sábado, 14 de julio de 2007

La Economía mundial y la teoría del Caos. Filosofía aburrida para los que esperan fórmulas rentables.

Es inherente a la raza humana el intento constante de prever y dominar el futuro, y aún más cuando se trata de anticipar movimientos económicos que puedan beneficiar nuestros bolsillos de homo erectus.

En un sistema financiero mundialmente interrelacionado como el actual donde la eficiencia es una constante garantizada por la propia globalización, han surgido infinidad de estudios, teorías, métodos y fórmulas matemáticas complejas para sistematizar protocolos de inversión que nos hagan ricos. Este fenómeno además va in crescendo, así como su popularización. Hoy en día cualquier inversor de a pie mínimamente avanzado se interesa por aprender algunas técnicas que le permitan superar los conocimientos medios del resto de inversores con la creencia de que sus ingresos crecerán proporcionalmente. Además los profesionales que les venden el acceso a dichas inversiones se han adaptado didácticamente a esta demanda por parte de sus clientes. Está de moda el "inviértaselo Ud. mismo" o el "manual para ganar dinero en las finanzas" y parece aceptado por todo el mundo que un inversor mejor preparado obtendrá mejores rendimientos que uno que no lo esté. Aparentemente aprender la técnica de inversión necesaria es el camino hacia la riqueza. Pero exceptuando honrosísimos casos de grandes gurús de las finanzas, no es así. Y en dichas venerables excepciones la técnica de inversión no es todo, yo añadiría que ni siquiera forma una parte importante de las armas que utilizan dichos exitosos gurús.

No basta con tener un buen conocimiento del análisis técnico ni ser un fundamentalista experto. Tampoco la aplicación de los modelos matemáticos son capaces de adelantar los movimientos de los mercados con la suficiente garantía de éxito, ni siquiera Fibonacci o los fractales. Sería demasiado fácil. Las crisis geopolíticas, las relaciones internacionales, los fundamentalismos religiosos, los avances técnicos energéticos, la ingeniería genética, las estrategias nacionalistas, la infinita especulación de todo tipo y en definitiva un sinfín de variables afectan a la evolución del sistema económico- financiero mundial. Algunos dirán que el secreto está en la combinación de todas estas herramientas para ponderar todas las variables posibles. Sin duda que utilizadas en la exacta medida y con el timing correcto pueden formar un equipo relativamente ganador pero sin olvidar que estamos hablando de un sistema con variables infinitas donde además el análisis inicial ya no puede ser más que aproximado. Además las variables van en constante aumento, por ejemplo la especulación de los mercados de hoy supera abrumadoramente la existente en los años de crecimiento dorado, en los que muchos de los considerados hoy como gurús sentaron sus bases de crecimiento financiero personal. Por lo tanto sus métodos ya no son tan útiles como lo fueron para sus creadores puesto que el escenario actual maneja variables muy distintas. Cambio de escenario constante, una variable imponderable más.

Es mucho más fácil predecir la meteorología en las próximas 48 o 72 horas. Aunque quizás el sistema económico-financiero global sí sea un sistema comparable al de la previsión meteorológica si tratamos de predecir el tiempo que hará más allá de los 10 días. En definitiva podríamos hablar de un sistema de Caos, es decir ni estable ni inestable.

Si concluimos que nuestro sistema financiero global se ve afectado por el famoso efecto mariposa inherente a la propia actividad humana, precisamente por tratarse de un sistema caótico ¿podemos deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios? En teoría sí. Las leyes del comportamiento humano hacen que dicho sistema sea determinista, sensible a las condiciones iniciales y con atractores (leyes de mercado). Ignoro si jamás alguien ha aplicado con rigor las fórmulas matemáticas precisas que permiten estudiar el Caos a la predicción de los mercados del sistema económico mundial. Obviamente se ha intentado, pero me temo que no son más que palos de ciego. Quizás el exponente de Hurst, el mayor de Lyapunov o la complejidad relativa de Lempel-Ziv y la entropía informática para conocer el grado de desorden de los datos podrían arrojar algo de luz a la previsión de la economía mundial. O no. Pero si fuera así quizás esta luz para ordenar nuestro caos financiero tampoco nos sirviera para hacernos ricos, puesto que nuestra riqueza no tiene sentido lamentablemente en un entorno de opulencia global generalizada, al menos yo no lo concibo. Estoy convencido de que si algún día se consiguiera un método de análisis lo suficientemente potente como para prever los movimientos económicos, la eficiencia de los mercados seguiría luchando contra el caos previsible.
Me sonrío cuando veo inversores que tienen fe ciega hacia sus "especialistas" de confianza con quienes establecen lazos de veneración que alcanzan hasta sus más intimos activos y que no dudan en recomendar a sus amigos como la piedra filosofal de sus economías. Es cierto que durante los periodos en que los mercados se comportan de acuerdo a las escasas variables contemplables por estos expertos, consiguen beneficios que superan los benchmarks, pero tan sólo hay que esperar a que el caos estornude para que la neumonía se apodere de los activos de los clientes de dichos gestores. Es cuestión de tiempo que el perjuicio de las variables no ponderadas por el inversor se produzcan, ya que nuestros activos a invertir son más que finitos. Para que os hagáis una idea, algo parecido a lo que hace fracasar la popular martingala de la ruleta solo que con muchísimas más variables.

Aún así podemos aspirar a progresar financieramente en nuestras inversiones a lo largo de nuestras vidas, aunque sin garantías de éxito, por supuesto: Estrategia adaptada a nuestras necesidades personales, toda la técnica a nuestro alcance, asunción de todas las variables que nos sea posible, gestión ejemplar del riesgo (os recomiendo leer a Rebuzner), prudencia y mucha humildad. Si además somos ágiles en la adaptación en cada momento de todo lo anterior al escenario global del presente, tan sólo quedaremos a merced de los imponderables, Caos o también llamado azar. ¿O quizás llamamos azar a aquello que todavía no somos capaces de prever pero que es intrínsecamente previsible?

Lamentablemente el inversor de a pie seguirá confiando en gestores encorbatados que manejan indescifrables herramientas que les van a hacer ricos (sic), pero que siguen en sus puestos de trabajo intentando fracasar lo menos posible incluso con sus propios activos personales. A veces incluso lo consiguen y tan sólo se arruinan cíclicamente a la par que sus clientes. El éxito lo alcanzarán aquellos cuyo ciclo vital no se prolongue lo suficiente como para que una crisis, crack o imponderable afecte fatalmente a su estrategia ganadora dentro del Sistema. A pesar de todo ¿quién dijo miedo? Dólar-Euro a 1,65, ciclos bajistas bursátiles en cuanto se alcancen estos niveles, rallies de tipos de interés generalizados, yuan por las nubes.... rien ne va plus. Siempre nos quedará el Caos al que aferrarnos.