El queso se lo llevaron hace tiempo. El convulso mundo actual mueve constantemente nuestro queso y nos hemos acostumbrado a la proactividad, a la creación de nuestra buena suerte, en definitiva a mejorar nuestra manera de luchar por una vida que nadie nos suele regalar más allá de nuestra concepción, gestación e infancia. La preparación que para algunos todavía sería un upgrade inalcanzable o el listón anhelado, se ha convertido en nuestros tiempos en un mínimo vital para defendernos en esta selva de consumismo, impuestos, competitividad e infinidad de estímulos peligrosísimos para la integridad y progresión de nuestro patrimonio. Ya nadie goza permanentemente de su queso inamovible y de fácil acceso. Para la mayoría el queso es escurridizo y volátil como nunca. Y todos, al menos los que deseen superar la mediocridad, deben competir en un mundo donde encontramos mileuristas con una formación que envidiaría cualquier acomodado de hace unas décadas. Ésta es una realidad que sólo los aletargados bajo un manto de riqueza heredada y/o menguante o los incompetentes pueden obviar.
Antes de lanzarnos en busca del queso nuevo, debemos hoy en día, lanzarnos en busca de nuevas brújulas. Y cuando las alcancemos nos llevarán, no sin esfuerzo, hasta nuevos desconocidos y suculentos quesos perdidos en un apasionante nuevo laberinto. En esencia, este cambio de escenario no es más que un nuevo cambio de ubicación del queso tradicional. Es decir, cuando nos habíamos acostumbrado a encontrar nuevos quesos con esfuerzo y adaptación al cambio, llega otro cambio. Pero esta vez no de la ubicación del queso sino del
A través del Counselling filantrópico observamos cómo entre los inversores menores, la búsqueda de la brújula y del queso se hacen especialmente arduas en nuestros días. Los patrimonios menores, los simples ahorradores, no tienen a su alcance inversiones estructuradas y diseñadas para pequeños volumenes. Desde nuestra posición intentamos adecuar estas inversiones a este perfil de Cliente, pero no siempre lo conseguimos. Algunas inversiones interesantes se escapan al pequeño inversor que dispone tan sólo de 25 o 50 mil euros. Por otro lado nadie tiene una bola de cristal para asegurar la ausencia de errores en un escenario de crisis del sistema económico, ni siquiera el tándem Family Office/gran Cliente. Pero no cabe duda de que un buen asesoramiento ayuda a minimizar peligros y a encontrar el camino hacia la brújula que nos permita no sólo volver a encontrar el laberinto del queso, sino también planificar nuestro patrimonio a largo plazo de la mejor manera: Sin descuidar el disfrute del camino, a la vez que lo hacemos crecer.
¿Quién se ha llevado mi brújula? Seguramente será más fácil encontrarla si alguien nos orienta, y una vez lo hayamos hecho, la búsqueda de nuevo queso parecerá un viejo camino conocido.
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