lunes, 18 de junio de 2007

Venturas y desventuras de un inversor mortal.

Las reflexiones que a continuación voy escribir quizás no sean compartidas por los lectores más jóvenes, o incluso es posible que no las comparta casi nadie de vosotros. Pero he llegado a ellas después de 20 años de ver mercados de casi todos los colores y de conocer perfiles de inversores bastante grises. Vaya por delante que no pretendo enseñar nada a nadie ni estar por encima del bien y del mal, entre otras razones porque llegar a estas reflexiones me ha costado esfuerzo para aprender de los errores, cicatrices y dinero. Además, firmaría ahora mismo estar tan sólo a medio camino de una cierta experiencia. Dicho esto os recomiendo que leáis (los que todavía no lo hayan hecho) este artículo de The Rebuzner donde hace una radiografía muy interesante y divertida de los inversores y nuestro ego. Una vez metidos en el contexto aquí tenéis unas reflexiones adicionales que no tenemos presentes la mayoría de nosotros aunque sean obvias:

En un mercado de RV alcista casi todos los inversores ganamos, y en uno bajista viceversa. La clave del éxito la solemos buscar en maximizar el beneficio en la bonanza y minimizar las magulladuras en las caídas. Pocos nos plantemos dejar de invertir en bolsa antes de pillarnos los dedos, muñecas y antebrazos. ¿Quién nos obliga a nadar a contracorriente pudiendo estar en la orilla contemplando otras formas de inversión? Es cierto que a largo plazo las estadísticas afirman que los rendimientos superan en su conjunto a los ciclos bajistas. Pero nadie nos garantiza que vivamos lo suficiente para aprovecharnos de dicho promedio. Muchos inversores perdieron todo su dinero y/o la vida antes de que la estadística les diera su merecida bendición. No obstante si se mantiene una cierta capacidad de inversión y salud como para ver salir de nuevo el sol, se vivirán unos años de abundancia en que lo mejor será dejarse llevar por manos expertas y aprender, a la vez que disfrutar, del camino.

Pero la mayoría de inversores confunde la complejidad con la rentabilidad. Muchos creen que hacer algo distinto a los demás les llevará al éxito. Esto puede ser cierto por ejemplo en el mundo empresarial, ya que distinguirnos de la competencia suele dar buenos resultados. Pero en los mercados la cosa cambia, la competencia pasa a ser nuestro aliado y la opinión mayoritaria triunfará de la manera más eficiente. Es bien cierto lo que dice nuestro admirado Rebuzner de que a menudo muchos se creen más listos que el mercado entero. Confunden la palabra "inversión" y creen que define lo que le ocurrirá a la tendencia del mercado donde colocan su dinero. ¿Por qué la tendencia de un valor, sector, etc. debe invertirse en el momento justo en que decidimos poner nuestro dinero en la dirección opuesta?, ¿Por qué la mayoría debe darnos la razón justo a partir de que nosotros empecemos a llevarle la contraria? ¿No es más fácil dejarse llevar por el mercado de forma prudente con valores sólidos e infravalorados que apostar por jóvenes promesas o a contracorriente? Ojo, no estoy diciendo que sea más rentable, sino más fácil y ajustado a la capacidad de la mayoría de inversores.

Por supuesto, comprar una empresa con fundamentales ejemplares en plena caída, es una estrategia muy válida y rentable, pero no apta para la mayoría de los mortales. El ejemplo de los cuchillos de oro de Rebuzner es muy gráfico. Pero ni a nivel económico ni a nivel cardíaco están todos preparados para inversiones que, aunque muy rentables a medio, nos dan un malvivir a corto. En Técnicos y Fundamentales se comentan las cuatro técnicas de gestión de riesgos para inversiones value, a saber:

a) Invertir sólo en empresas cuyos negocios comprendemos.
b) Con bajo riesgo financiero y operativo.
c) Comprar por debajo del valor intrínseco.
d) Hacerlo siempre a largo plazo.

