salvarlo. Y hoy es, lógicamente, aún más tarde y la reversión más imposible. Por lo tanto, ¿debemos seguir intentando inyectar liquidez a un sistema en proceso de extinción? Mi respuesta es sí, pero no desesperadamente. Lo debemos hacer con moderación, aceptando que el colapso es y será, y con nuestra mirada en el horizonte. Buscando el futuro podemos seguir paliando en la medida de lo prudente el dolor del enfermo terminal. Sin que estas curas paliativas, que sabemos que no revertirán el colapso financiero, desvíen nuestra principal atención de la refundación del Sistema y la creación de unas bases financieras y empresariales sólidas.

La gran banca debe buscar su futuro lejos de las prácticas de la banca de inversión de la que hemos disfrutado todos en las últimas 2 o 3 décadas, y con la que se había confundido letalmente. Debe volver a su negocio tradicional, y en ese proceso, en ese flight to quality esencial y vital, sí debe ser intervenida, reflotada y lo que haga falta. Pero sólo con el compromiso y la certeza de ser en un futuro próximo el garante de la estabilidad del Sistema. El "too big to fail" debe redefinirse y añadirle conceptos vitales como la solidez, la transparencia y la Ética. Y en esos parámetros debe encontrar en el dinero público su mejor aliado hoy, en los tiempos más difíciles.

El sistema financiero que necesitamos en el futuro, no debe tambalearse por una crisis, como ha ocurrido, porque las crisis deben volver a ser como las conocidas en el pasado. Crisis cíclicas que supongan resets sectoriales de mayor o menor calado, pero que jamás se vuelvan a llevar por delante el sistema financiero global. Por tanto, es evidente que el Sistema financiero que debemos crear tiene que ser invulnerable, ergo distinto. Y no debemos inyectar liquidez para volver a reflotar el mismo sistema bancario conocido (aunque resulte un intento inútil, como ya hemos dicho). Necesitamos un nuevo tablero de juego y nuevas reglas basadas en la solidez del negocio tradicional de la banca y en la solidez de la financiación tradicional de las empresas. Quizá basado conceptualmente en el modelo financiero canadiense, que se ha demostrado menos abusivo, aunque también excesivo.

La banca, y con ella todos nosotros, cometió errores, torpezas, temeridades y delitos que nos han llevado al colapso irremediable. A la refundación del sistema financiero. Pero no estamos diciendo que la banca de inversión deba prohibirse, en absoluto. Lo que pretendemos decir es que ese tipo de banca no debe formar parte de los fundamentos del sistema bancario y financiero. La gran banca que sustenta la credibilidad y el sistema en sí, debe quedar al margen de los jugueteos con fuego de los financos y de los inversópatas, que seguirán existiendo, a pesar de que el escarmiento inmediato los aparte de la circulación visible temporalmente. Uno de los gravísimos errores cometidos por la banca en general fue, por ejemplo, que en los últimos 20 años prescindió de los departamentos de valoración de riesgo de activos por confiar en las calificadoras de riesgo. Ni siquiera la banca de inversión mantuvo su propio equipo de valoración de riesgo. Se consideraron unos costes prescindibles si otros con la mejor reputacion hacían el trabajo y además eran públicamanete venerados. Para qué domonios preocuparse y emplear recursos en ello si las calificadoras de riesgo eran La Biblia... El desenlace lo conocemos y sufrimos todos.

Para finalizar os dejo con una anécdota explicada por el propio Paul Volcker: Uno se sus nietos eligió como profesión ser Ingeniero Financiero (financial engineer), o sea Financo. Volcker no podía creer que sangre de su sangre fuera a caer en manos de departamentos financieros que se estrujan el cerebro para inventar nuevas formas innombrables, vendibles y contaminantes para el Sistema. Creo que le dolió tanto como si le hubiera dicho que se iba a hacer de una secta. El pasado año, Volcker escribió un artículo en el que responsabilizaba relativamente a los financos de haberse cargado el Sistema. Su hija (la madre del angelito), en cuanto lo leyó se lo hizo llegar al nieto en cuestión, quien llamó a su abuelo para decirle: "Abuelo, no nos eches la culpa! Sólo cumplíamos las órdenes que nos daban nuestros directores." Paul Volcker no entró al trapo, y esa misma tarde le escribió un correo con una sola frase: "No aceptaré las excusas de Nuremberg".

"How many times can a man turn his head,
and pretend that he just doesn't see?
The answer my friend is blowing in the wind,
the answer is blowing in the wind."

Bob Dylan. 1963.