viernes, 19 de septiembre de 2008

¿La unión hace la Fuerza o la Presión?

Lo que vamos a comentar a continuación es aplicable, de momento, sólo al mercado norteamericano y a sus organismos oficiales como la FED. No obstante, en el futuro podríamos ver acontecimientos similares en Europa y BCE.

El escenario está desbordado con la esperanza, la necesidad, de buenas noticias que tranquilicen los ánimos. Bear Stearns, Mac & Mae y AIG, son hasta hoy los elegidos para la gloria o rising stars. Por el contrario de momento sólo Lehman Brothers conforma la lista negra de ángeles caídos. Bancos de inversión, animales hipotecarios contra natura de difícil clasificación, aseguradoras... diversas tipologías de modelos empresariales financieros pero con el mismo final: El rescate público o semi-público.

En cuanto a los rescates o fusiones y adquisiciones privadas, sus criterios han sido lógicamente comerciales, es decir de mercado. Quizás con alguna influencia política en forma de compromisos personales y/o favores extramercantiles, pero básicamente se han basado, y así lo seguirán haciendo, en criterios comerciales. Sin embargo ¿en función de qué criterios se han tomado las decisiones de rescate e intervenciones públicas? Esa es la pregunta del millón y es probable que los responsables se lleven a la mismísima tumba algunos de esos criterios utilizados. No obstante nos atrevemos a intuir algunos directamente ligados a la dimensión y gravedad de las repercusiones de dejar caer a los ángeles en cuestión. O sea que según el daño que pueda hacer al Sistema el default o la bancarrota de dichas empresas, la FED o quien quiera que sea el que esté en disposición de evitarlo, tomará la decisión correspondiente (conjuntamente con la FED). No obstante debo decir que tal y como está el panorama económico, me niego a pensar que en esas decisiones puedan haber influido intereses personales, políticos propiamente dichos o cualquier otro factor que no sea la pura búsqueda de la mejor solución al problema financiero actual. Sinceramente creo que los mandatarios en cuestión son conscientes de la extrema gravedad del momento y se emplean a fondo y sin interferencias en el bien global. Dicho esto, si éste alcance de los daños es el principal criterio para decidir el rescate, podemos malpensar de aquellas entidades que se encuentran en una situación extrema, como por ejemplo los bancos de inversión, aseguradoras, entidades hipotecarias privadas o los mismísimos bancos comerciales. Me explico. Quizás los movimientos, aproximaciones, flirteos y rumores de acuerdos y acercamientos entre entidades financieras privadas norteamericanas no estén motivados estrictamente por razones comerciales. Es posible que Wachovia no esté en disposición real de adquirir Morgan Stanley y de hecho nadie sabe si se trata de una adquisición o una fusión. ¿Quién compra a quién? ¿Quién está peor? Lo mismo podríamos sospechar del acuerdo entre Bank of America y Merrill Lynch. Volvemos al maldito ¿dónde c... está Wally?, y dudo que la FED lo sepa con certeza.

Quizás no todos los acuerdos de fusión o compra que estamos viendo y veremos en el futuro, tengan un plan de viabilidad real en su base. Ni se fundamenten en una reestructuración empresarial para optimizar unos recursos ya muy perjudicados. Quizás algunos de estos enamoramientos repentinos obedezcan sólo al criterio de que la unión hace la presión y no la fuerza. Una presión para ser rescatados por un vigilante de la playa desnutrido y desbordado.

Ante los perjuicios amplificados de la quiebra de una macro-entidad formada por dos o más entidades (banco comercial y de inversión en los casos mencionados), quizás sea más probable que se atiendan las llamadas de auxilio que, por sí solas, quedarían perdidas en un mar de tempestades como sucedió con los gritos de auxilio desgarradores de Lehman Brothers. ¿Maquiavélico? Sí, pero también probable. Y me atrevería decir que, en cierto modo, comprensible desde la situación de extrema desesperación del accionista-directivo-propietario, que ve una extinción inminente de su entidad financiera con el consiguiente descalabro para los acreedores, accionistas y bonistas.

Con estos flirteos y "UTEEs" (unión temporal estratégica de empresas) esperemos que estos falsos carroñeros no entorpezcan la labor de los auténticos, que no causen seísmos amplificados que superen la capacidad estructural y de confianza del Sistema, ni la capacidad de rescate pública. No me cansaré de repetirlo, sólo los carroñeros públicos y privados pueden salvar el Sistema.


Dólares: Son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño.

Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.