jueves, 31 de mayo de 2007

Diferencias psicológicas entre el pequeño, medio y gran inversor.

Vaya por delante que vamos a analizar algunos comportamientos y opiniones que hemos contrastado desde nuestras propias experiencias con clientes y conocidos. El lector no tiene porqué sentirse identificado con ninguno de estos perfiles ni maneras de pensar. Simplemente hacemos unas reflexiones que, desde nuestra perspectiva, nos resultan muy reveladoras.
Como ya sabrán nuestros seguidores asiduos, desde hace unos pocos meses estamos dedicando una área de nuestro multi family office a aplicar nuestros protocolos de actuación a capitales también medios e incluso bajos. Pues bien, en este sector absolutamente mayoritario de la población nos hemos encontrado con diversas sorpresas en cuanto a su concepto del riesgo e inversión para sus patrimonios respecto a los propietarios de las grandes fortunas. Durante años nos hemos acostumbrado a los feedbacks que los clientes de alto nivel patrimonial nos proporcionan respecto a su visión de la economía, inversiones y el dinero en general, y las comparaciones con los pequeños y medios inversores nos han evidenciado algunas diferencias de criterios muy significativas. Ahí van algunas de ellas:
Los grandes inversores mayoritariamente son receptivos a contrastar opciones innovadoras y a la creatividad financiera. Quizás su interés por seguir las últimas tendencias en inversión les hace tener esa predisposición a analizar cualquier nueva propuesta de aplicación para sus activos. Eso sí, lo harán escrupulosamente, contrastarán, se asesorarán y escanearán exhaustivamente dichas opciones como es lógico, hasta que al fin decidirán. Los de perfil más atrevido se aventurarán más y los de perfil ultra-conservador casi siempre declinarán la propuesta; pero en general jamás descartarán una opción de inversión antes de analizarla.
Pero analicemos nuestra experiencia reciente con los perfiles de menor patrimonio: En primer lugar podemos destacar que tanto el pequeño como el inversor medio tienden a un mayor conformismo con las bajas rentabilidades y las altas fiscalidades. Es decir, en general renuncian a propuestas que podrían optimizar estas dos variables básicamente por dos razones: Los pequeños inversores porque nadie jamás les ha tenido en cuenta para que puedan utilizar las herramientas que normalmente sólo están al alcance de capitales mayores. Por eso dichas propuestas adaptadas a su perfil les sorprenden, confunden y no se ven capaces de realizar los trámites necesarios para beneficiarse de ellas. Suelen conformarse con la sencillez de invertir en bolsa como alternativa única al ostracismo financiero de sus modestos activos. Estas inversiones las pueden realizar a través de cualquier gestor de su propio banco o broker de entidad financiera, incluso a través de internet, como quien hace un depósito a plazo fijo en la oficina bancaria del barrio o una apuesta en bwin.com, sin ir más lejos. En cambio, el motivo por el que los inversores medios tienden a dicho conformismo, quizás se fundamenta más en el hábito a tributar de manera ascendente durante los años de crecimiento y madurez de su economía. Por supuesto, otro factor determinante es el desconocimiento generalizado y la falta de interés por las posibilidades financieras diseñadas para clientes de mayor nivel, pero que son aplicables en su mayoría al resto de perfiles menores.
A menudo a mayor cantidad de activos, menos riesgos debería estar dispuesto a correr su propietario. Y aquí chocamos siempre con el mismo planteamiento equivocado: "Los rendimientos de renta fija después de impuestos apenas superan el IPC". Esta visión distorsionada de la renta fija les lleva a asumir riesgos de forma generalizada.
Los capitales mayores ya conocen las maneras de invertir en renta fija en niveles de rendimiento y crecimiento muy interesantes, a la vez que desfiscalizan eficientemente sus patrimonios de muy diversas maneras. Por lo tanto distinguen muy bien la diferencia entre riesgo y seguridad en sus activos. Pero los medios y pequeños siguen resignándose a la que creen única alternativa rentable a la inversión inmobiliaria, aunque sea peligrosamente variable, es decir las bolsas puras y duras o en algún caso productos derivados de ésta.
Como ya hemos explicado en otras ocasiones existen alternativas seguras para todo tipo de cliente. Por este motivo es muy importante que sobre todo los inversores medios (y por supuesto los grandes) comprendan que no deben arriesgar en renta variable la mayor parte de su patrimonio para crecer. El Riesgo no se debe asumir como implícito en cualquier inversión. Obviamente siempre existe un mínimo riesgo de que todo nuestro sistema económico se vaya al garete si sobreviene una guerra o una crisis fulminante a nivel global, y en ese escenario probablemente no resistiría ni siquiera la renta fija, y por supuesto tampoco nadie pagaría por nuestros inmuebles. Pero exceptuando una situación así, nuestras inversiones se deben blindar y distinguir muy bien los activos que se pueden poner en riesgo de los que no.
Como decíamos esta confusión provoca que muchos inversores nos hayan sorprendido con reflexiones como: "La renta fija me la dan los alquileres de los inmuebles y su constante apreciación inmobiliaria. Por lo tanto el efectivo lo debo invertir en bolsa para obtener un buen rendimiento". ¡Por favor! Ni los alquileres son fijos ni los inmuebles se aprecian in eternum, se lo aseguro. Lógicamente, a medida que estos inversores medios empiezan a saborear la renta fija de alta seguridad y rentabilidad, sus reflexiones se van iluminando y empiezan a dejar de arriesgar tanto. Pero confieso que nos cuesta mucho más trabajo convencerles de que se descarguen de inmuebles en favor del efectivo, porque siguen confiando ciegamente en que sus propiedades cada día valdrán más y más y más y más... Qué poca memoria. Y no me cansaré de repetirlo: Son tiempos de efectivo.
Debo decir también que para patrimonios realmente pequeños y sobre todo cuando sus propietarios son jóvenes, las inversiones en renta variable, no sólo son recomendables sino que incluso diría obligatorias. Crecer al 8% en renta fija con unos pocos miles de euros y teniendo toda la vida por delante, es poco menos que una condena. Mientras que para alguien de mediana edad y con centenares de miles de euros, crecer a dicho ritmo se convierte en casi una necesidad. Y en todos los casos mencionados hay que contemplar otra variable: La capacidad de generar ahorros procedentes de nuestra actividad laboral, pero de eso hablaremos en otra entrada.
Resumiendo, lo que me parece significativo es el menosprecio al riesgo de los mercados de renta variable que abunda entre los inversores de nivel medio, y la equiparación de la inversión inmobiliaria a la renta fija. No vamos bien.

