martes, 14 de abril de 2009

Siempre nos quedará Dubai.

Curiosa ciudad, sin duda. Un oasis entre desierto y mar, entre tradición y vicio, entre negocio y ocio. Un lugar donde casi todo está por hacer, pero donde hay dinero para hacerlo.

El batacazo en la burbuja inmobiliaria está siendo de órdago, y las oficinas y las viviendas a 20.000 $/m2 son ya cada día más unas raras avis. No son ajenos a la crisis, en absoluto, pero existe un hecho que les distingue: Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) son un Estado rico en medio de una cascada incipiente de bancarrotas estatales. Y ese hecho diferenciador puede ser vital si esta crisis global se alarga en el tiempo, como es previsible.

De hecho, Dubai no tiene petróleo (o tiene muy poco) y su riqueza proviene de la capital Abu Dhabi, otro de los siete emiratos que conforman el país. La pregunta es ¿por qué no se ha diseñado el crecimiento y el boom de Dubai en la propia capital Abu Dhabi, si es este emirato el que corre con todos los gastos? La respuesta es religiosa. Tanto la capital como el resto del país quieren mantenerse al margen de la lujuria y desmelene de Dubai. Se pretende limitar el consumo generalizado de alcohol y la relajación casi absoluta de las costumbres y prohibiciones religiosas a esa ciudad sin ley (islámica): Dubai. Sólo falta el juego para superar cada día más a Las Vegas.

Pero volviendo a la afectación por la crisis de la ciudad con más desarrollo reciente del planeta, diremos que tener un Estado rico tras de sí, es una gran diferencia cualitativa para afrontar los próximos años. Es cierto que han quedado muchos proyectos congelados indefinidamente, que los próximos 5 años el crecimiento de Dubai tendrá muy poco que ver con el crecimiento del último lustro. Pero la construcción de las infraestructuras previstas gozarán de la mejor salud en estos años de crisis, y eso ayudará y mucho a Dubai a superar la presente depresión global. El Estado no quebrará, incluso en el caso de que tuviera que rescatar a los bancos de su país. Su déficit público no ha lugar porque jamás estuvo equilibrado a base de impuestos a la sociedad, sino que su riqueza proviene de los ingentes recursos naturales en forma de crudo y gas natural. Por lo tanto, la Sociedad sufrirá pero no arrastrará consigo al Estado, sino más bien al contrario.

No estamos diciendo que la inversión inmobiliaria en Dubai sea una buena manera de blindar nuestro patrimonio, en absoluto. Pero quizá, como inversión especulativa, Dubai tenga un valor añadido en el futuro, cuando los precios hayan caído hasta niveles más razonables. Porque mientras estemos en el tunel de esta crisis, en Dubai se seguirán construyendo todas las estructuras necesarias para que, cuando salgamos de dicho tunel, la ciudad esté en una situación aún más privilegiada respecto al resto.

Y es que esta crisis está arruinando a muchos Estados que se verán más y más incapaces de, ni tan siquiera, mantener las infraestructuras de sus respectivos países en la medida en que la depresión se prolongue en el tiempo. Es impensable diseñar un plan de crecimiento significativo en tiempos en que las arcas de los Estados están como un colador. Impensable para todos salvo alguna excepción como Dubai, con un Estado a sus espaldas como los EAU, con una decisión política firme y clara, a pesar de una crisis que afecta sólo a los Estados que viven de los impuestos, o sea la inmensa mayoría.

Si el futuro va a ser de oriente, un paraíso a medio camino entre oriente y occidente tiene muchos números de convertirse en un centro vacacional, de ocio y de negocio de referencia mundial. Justo en el corazón de un oriente próximo opulente y extremadamente rico mientras el mundo se mueva con combustibles fósiles.

Cuando despertemos de la pesadilla de la depresión, el escenario global será dantesco excepto en algunos puntos del planeta donde el milagro del crecimiento económico habrá seguido su curso contra natura, a base de petrodólares. De ellos será el futuro especulativo.