Ayer leí las declaraciones de un directivo de una entidad financiera en las que presumía de ofrecer hipotecas para su clientes de tan sólo (sic) un Euribor +0,33. Las hay más baratas y más caras, pero me sublevan las reflexiones que suelen perpetrar al respecto los vendedores de dinero o Bancos; y los top manta de la usura o reunificadores de deudas y credifáciles en general. Éste en concreto venía a decir que estas condiciones favorecían el acceso a los jóvenes con menos ingresos a un piso de propiedad. No aclaró propiedad de quién. Diariamente nos bombardean con slogans como: "Tu casa antes de lo que pensabas", "Bajamos el precio del m2" o "100% de financiación", en cambio pocas referencias al hecho de que necesitas una vida y media para pagar tu apartamento. Incluso te prestan el importe de la entrada durante 3 años para que puedas comprar sobre plano. Todo este amasijo de anzuelos y trampas infernales se presentan bajo la corrección política de la intención de "hacer accesible la vivienda a nuestros jóvenes". De juzgado de guardia.
Pero hoy quiero hablaros de las hipotecas con interés variable: ¿Es que nadie se da cuenta de que el problema no está en el diferencial del +0,33? El problema está en el Euribor en sí y en la mayor precariedad laboral que se avecina. Hace tan sólo 15 años el tipo de interés lo teníamos al 10,40%. Hipotecofílicos del mundo, recalculad aunque sea mentalmente lo que eso supondría en vuestra "estrategia financiera" actual... Bien, ahora el que siga consciente que le añada el diferencial del 0,33 o el que haya sido capaz de negociar hábilmente.
Quizás no alcancemos los niveles de tipos de Barcelona '92 o la Expo de Sevilla, pero ¿quién nos garantiza que el Euribor no se aproximará o incluso superará ese nivel durante la próxima vida y media?
Por lo tanto, exigir que el diferencial del Euribor sea unas centésimas menor, me resulta absurdo cuando el auténtico riesgo se está obviando.
Siempre me sonrío cuando recuerdo una escena de la saga de Torrente en la que Gabino Diego, con la jeringuilla todavía colgando de su vena, pide al camarero que le sirva un zumo de naranja. Y a continuación le exige que sea natural, por aquello de cuidar la salud.
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