No sirve de nada que un empresario vallisoletano con brillo (que no brillante) se vincule a movimientos universitarios culturales y deportivos durante sus años mozos de juventud. No sirve de nada que a los 30 años lidere la secretaría general de la UCD local, ni que éste paso por la política le perfeccione su capacidad de diálogo futuro en el mundo de la gran empresa. No sirve de nada que se traslade a vivir a la capital de España y que progrese en apenas 5 años hasta Consejero Delegado de una empresa inmobliaria llamada Prehogar. Ni tampoco que después fundara con otros socios sus primeras compañías propias: Inomar y Contrucciones Pórtico, cuyo Director General fue desde 1992 y hasta 1996 Francisco Javier Cerceda Colado, ex-General de División y sub-director de la Guardia Civil, donde éste fue nombrado presidente del Patronato de Viviendas, y de cuya experiencia se benefició, obviamente, su socio y vice-presidente Fernando Martín... No sirve de nada.
Personalmente acumuló sólo hasta hace un par de años, más de 550 millones de euros en activos bursátiles, consiguiendo plusvalías de hasta 120 millones de euros sólo en Sacyr Vallehermoso. Pero no sirve de nada que a principios del s. XXI su despegue empresarial fuera meteórico, ni que en el 2006 comprara Fadesa y creara Martinsa-Fadesa con presencia en 14 países. Los pies de este gigante eran de barro. De un barro asentado sobre una burbuja inmobiliaria y una lujuria crediticia bancaria, que explotó hace meses.
No le critico por haber diversificado su patrimonio en absoluto. No haberlo hecho habría sido temerario e ingenuo por su parte (incluso Bañuelos lo hizo). Pero no es creíble que no viera el peligro de no diversificar la propia Martinsa-Fadesa en plena burbuja. Lo siento Fernando Martín, ni los pelotazos recalificatorios se repetían por azar, ni su previsión del estallido de la burbuja fue tan miope. Simplemente utilizó una de sus herramientas, uno de sus juguetes hasta que dejó de funcionar. El panorama actual inmobiliario y sobre todo creditor ya no le compensa su esfuerzo, y no sólo no hizo nada para evitar la situación concursal, sino que me temo que es un final diseñado y adaptado a los planes futuros que tiene para su patrimonio. Y lo peor de todo es que el volumen de Martinsa-Fadesa hace que al Gobierno le tiemble la voz y se vea obligado a comprarle suelo para pagar sus deudas, extendiendo así los daños colaterales causados por Ud. hasta extremos inmorales.
La riqueza sin Ética es despreciable. Se lo dice un Family Office donde vemos muchos estilos de amasar fortunas, Sr. Fernando Martín.
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