Lamentablemente ninguna de ellas está al alcance de la mayoría de los inversores mortales: La comprensión de los negocios es muy limitada por falta de información, tiempo y/o capacidad; el riesgo financiero y operativo de estas empresas difícilmente será correctamente calibrado si no se cumple la primera; la compra por debajo del valor intrínseco en un escenario bajista exigirá una condición cardíaca y de clarividencia no habitual entre la mayoría, y en un escenario alcista pocos reconocerán esa aguja entre el pajar de la falta de información; por último la cultura del pelotazo y la inexperiencia mantendrán a muy poquitos en la estrategia del largo plazo.

No estoy diciendo que el inversor value esté equivocado ni mucho menos, ya que personalmente me siento más próximo a él que al fundamentalista o al analista técnico puro y duro. Pero para la mayoría de inversores mortales estos métodos no están a su alcance. El inversor de a pie debe simplificar sus estrategias hasta adaptarlas a sus circunstancias. Por eso cuando leo o veo en canales de tv económicos consejos y consignas para invertir en los mercados, me da qué pensar. ¿Cómo veríamos que médicos (cuando no medicuchos) recetaran fármacos para mejorar la salud sin adaptarlos a cada uno de sus pacientes? Cuando veo en los medios de comunicación, Comprar, vender, mantener, sobreponderar esto o aquello se me ponen los pelos de punta. Es como si viera una receta genérica para toda la audiencia del estilo: Tómense dos píldoras de esto o aquello cada 8 horas para vivir más y mejor.

Repito que no estoy poniendo en duda la rentabilidad de todas estas estrategias de inversión, sino su accesibilidad y adaptabilidad por parte de la mayoría de los mortales. Lamentablemente he encontrado a lo largo de los años infinidad de inversores de a pie que creen poder aprender a ser inmortales. Piensan que existen en el mundo dos tipos de inversores: Los que les queda mucho que aprender y pierden dinero; y los que han aprendido mucho y que se forran hasta el infinito y más allá. Están convencidos de que formándose lo suficiente y acumulando experiencia alcanzarán el rango de inversores inmortales, capaces de ganar en bolsa constante e infinitamente. En su mente tienen ejemplos como Buffet, Soros, etc. Craso error. Parcialmente conscientes de sus limitaciones, se conformarían con una pequeña parte de las fortunas citadas (sic). Pero los espejos donde se miran son perfiles excepcionales que confirman la norma. Por desgracia las reglas del juego son otras para el inversor mortal.

Pragmatismo, consciencia de los condicionamientos personales, tener presente que no siempre los ciclos bursátiles son compatibles con nuestra idiosincrasia, situación patrimonial, situación familiar, timing y objetivos vitales para la determinación de riesgos asumibles, y humildad, mucha humildad, entre otras muchas cosas que no acierto a enumerar.

A los menos capaces, simplicidad y aprovechamiento exclusivo de los ciclos alcistas de la mano de buenos gestores con históricos indiscutibles.

A los más capacitados, que Dios reparta suerte...

Hola, me llamo Gurús Mundi, soy un inversor mortal.

2 comentarios:

The Rebuzner dijo...

Felicidades por el artículo.

Creo que los inversores mortales podemos beneficiarnos de algunas técnicas del value investing y obtener retornos anuales satisfactorios (mi objetivo es un 8%-9% anual) con un riesgo relativamente bajo. Estoy convencido de que un value investing "light" puede ser utlizado por cualquier inversor y con ello ahorrarse muchos disguntos ya que, al final, los pilares sobre los que se basa en value investing no son más que la prudencia y la humildad.

Esos pequeños matices a parte, estoy totalmente de acuerdo con tu artículo.

Por otro lado, muchas gracias por citarme. Eso siempre gusta. Pero si te cita un bloger que desde el principio te ha enganchado, que me citen gusta más. :)

Un placer leeros.

Gurús Mundi dijo...

Qué rapidez, aunque tu versión dedicada está en nuestro blog de Rankia.
Saludos y gracias.