3 comentarios:

Echevarri dijo...

"Crecer al 8% en renta fija con unos pocos miles de euros y teniendo toda la vida por delante, es poco menos que una condena. Mientras que para alguien de mediana edad y con centenares de miles de euros, crecer a dicho ritmo se convierte en casi una necesidad. Y en todos los casos mencionados hay que contemplar otra variable: La capacidad de generar ahorros procedentes de nuestra actividad laboral, pero de eso hablaremos en otra entrada."

Creo que todo el post se podría resumir en esas lineas. Hay que saber leer el momento de partido en el que estamos. Nunca se me olvidara aquel señor de 70 años que, vivia en una residencia y tenia una cartera de más de 50 mms de pelas en telefónicas justo antes de la ultima crisis...

Gurús Mundi dijo...

Has dado en el clavo. Para mi también es la esencia de la entrada. Por eso me cabrean los asesores que aconsejan inversiones sólo en función del mercado sin tener en cuenta el escenario personal de su cliente. Claro que todavía los hay peores, los que asesoran en función de la empresa para la que trabajan...quizás eran los gestores del señor de la residencia.
Y la confusión de la renta fija con la inversión inmobiliaria también me parece de juzgado de guardia.

Joaquim dijo...

Gurús, es que en lo que comentas reside la diferencia tantas veces comentada y criticada entre el asesor y el comercial/vendedor (con tarjetas donde se le titula asesor, eso sí).

Salu2