viernes, 20 de marzo de 2009

Asumamos el Cambio.

Os propongo esta vez otro artículo de mi Amigo Jorge. Aquel argentino de ascendencia libanesa del que os hablé y que ya nos regaló su clarividente reflexión desde la Experiencia. Una persona a la que conocí, como ya os comenté, por puro azar y que tiene la amabilidad de escribir periódicamente reflexiones profundas y sentidas para todos nosotros. Que lo disfrutéis:

La situación actual, requiere de muchas explicaciones. Más porque ya se han encargado todos los analistas y pseudo-analistas, no sólo de decirnos lo que nos pasa o nos pasará, sino que cada uno de ellos agrega los clásicos pronósticos pesimistas. Y señalando permanentemente a los culpables, sean del bando que sean, de aquí o de allá.

Desde luego casi nadie asume, en mínima parte, la responsabilidad que a todos nos cabe. Será por la soberbia de ellos, que en época de bonanza y despilfarro se montaron en la euforia como autores y artífices de los periodos exitosos o ficticiamente prósperos. Dando recetas en ese momento acertadas que hoy olvidan desinflando el pastel y ahora ignorando por completo el fracaso que imputan a otros.

Esta situación límite que estamos viviendo exige reflexiones personales mucho mas profundas y diagnósticos que pueden pareces dolorosos. Ésta será la única forma de encontrar entre todos el compromiso y renunciamiento colectivo. El que realmente la situación reclama. El camino de la normalidad que debemos transitar. No pretendo ser tremendista ni utilizar un vocabulario apocalíptico. Pero debemos reconocer que la forma de vida que llevábamos adelante ha quebrado, y las instituciones están agotadas, exhaustas y cansadas. Seguir aferrados a las recetas antiguas es irremediablemente poner parche o salvavidas. Es prolongar la agonía y correr el riesgo de un trágico final.

Esto nos llevará a la traumática y costosa ruptura de la endeble armonía social, indispensable para este mundo.


Todas las reformas que deban realizarse, tanto en lo personal como en lo institucional, deben ser reflexionadas al máximo para producir el menor impacto posible a nuestra cansada sociedad.

A partir de todas estas reformas, podremos recuperar la confianza perdida hace tiempo. Y todos activamente debemos y tenemos la obligación de refundar el sistema, un sistema mas social y justo. Para eso tendremos que convocar a todas las corrientes de opinión, que formulen y aporten pensamientos serios y profundos, para poner en funcionamiento nuevamente la maquinaria.


Ahora nos preguntaremos: Todo esto es muy lindo pero ¿que hacer hasta que esta reforma pueda empezar a funcionar?

Pues bien, llegaremos entre todos con toda claridad a la conclusión de que esta crisis no sólo es económica sino de perdida total de confianza entre nosotros y con las instituciones. Nadie esta confiando en que cada decisión se sostenga y que cada programa tenga permanencia hasta su cumplimiento. En este clima es imposible dar fe a ningún plan, por mas sustentable e hipermillonario que sea. Solamente cuando todos nosotros seamos partícipes de un nuevo sistema y se aprecie el renunciamiento sincero y el MEACULPA, se recuperara la confianza. Pero esto no llegará hasta que no nos hayamos sacrificado lo suficiente.


Comprendo que lo antes dicho no es de fácil implementación. Seguramente tendremos la resistencia de quienes propondrán cambiar para no cambiar. Y de quienes padecen desde siempre la fácil postura crítica sin aportar absolutamente nada al problema. De nada sirve criticar sin propuestas, y aquel que critica así no cree en nada ni en nadie y por supuesto termina no creyendo ni en sí mismo.

Los grandes retos no nacieron de la tibieza ni de las medias tintas, sino de la inteligencia, voluntad y decisión de quienes soñaron con ellos, y los lograron.

La propia evolución nos coloca en la dolorosa disyuntiva de seguir como estamos hasta llegar a la agonía sin final, o nos animamos a enfrentar y a asumir el cambio para salvarnos de ésta.

Jorge.


"Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van."

José Ingenieros (Palermo 1877 - Buenos Aires 1925)